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Hace menos de dos décadas se desveló que el gobierno de Eisenhower se planteó esta idea para demostrar su poder y terminar drásticamente con...

viernes, 28 de julio de 2017

Nuevas secuencias del genoma del tardígrado arrojan luz sobre su capacidad de vivir sin agua durante décadas y soportar la radiación.

Los secretos del increíble animal que resucita
Resultado de imagen para Los tardígrados serán las únicas criaturas que resistirán en la Tierra hasta que el Sol muera

Los tardígrados serán las únicas criaturas que resistirán en la Tierra hasta que el Sol muera para convertirse en una gigante roja y hiervan las aguas de los océanos, decían hace tan solo unos días investigadores de las universidades de Harvard y Oxford. Estas criaturas de menos de un milímetro de longitud son prácticamente indestructibles. Llamados también osos de agua o cochinillos de musgo por su peculiar aspecto, son capaces de sobrevivir hasta 30 años sin agua, en un estado de deshidratación completa del que se recuperan con las primeras gotas, y soportar temperaturas extremas de hasta 150ºC, el mar profundo e incluso la radiación del espacio. La cuestión es, ¿cómo lo hacen? Un grupo de investigadores de las universidades de Edimburgo (Escocia) y Keio (Japón) ha obtenido nuevas secuencias del genoma del tardígrado que arrojan luz sobre su parentesco y sus extraordinarias capacidades.

Algunos científicos propusieron que el ADN de los tardígrados era en realidad una mezcla de segmentos animales y bacterianos, convirtiéndolos en una especie de Frankenstein. La nueva investigación, publicada en PLOS Biology, pone en duda esta idea, ya que el material genético de estos animales parece «normal», es decir, sin evidencias de que utilicen genes extraños de las bacterias para sobrevivir. Su presencia parece deberse a una simple contaminación.

Pero lo que es «normal» en un tardígrado todavía resulta enigmático y emocionante. Por su tamaño microscópico, los osos de agua son demasiado pequeños para dejar fósiles, pero utilizando los nuevos genomas, los científicos fueron capaces de explorar cuál es la rama del árbol de la vida en el que se sientan estas criaturas. Resulta que, según las evidencias del ADN, sus parientes más cercanos son los nematodos (gusanos redondos), aunque hasta ahora se les relacionaba más con los artrópodos (insectos, arañas), por sus cuatro pares de patas regordetas.

Los investigadores examinaron entonces un conjunto de genes -los llamados genes HOX- que tienen la capacidad de organizar el plan de construcción del cuerpo de la cabeza a la cola. Generalmente, los animales cuentan con diez diferentes, cada uno implicado con una parte del modelo corporal. Pero a los tardígrados les faltan cinco y la mayoría de los nematodos también los están perdiendo. Esto es una coincidencia o una evidencia adicional de que los tardígrados y nematodos están estrechamente relacionados.

Protegidos del daño

También fue posible identificar los genes que los tardígrados utilizan para resistir los efectos adversos de la deshidratación. De esta forma, los científicos podrían identificar conjuntos de proteínas que parecen reemplazar el agua que pierden sus células, ayudando a preservar la estructura microscópica hasta que el agua está disponible de nuevo. Otras proteínas parecen proteger el ADN de los tardígrados del daño, y pueden explicar por qué pueden sobrevivir a la radiación.

«He estado fascinado por estos diminutos y entrañables animales durante dos décadas. Es maravilloso tener finalmente sus verdaderos genomas y empezar a entenderlos», afirma Mark Blaxter, coautor del estudio y profesor en la Universidad de Edimburgo. «Esto es solo el comienzo: con el plan de ADN podemos ahora averiguar cómo los tardígrados resisten los ambientes más extremos y tal vez utilizar sus proteínas especiales en biotecnología y aplicaciones médicas».

Corea del Norte lanzó hoy un nuevo misil hacia el Mar de Japón

Se trataría de un misil balístico que ha caído en aguas de la Zona Económica Exclusiva (ZEE) de Japón.
El líder norcoreano, Kin Jong Un, durante un desfile militar - REUTERSEFE 28/07/2017 17:45h -

Corea del Norte lanzó hoy un nuevo misil hacia el Mar de Japón, según informó el Gobierno nipón, que señaló que se trató aparentemente de un proyectil balístico.

El proyectil, cuyo tipo aún no ha sido identificado, es el primero lanzado por el régimen norcoreano desde éste que probó un misil intercontinental (ICBM) el pasado 4 de julio, y cayó en aguas de la zona económica exclusiva (ZEE), según anunció el Ministerio de Defensa nipón.

El nuevo ensayo armamentístico norcoreano también fue detectado por el Pentágono y por Seúl, lo que ha llevado al Gobierno que lidera Moon Jae-in a convocar una reunión de emergencia, según informó la agencia local Yonhap.

El proyectil fue lanzado sobre las 23.42 hora nipona (13.42 GMT) y voló durante unos 45 minutos antes de caer en aguas de la ZEE de Japón al oeste de la isla septentrional de Hokkaido sin que se hayan detectado daños relacionados con su impacto, según dijo el ministro portavoz del Ejecutivo, Yoshihide Suga, en rueda de prensa.

El Gobierno «continúa recogiendo y analizando los datos disponibles», y considera que el test supone «una clara e inaceptable violación de las resoluciones de Naciones Unidas», afirmó Suga.

Tokio, al igual que Seúl, ha convocado una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad Nacional para evaluar la situación.

El test ha tenido lugar después de que en la víspera Pyongyang celebrara el fin de la Guerra de Corea (1950-1953), una efeméride conocida como el «Día de la victoria» en el país y ante la cual se especuló con la posibilidad de que el régimen de Kim Jong-un ejecutara una nueva prueba armamentística.

En la semana anterior se informó del despliegue de una lanzadera cerca de la localidad de Kusong (noroeste), desde donde el ejército norcoreano realizó sus lanzamientos más importantes este año, incluido el del Hwasong-14, su primer misil balístico intercontinental (ICBM) con aparente capacidad para alcanzar puntos de Estados Unidos, el pasado 4 de julio.

La teoría en la que se basa la película «La llegada»

La relatividad lingüística o hipótesis Sapir-Whorf, la base del argumento de la película de Denis Villeneuve

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Aunque «La llegada» parece una película de ciencia ficción pura, tiene más de verdad de que lo que a priori podemos pensar. Con este filme protagonizado por Amy Adams descubrimos el trabajo de los lingüistas, una profesión que no suele recibir el reconocimiento que debería.

La hipótesis filológica de la que parte el argumento de esta película es una de las ideas más potentes de este campo de estudio. Doce naves intergalácticas han tomado tierra en distintos puntos del globo, sembrando el pánico entre la población. Mientras, científicos de distintos puntos de la tierra trabajan para descubrir cuáles son sus intenciones. Pero es Louise Banks (Amy Adams), doctora en filología, quien irá descifrando su idioma. Tras varios meses en contacto con ellos, ve cómo evoluciona su forma de pensar.

La hipótesis de Sapir-Whorf

La teoría de comunicación que tratan en la película se conoce como relatividad lingüística o hipótesis Sapir-Whorf. Estos dos estudiosos, Edward Sapir y Benjamin Whorf, crearon una corriente que contradecía a la gramática universal de Noam Chomsky. Según su teoría, existe una relación entre las categorías gramaticales del lenguaje que una persona habla y la forma en que la persona que la recibe la entiende. Pensamos con palabras y tenemos un contexto histórico y cultural que nos rodea. Esto hace que no piense igual un chino que un español o un alemán.
Aunque los estudios comenzaron en la década de los 40, aún no se ha podido probar pese a que, durante los años posteriores, se descubrió que muchos de los ejemplos que habían utilizado para basar su teoría se apoyan en análisis equivocados sobre el uso de la lengua de diferentes pueblos. Sin embargo, la teoría sigue en pie porque tampoco se han conseguido desmontar sus argumentos más fuertes.

Un ejemplo de esto lo vemos en el libro «Does Your Language Shape How You Think? (¿Afecta su lenguaje a su forma de pensar?)». Este texto analiza cómo los rusos, que distinguen siempre entre azul claro y azul oscuro con dos palabras distintas, podían reconocer estas dos tonalidades con mayor rapidez que los ingleses, que tienen solo la palabra «blue (azul)». Dentro del espectro relativista, hay lingüistas que creen que los beneficios cognitivos del aprendizaje de los diferentes idiomas podrían estar directamente relacionados con la evolución humana, y esta es la idea que Villeneuve quiere mostrar en «La llegada».

El relativismo ligüístico en otras obras

Esta teoría siempre ha estado presente en diferentes trabajos, especialmente en novelas de ciencia ficción. Un ejemplo de ello se muestra en la realidad distópica imaginada por Ayn Rand en «Himno», donde una sociedad elimina el concepto de individualidad para convertir a la población en una masa colmena.

Para conocer el poder de la palabra, debemos leer a Geoge Orwell, quien creó el concepto de «neolengua» en su novela «1984». En un apéndice titulado «Los principios de la neolengua» explica los pilares básicos de la misma, que se basan en dos principalmente: lo que no forma parte de la lengua no puede ser pensado; y que los buenos libros de ciencia ficción deben adelantarse a los acontecimientos reales.

En caso de que un artefacto alienígena llegara a la Tierra, cada país decidiría su propia respuesta y actuaría por su cuenta.

¿Está lista la humanidad para la llegada de extraterrestres?

Existen protocolos de actuación en caso de contacto a través de mensajes de radio, pero se desconoce qué pasaría entre la población y si se sabría cómo actuar conjuntamente

Un fotograma de «La llegada», una película de ciencia ficción en la que se aborda el problema de la comunicación con alienígenas - PARAMOUNT PICTURES

Al comienzo de la película «La llegada (Arrival)», dirigida por Denis Villeneuve y estrenada en cines recientemente, 12 naves espaciales llegan a la Tierra y se colocan en localizaciones aparentemente aleatorias. Esta situación lleva inevitablemente a preguntarse qué pasaría si eso ocurriera en realidad: ¿Está la humanidad lista para un contacto así? ¿Hay protocolos ya preparados para evitar el caos y una posible guerra?

«Hasta donde yo sé, no hay nada», explicó Seth Shostak, director del Instituto de Búsqueda de Vida Inteligente (SETI), en Space.com. «Me han preguntado incluso qué planes tienen los militares para afrontar el aterrizaje de alienígenas, pero yo dije que no lo sé. Al menos que yo sepa, no hay ningún plan». Después de que se hayan producido varias falsas alarmas, hasta ahora no ha habido ningún movimiento por parte de los gobiernos.

Pero el propio Shostak se preguntó: «¿Quién sabe qué habrá en los sótanos del Pentágono?». El Ejército de los Estados Unidos ya mostró en el pasado su vocación de prepararse para contingencias aparentemente improbables. Por ejemplo, entre los años 20 y 30 hizo planes para prepararse frente a una invasión británica de Canadá.

En todo caso, de acuerdo con la visión del astrónomo, en caso de que un artefacto alienígena llegara a la Tierra, cada país decidiría su propia respuesta y actuaría por su cuenta.

Pero no cree que haya que preocuparse demasiado por esta aparente falta de preparación. Según dijo en Space.com, los protocolos para extraterrestres llegados a la Tierra desde las profundidades del espacio podrían «compararse con los protocolos que harían los neandertalesen caso de que se presentaran allí las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos». El desfase tecnológico entre una civilización capaz de recorrer distancias interestelares y los humanos, que solo han logrado viajar hasta la Luna, sería abismal.

Fotograma de «Independence Day»: El desfase tecnológico entre civilizaciones interestelares y humanos podría ser una amenaza-
Si se produjera una llegada de alienígenas, los problemas no harían más que comenzar. En opinión del astrónomo del SETI, la cooperación internacional se vería muy mermada: «Habría una competición de forma inmediata: habría quien pensaría "bien, esos tipos están hablando con los extraterrestres, así que nosotros tenemos que estar ahí también. ¿Quién sabe qué cosas buenas les estarán diciendo?».

Contacto

Pero el escenario más probable de un contacto con extraterrestres no pasaría por un aterrizaje, sino por una comunicación a través de radio. Para esta situación sí que hay preparadas varias respuestas: son los llamados protocolos post-detección (PDP, en inglés). Ninguno de ellos ha sido nunca adoptado formal o abiertamente por ningún gobierno, pero varios de ellos están muy desarrollados.

Entre estos destaca la «Declaración de Principios para las Actividades Posteriores a la Detección de Inteligencia Extraterrestre», promovida desde los años noventa por Jill Tarter y apoyada por la Academia Internacional de Astronáutica (IAA).
Radiotelescopio de Arecibo, capaz de captar ondas de radio provenientes de las profundidades del espacio- WIKIPEDIA

Este protocolo recoge básicamente una serie de líneas de actuación para gobiernos y científicos, pero ni es un plan de acción global ni tiene carácter de ley. «Básicamente dice que si captas una señal, tienes que comprobarlo, decírselo a todo el mundo y no enviar una respuesta hasta que no haya habido un acuerdo internacional, signifique esto lo que signifique», ha explicado Seth Shostak en Space.com.

Según este protocolo, el primer paso tras una posible detección sería confirmar el descubrimiento pidiendo ayuda a otros observatorios y organizaciones. Después, los descubridores deberían informar a la IAA y a la Secretaría General de Naciones Unidas. En seguida, el descubrimiento debería ser difundido a través de canales científicos y medios de comunicación, y publicado en primer lugar por los descubridores. Los datos del hallazgo tendrían que estar a disposición de la comunidad científica internacional, a través de artículos y conferencias. Un acuerdo de cooperación debería garantizar la seguridad de las frecuencias de radio en que se produjo el mensaje y, por último, antes de enviar alguna respuesta, se tendría que producir un debate internacional sobre su contenido y naturaleza.

Una respuesta en miles de años

En esta situación, queda claro que la posible comunicación estaría marcada por la enorme distancia entre emisor y receptor: un espacio que podría llegar a los cientos o miles de años luz. Estos significa que podrían pasar cientos o miles de años entre la emisión de un mensaje y la llegada de la respuesta.

En medio de la incertidumbre generada en un posible contacto, los científicos han preparado hace años protocolos para medir la importancia de las señales alienígenas captadas: se trata de la escala de Río, una medida que oscila entre el 0 y el 10 y que pretende cuantificar la importancia de la señal detectada. Esta medida está inspirada en la escala Torino, que trata de categorizar el riesgo de impacto de los asteroides, y tiene en cuenta que cualquier detección alienígena, aun siendo falsa, podría tener consecuencias catastróficas para la humanidad.
Peligros potenciales

Otra escala preparada por los científicos mide el peligro de enviar señales desde la Tierra al espacio: se trata de la escala San Marino, y ya ha sido adoptada por el SETI. Algunos científicos, como Stephen Hawking o el escritor David Brin, ya han criticado varias veces los intentos del SETI de enviar mensajes y las coordenadas terrestres al espacio, inspirándose en estas ideas.

Al margen de esto, aún no está claro cómo lidiar con la respuesta que habría ante la detección de alienígenas: ¿qué ocurriría con la prensa, los líderes políticos, las religiones y el público en general? 

¿Quién tomaría las decisiones más relevantes? ¿Estallaría el pánico?

La película de «La Llegada» explora otra interesante cuestión: ¿Cómo podríamos comunicarnos con los alienígenas si estos llegaran a la Tierra? El problema es más complicado de lo que parece, puesto que humanos y extraterrestres no tendrían, en principio, nada en común. Al no tener una cultura, un entorno natural ni una historia compartidos, no habría forma de intercambiar palabras, conceptos ni probablemente pensamientos. Esta situación superaría con creces al traumático encuentro entre la civilización occidental actual y las poblaciones indígenas aisladas, o entre americanos y exploradores ultramarinos.

La comunicación se hace aún más difícil si se tiene en cuenta la hipótesis de la relatividad lingüística de Sapir-Whorf, según la cual existe una relación entre las categorías gramaticales del lenguaje que una persona habla y la forma en que la persona que la recibe la entiende. ¿Cómo hablar con alguien que piensa de una forma totalmente ajena?
Respuesta

Hasta el momento, hay mucho desacuerdo en cómo debería ser la respuesta para salvar las barreras lingüísticas. Se ha propuesto usar recursos matemáticos, algoritmos o lenguajes «naturales», pero todos ellos seguirían siendo construcciones humanas. Aun salvando este escollo, quedaría la titánica tarea de construir un mensaje colectivo en representación de la heterogénea e inestable humanidad, a salvo de la iniciativa personal de gobernantes, naciones o militares.

Tampoco se puede olvidar la posibilidad de que los extraterrestres constituyeran una amenaza militar. En caso de que los otros fueran mucho más avanzados, esto tendrá consecuencias profundas en la naturaleza de los mensajes humanos enviados. ¿Deberían ser mensajes de sumisión?

Un informe elaborado en los 60 por la Institución Brookings para la NASA dejaba espacio para el optimismo: un contacto con alienígenas «sería con seguridad la noticia de portada de todas partes», y «debería llevar a una mayor unidad de los hombres sobre la Tierra». Este informe recomendaba estudiar las consecuencias sobre la sociedad de una noticia así, las respuestas emocionales de la población y el comportamiento de líderes enfrentados a un escenario de enorme presión y una absoluta novedad. El tiempo dirá si estas reflexiones son ciencia ficción o se convierten en realidad

Ambicioso plan para saludar a extraterrestres

Un proyecto creado recientemente enviará durante meses o años un mensaje que funcione como saludo a la «Tierra» más cercana, el exoplaneta Próxima b

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Una organización creada recientemente y llamada METI (de «Messaging Extra Terrestrial Intelligence», es decir, enviar mensajes a una inteligencia extraterrestre), planea hacer el esfuerzo más ambicioso hasta el momento para enviar potentes señales a las estrellas vecinas del Sistema Solar, con la intención de contactar con posibles civilizaciones alienígenas.

A pesar de las críticas de los detractores, como el célebre astrofísico Stephen Hawking, que alertan del peligro de revelarle nuestra posición a una civilización hostil y peligrosa, este organismo se ha planteado el objetivo de saludar a los extraterrestres. Su intención es enviar señales potentes, repetidas e intencionales a una misma estrella durante meses o años.

«Si queremos comenzar una comunicación durante el transcurso de muchas generaciones, ahora debemos aprender y compartir información», ha dicho en Mercury News Douglas Vakoch, presidente de METI y antiguo director de un departamento para la comunicación interestelar del SETI (institución para la Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre).
Objetivo: Próxima b

El proyecto tiene como meta comenzar a enviar palabras para iniciar una conversación a finales de 2018. Para ello, ha elegido Próxima b, un planeta rocoso potencialmente habitable que se encuentra en la órbita de la estrella Próxima Centauri, la estrella más cercana al Sol y situada a unos 4,2 años luz de distancia.

Pasado un tiempo, METI enviaría las señales a localizaciones más lejanas, situadas a cientos o miles de años luz.

METI fue fundado en 2016, y tiene previsto organizar varias conferencias en 2017. Sus planes pasan por recoger una cifra cercana al millón de dólares para mantener al personal y construir un potente transmisor en algún lugar remoto. Antes de todo eso, METI tendrá que concluir cuál es la mejor forma para decirle «hola» a un extraterrestre.
El peligro de los alienígenas

Científicos como el famoso Stephen Hawking o el escritor de ciencia ficción David Brin han alertado en varias ocasiones del riesgo que supondría contactar con una civilización hostil. Enviar nuestras coordenadas podría ser como una invitación para una invasión o ataque.

En un artículo en defensa del METI publicado en Nature Physicis, el físico Mark Buchanan ha recordado que eso es una mera especulación: «No tenemos ni idea de si es probable que los extraterrestres fueran peligrosos».

En este mismo sentido, Seth Shostack, director del SETI, recordó que el hombre ha estado enviando señales de radio al espacio durante más de cincuenta años, y que por eso ya es demasiado tarde para tomar tales precauciones.

«Estaría contento de ver esto hecho», ha dicho Shostak refiriéndose al proyecto del METI. «Creo que hay algo que podemos aprender, nada que debamos temer y al menos una posibilidad de descubrir algo realmente revolucionario: que tenemos compañía cerca».

A comienzos de los setenta la NASA envió las sondas Pioneer 10 y 11 cargadas con un mensaje para extraterrestres: en concreto, llevaban una placa dorada con dibujos sobre el humano y la Tierra y una grabación con mensajes y pictogramas. Más recientemente, otros proyectos han lanzado aritmética al espacio o música de Vivalvi o los Beatles.

Pero el problema de saber cómo hablar con posibles inteligencias extraterrestres sigue en el tablero. Mientras se resuelve este escollo, el programa «Breakthrough Listen», del SETI y financiado por el magnate Yuri Milner, sigue rastreando las estrellas en busca de señales alienígenas.

Vela para poder viajar a otras estrellas en busca de extraterrestres

Investigadores han desarrollado una forma teórica de frenar una nave espacial capaz de recorrer años luz de distancia en décadas
Concepción del diseño, que cuenta con una gran vela para frenar naves que viajen a velocidades de hasta 4,6 veces la de la luz - Planetary Habitability Laboratory, Univesity of Puerto Rico at Arecibo

En abril del año pasado el multimillonario Yuri Milner y el científico Stephen Hawking anunciaron su apoyo a la iniciativa «Breakthrough Starshot», un proyecto que tiene como finalidad enviar naves espaciales hasta las estrellas más cercanas al Sol, el sistema Alfa Centauri. Justo el lugar donde recientemente se ha hallado la presencia de un exoplaneta de tamaño comparable al de la Tierra y que podría tener agua en superficie.

Tal como se anunció, el proyecto tratará de diseñar pequeñas sondas espaciales capaces de viajar al veinte por ciento de la velocidad de la luz, y que no necesiten cientos de miles de años para cubrir las distancias que separan a la Tierra de estrellas vecinas. Este miércoles, investigadores del Instituto Max Planck para la Investigación del Sistema Solar, en Gotinga (Alemania) han presentado en Astrophysical Journal Letters su solución para resolver un problema nada sencillo: el de frenar una nave que viaje a una velocidad tan descomunal. Su propuesta pasa por desplegar una vela que frene la nave con la radiación procedente de las estrellas.
Representación artística de Próxima b, un planeta que podría tener agua y situado en las proximidades de la estrella más cercana al Sol- ESO/M. Kornmesser

Los investigadores René Heller y Michael Hippke han ideado una forma de frenar a una nave que viaja realmente rápido. Sus cálculos, que no se han materializado de ninguna forma todavía, contemplan cómo se podría frenar una sonda espacial de menos de 100 gramos de peso que viajase al 4,6 por ciento de la velocidad de la luz.

Esta solución es probablemente el primer paso para empezar a trabajar en una teoría, porque lo cierto es que está cerca de la ciencia ficción. La nave que ellos han concebido apenas pesa 100 gramos pero despliega una vela que mide 100.000 metros cuadrados, lo que equivale al área de 14 campos de fútbol. Aunque una sonda de exploración tendría una finalidad totalmente distinta al laboratorio espacial que es la Estación Espacial Internacional, parece que la tecnología tiene que avanzar mucho para conseguir llegar a esas cifras: este monstruo de metal tiene más o menos la misma superficie que un campo de fútbol, y pesa unas 421 toneladas.
Frenazo estelar

En teoría, se puede frenar una nave de 100 gramos de peso, que viaja al 4,6 por ciento de la velocidad de la luz (pero no más, porque si no se pasaría de largo), con una vela de 100.000 metros cuadrados. Y solo valiéndose de la radiación de las estrellas de Alfa Centauri.

«En nuestro escenario óptimo, la nave podría llegar a su destino en menos de 100 años», ha explicado Michael Hippke en un comunicado. Por eso, su idea podría ser interesante para diseñar sondas autónomas y ligeras para explorar Alfa Centauri, un sistema formado por tres estrellas. Heller y Hippke consideran que la nave podría usarse para mover la sonda desde una estrella a otra, en un viaje extra que duraría unos 40 años más.

Ambos astrónomos están hablando con los miembros de la iniciativa «Breakthrough Starshot» para tratar de aprovechar sus cálculos e ideas. «Nuestra propuesta podría suponer una gran cantidad de avances científicos, pero solo lo recibirían los nietos de nuestros nietos. Starshot, por otro lado, maneja viajes de solo décadas, y que por eso podrían ser realizados en cuestión de una generación. Así que creemos haber identificado un concepto a largo plazo y duradero para Starshot», ha dicho Heller.
¿Obstáculos insuperables?

Aunque su idea se basa en cálculos matemáticos y simulaciones de ordenador, consideran que los componentes materiales ya están siendo desarrollados hoy en día: «La vela podría estar hecha de grafeno, un material extremadamente fino y ligero pero también extremadamente resistente», ha dicho Heller. Bastaría con que este material estuviera recubierto con algún material reflectante para soportar el calor y las duras condiciones del espacio.

Faltaría, claro está, usar dispositivos ópticos y electrónicos en el cuerpo de la nave. Pero según Heller, si le quietas a un smartphone actual todos los componentes innecesarios, «solo te quedan unos cuantos gramos de tecnología». Aparte de eso, proponen que esta nave tendría que ser autónoma y mandar información a la Tierra vía láser. La energía la obtendría de la radiación estelar.

Todo esto puede parecer osado y fruto de la ciencia ficción. Pero en opinión de Heller «muchas ideas geniales en la historia de la humanidad han tenido que hacer frente a obstáculos aparentemente insuperables antes».

¿Antes parecía imposible poder comunicarse a través de ondas de una punta a otra de la Tierra? ¿O quizás parecía un sueño poder volar? Quizás por eso, Heller se muestra confiado: «Podríamos entrar pronto en una era en la que los humanos dejen su propio Sistema Solar para explorar exoplanetas».

El primer viaje interestelar de Hawking


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El ambicioso plan del científico consiste en enviar, por primera vez, un ingenio humano a Alfa Centauri, el sistema estelar más cercano al Sol

Stephen Hawking llevaba tiempo diciéndolo. Si la Humanidad pretende sobrevivir como especie, tiene que mirar (y emigrar) a las estrellas. Aquí, en la Tierra, el hombre está sometido a una lista interminable de peligros, desde el impacto de asteroides al bombardeo de rayos cósmicos letales o erupciones volcánicas masivas, por no hablar del cambio climático que él mismo está provocando con el crecimiento imparable de la población y las actividades industriales. Demasiado arriesgado, pues, depositar todos los «huevos» de nuestra supervivencia en la única «cesta» que es nuestro planeta.

Por eso, y junto al multimillonario ruso Yuri Milner y al fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, y con la colaboración de un grupo de destacados científicos, Hawking presentó hace apenas unos días el proyecto Starshot (Disparo estelar), un ambicioso plan para enviar, por primera vez, un ingenio humano a Alfa Centauri, el sistema estelar más cercano al Sol.

«Hoy -dijo Hawking- nos comprometemos con el siguiente gran salto en el cosmos, porque somos humanos y nuestra naturaleza es volar». Un viaje de 4,37 años luz o, lo que es lo mismo, de más de 41 billones de km, que Hawking y sus colegas están dispuestos a abordar enviando un enjambre de naves diminutas y equipadas con velas que, impulsadas por un rayo láser desde la Tierra, podrían alcanzar una velocidad de hasta el 20% de la de la luz. De esta forma, la duración del viaje se reduciría a unos veinte años, una escala temporal aceptable y muy alejada de los miles de años que se necesitarían para que una sonda convencional cubriera la misma distancia.

Pero pensemos por un instante en lo que significan 4,37 años luz. Ese es exactamente el tiempo (4,37 años) que tarda la luz de Alfa Centauri en llegar a la Tierra, a una velocidad (la máxima posible en el Universo) de 300.000 km. por segundo. Para darnos una idea, baste con recordar que la Luna, por ejemplo, está a apenas 1,3 segundos luz de la Tierra, o que Venus se encuentra a 2,41 minutos luz de nosotros. El Sol está a «solo» ocho minutos luz de distancia, e incluso la Voyager 1, la nave terrestre que ha llegado más lejos y que acaba de abandonar el Sistema Solar tras casi cuarenta años de viaje (fue lanzada en diciembre de 1977), apenas ha recorrido 18,1 horas luz. Si la Voyager 1 tuviera que ir a Alfa Centauri, tardaría cerca de 17.000 años en llegar a su actual velocidad, que es de unos 61.200 km. por hora (17 Km. por segundo). Una mínima fracción de la velocidad de la luz.

Por supuesto, estamos hablando del sistema estelar más cercano a nuestro Sol. Si quisiéramos llegar aún más lejos, las distancias se multiplicarían de forma exponencial. Sirio, por ejemplo, otra de las estrellas de nuestro vecindario espacial, está a 8,7 años luz de distancia. Epsilon Eridani a 10,8 y Vega, a 25. Cruzar nuestra galaxia, la Vía Láctea, de punta a punta significaría tener que hacer un viaje de 50.000 años luz. Y para llegar hasta Andrómeda, la galaxia más próxima a la nuestra, deberíamos recorrer dos millones de años luz. Existen miles de millones de galaxias repartidas por todo el Universo, y las más lejanas detectadas hasta ahora están a 13.400 millones de años luz...

A pesar del problema de las enormes distancias, según Hawking, debemos comenzar cuanto antes nuestro viaje a las estrellas. Desde hace décadas, la NASA y otras agencias espaciales e instituciones científicas han propuesto diversas formas de abordar un viaje interestelar.

El proyecto Orión, por ejemplo, cuyos trabajos duraron desde 1958 hasta 1968, ya sugería una forma de enviar seres humanos a las estrellas, impulsando la nave con una serie de detonaciones nucleares detrás de la ella. Siguieron después otros proyectos, como Dédalo, (1973.1978), Longshot (1987) o los más recientes Proyecto Valkiria (2009), Proyecto Ícaro (que se desarroló entre 2009 y 2014) o el plan 100 Year Starship, desarrollado puesto en marcha en 2011 por la Agencia de Proyectos Avanzados de Defensa de los Estados Unidos, DARPA.

Sin embargo, todos ellos tienen en común el hecho de que se basan en tecnologías futuras (y aún no disponibles), como la fusión nuclear, los motores de antimateria, los agujeros de gusano o incluso, como la célebre idea propuesta por el físico mexicano Miguel Alcubierre, alterando localmente la textura misma del espacio tiempo (contrayéndolo delante de una nave y expandiéndolo de nuevo tras ella) para viajar más rápido que la luz. Tecnologías que los propios miembros de los proyectos citados afirman que podrían estar listas «en algún momento» entre los próximos cien y mil años.

La solución propuesta por Hawking y sus colegas, sin embargo, es mucho más sencilla y se basa en tecnologías que están disponibles en la actualidad. Y, si se reúnen los fondos necesarios, podría estar preparada para su lanzamiento en menos de veinte años. El proyecto Starshot estará dirigido por Peter Worden, que fue director del centro de investigación Ames, de la NASA, y cuenta con el apoyo y la colaboración de astrónomos de la talla de Martin Rees, Avi Loeb o Saul Perlmutter (Premio Nobel de Física en 2011), y de matemáticos como Freeman Dyson. Incluso la viuda de Carl Sagan, Ann Druyan, se ha comprometido con la idea.

Entre 5.000 y 10.000 millones de dólares

El coste estimado de Starshot se cifra entre 5.000 y 10.000 millones de dólares, de los que Yuri Milner ya ha aportado los primeros cien. La idea consiste en poner en órbita un cohete que transporte cerca de un millar de «mini» sondas espaciales, de apenas unos gramos de peso. Una vez liberadas al espacio todas las sondas desplegarán sus velas solares, que recibirán el impulso de un potente haz de rayos láser generado en la Tierra y se dirigirán, como un enjambre de insectos espaciales alados, hacia su lejano destino. En apenas un par de minutos todas las sondas estarán ya a cerca de un millón de km. de la Tierra y desplazándose a unos 60.000 km. por segundo, la quinta parte de la velocidad de la luz.

La razón de enviar a Alfa Centauri un número tan elevado de sondas es que muchas de ellas, sin duda, no lograrán sobrevivir al trayecto. El medio interestelar es un entorno hostil y lleno de peligros en forma de radiación (que puede dañar la electrónica de los dispositivos) y pequeñas partículas que, a esa enorme velocidad, se convertirían en proyectiles letales en caso de impacto. Pero las que sobrevivan y consigan llegar a su destino tomarán mediciones y fotografías, que serán enviadas a la Tierra (y que tardarán 4,37 años en llegar). Según explicaba Peter Worden a The New York Times, «Existen, por lo menos, veinte desafíos diferentes, para lo que estamos pidiendo la colaboración de científicos y expertos de todo el mundo».

La mayor parte de los costes del proyecto se lo llevarán las instalaciones terrestres destinadas a generar un rayo láser con la potencia necesaria.Hablamos de toda una batería de emisores laser, que deberán disparar individualmente sus rayos para que todos se combinen después en un único haz lo suficientemente poderoso. En total, se necesitará generar 100 gigavatios de potencia durante dos minutos, el tiempo necesario para acelerar las mini sondas hasta el 20% de la velocidad de la luz. Lo cual equivale, por ejemplo, a cien veces la cantidad de energía generada por una central nuclear media.

En cuanto a las sondas en sí mismas, los avances en nanotecnología y la cada vez mayor miniaturización de los componentes hacen posible ensamblar todo lo necesario (cámaras, batería, telecomunicaciones, etc) en un dispositivo de apenas un par de gramos de peso. En palabras de Avi Loeb, es como si enviáramos las tripas de un iPhone, eliminando la carcasa, la pantalla y la batería, que será sustituida por una pequeña cantidad de material radiactivo. Las velas deberán estar hechas de un material ultrafino y que sea capaz de reflejar la luz del láser sin absorber ni siquiera una pequeña parte de su energía. De hecho, bastaría con que la vela absorbiera una única parte entre 100.000 de la energía del laser para que toda la sonda quedara vaporizada.
JOSÉ MANUEL NIEVES

Enviarán naves diminutas equipadas con velas e impulsadas por un rayo láser desde la Tierra

Las naves espaciales más pequeñas de la Historia ya están en órbita.

Los Sprites, hechos de un solo circuito, forman parte de la iniciativa Breakthrough Starshot, que pretende enviar un enjambre de sondas a la estrella Alfa Centauri
El proyecto enviará naves diminutas equipadas con velas e impulsadas por un rayo láser desde la Tierra - Breakthrough Starshot

La iniciativa Breakthrough Starshot, en la que participa el astrofísico británico Stephen Hawking con el respaldo económico del multimillonario ruso Yuri Milner, pretende enviar, por primera vez, una nave espacial a Alfa Centauri, el sistema estelar más cercano al Sol. Ahora, un año después de que el plan fuera anunciado en Nueva York, el proyecto ha dado su primer gran paso. El 23 de junio lanzó al espacio unos prototipos llamados Sprites, las sondas más pequeñas de la Historia, hechas de un solo circuito. Y han conseguido entrar con éxito en la órbita baja de la Tierra.

No parece gran cosa en comparación con lo que Starshot pretende llevar a cabo, un viaje intergaláctico de 4,37 años luz, pero esta primera misión servirá para poner a prueba algunas de las tecnologías necesarias para conseguirlo. Los chips lanzados al espacio miden 3,5 x 3,5 cm y pesan sólo cuatro gramos, pero contienen paneles solares, computadoras, sensores y radios. Suponen el siguiente paso en la revolución de la miniaturización de las naves espaciales que puede contribuir al desarrollo de los diminutos «StarChips» imaginados por Hawking.

Los Sprites han sido construidos por investigadores de la Universidad de Cornell (EE.UU.) y transportados al espacio como cargas secundarias de los satélites Max Valier y Venta, diseñados por la compañía alemana OHB System. Las pequeñas sondas permanecen unidas a los satélites y las comunicaciones recibidas de la misión muestran que funcionan según lo diseñado. La nave espacial está en comunicación por radio con estaciones terrestres en California y Nueva York, así como con radioaficionados entusiastas en todo el mundo.
Un viaje de veinte años
Breakthrough Starshot, una iniciativa de 100 millones de dólares, contempla enviar a la estrella más cercana un enjambre de naves diminutas equipadas con velas que, impulsadas por un rayo láser desde la Tierra, podrían alcanzar una velocidad de hasta el 20% la de la luz. De esta forma, llegarían a su destino en solo veinte años, una escala de tiempo más que aceptable comparada con los miles de años que tardaría una nave convencional. Si la fantástica Voyager 1 tuviera que ir hasta allí invertiría 17.000 años a su velocidad actual.

Según la gente de Starshot, sus naves podrían capturar imágenes y otras mediciones del exoplaneta cercano Próxima b, uno de los más prometedores en cuestiones de habitabilidad, y de otros mundos en el sistema de Alfa Centauri. El objetivo final es buscar rastros de vida en el Universo, porque como no se cansa de decir el propio Hawking, «para sobrevivir como especie, a la larga debemos viajar hacia las estrellas».
J. DE J

Venezuela: Los ciudadanos hacen caso omiso a las prohibiciones del gobierno y se preparan para la «toma de Venezuela»

Un grupo de motoristas de la policía venezolana durante la jornada de huelga -

La ONU pidió que se respete el derecho a la libertad de expresión, asamblea y manifestación pacífica de los venezolanos. La noticia de Naciones Unidas, que ya se pronunció a favor del pueblo en vísperas de la consulta popular del pasado 16 de julio, se recibió con entusiasmo en Caracas, donde la gente se prepara para la «Toma de Venezuela» o la madre de las manifestaciones, expresión de protesta contra las elecciones de candidatos a la Asamblea Constituyente que el Gobierno tiene previsto imponer el mismo lunes.

Los ciudadanos no se amedrentan con el decreto de intimidación presidencial de Maduro que, en definitiva, prohibió marchas y concentraciones en la calle. Desde temprano los venezolanos, pegados a sus redes sociales, cadenas de mail y a ciertas emisoras de radio libres, continúan organizando su ruta para la marcha que, en sentido figurado, promete ir este mediodía a Miraflores, donde se encuentra el Palacio Presidencial

La prohibición de Nicolás Maduro, bajo amenazas de penas de entre cinco y diez años, de realizar cualquier actividad que puede «perturbar o afectar» al proceso de la Constituyente no amedrenta a los ciudadanos y menos a la oposición. Henrique Capriles invocó a la población a no dar un paso atrás y consideró que el Gobierno está cavando su propia tumba.

En este contexto, la tensión aumenta y el gentío se pertrecha para hacer frente a la intervención de las Fuerzas de Seguridad que, para dispersar a la gente usa munición de plomo además de los habituales gases lacrimógenos que lanza directamente al cuerpo o rostro de manifestantes.

«La Resistencia», grupo rebelde organizado de veinteañeros, tiene listos decenas de cócteles molotov y «Los Colectivos», grupos paramilitares que responden al Gobierno, anoche barrían los barrios y amenazan con seguir hoy. Finalmente, el balance la de la huelga general de miércoles y jueves, dejó un saldo de siete víctimas mortales, venezolanos muertos a manos de las fuerzas de seguridad del Gobierno.

Los planes secretos de EE.UU. para vencer el comunismo bombardeando la Luna

Hace menos de dos décadas se desveló que el gobierno de Eisenhower se planteó esta idea para demostrar su poder y terminar drásticamente con la Guerra Fría. Al final, sin embargo, apostó por la carrera espacial y una propaganda menos agresiva

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Unas 15.000 bombas nucleares y, aproximadamente, 9.000 misiles intercontinentales. Este fue el número de explosivos que se ensamblaron en la Guerra Fría. Y no solo con la idea de arrojarlos sobre el enemigo en cuanto este alzara la voz, sino como una forma de acongojarle militarmente. Todo era parte de un macabro juego en el que dos grandes bloques (el capitalista de EE.UU. y el comunista de la U.R.S.S.) se enseñaban los dientes sin llegar a morderse. Una forma de combatir en la que importaba más la propaganda -y presumir de armamento, tecnología y avances científicos- que destrozar al contrario en el campo de batalla. Aunque, eso sí, en esta partida se permitía ayudar a terceras naciones dispuestas a dar algún que otro bofetón al enemigo.

Partiendo de estas curiosas reglas, todo valía para destrozar a nivel propagandístico al enemigo. Desde construir un misil más efectivo que el del contrincante, hasta espiarle para averiguar sus próximos movimientos. Cualquier idea era tenida en cuenta... cualquiera. Así lo demuestra el que, allá por 1958, EE.UU. barajara la posibilidad de detonar en la Luna una bomba atómica para demostrar su superioridad armamentística sobre la U.R.S.S. Aunque el plan fue desechado por absurdo (y porque se desconocían los efectos reales que podría tener la explosión sobre la misma Tierra) las Fuerzas Aéreas del país llegaron a contratar al popular astrónomo y astrofísico Carl Sagan como colaborador. Por suerte, finalmente los capitalistas prefirieron centrarse en la carrera espacial  que en lanzar un misil atómico sobre nuestro satélite.


El plan fue, sin duda uno de los más descabellados de la Guerra Fría. Una contienda que comenzó en 1947, y cuyas normas estaban casi tan claras como las del juego de mesa «Twilight Struggle», la recomendación que «ABC Historia» os propone hoy. Y es que, este producto se ha convertido en uno de los más famosos entre los amantes de la historia por su curiosa (pero veraz) forma de acercar el conflicto hasta nuestros tiempos. El pasatiempo, editado por «Devir Iberia», recrea mediante un tablero y poco más de un centenar de cartas los momentos más llamativos de la contienda.

«Es un juego para dos jugadores. Uno dirige a los EE.UU., y otro a la U.R.S.S. La partida comienza justo después de la Segunda Guerra Mundial, y los turnos están diferenciados por cada uno de los presidentes de los bloques. Así, hasta la caída del Muro de Berlín en 1989» explica a ABC Borja de Pablo, uno de los dependientes de la popular tienda madrileña «Atlántica Juegos» (en la que se venden desde «wargames», hasta libros y revistas de historia militar).

En palabras de De Pablo, existen pocos juegos de mesa que recreen de una forma tan curiosa la Guerra Fría. Y es que, para obtener la victoria, el participante debe tener en cuenta elementos como la mítica carrera espacial, la influencia de su bloque sobre los diferentes países, la evolución armamentística, la propaganda o el nivel de alerta mundial (DEFCON). Exactamente como sucedió entre 1947 y 1989. Por si fuera poco, los turnos se arman en torno a una serie de sucesos históricos que fueron determinantes durante el período, y que se van sucediendo según avanza la partida. «Todas las cartas tienen eventos reales y que incluyen fotos reales que cualquier amante de la historia recuerda», añade. Estos incluyen desde el popular «Plan Marshall» (la ayuda económica de Estados Unidos a Europa), hasta el derribo del avión de pasajeros «Korean Air Lines 007» por un caza SU-15 de la U.R.S.S. en 1983 (un hecho que provocó todo tipo de tensiones internacionales).
Interior de Atlántica Juegos
Atlántica Juegos

-Nombre: Atlántica Juegos.

-Web: http://atlanticajuegos.com/

-Facebook: https://www.facebook.com/atlantica.juegos

-Dirección: Calle de la Luna, 6 28004 Madrid.

-Qué ofrece, según uno de sus dependientes: «Tenemos gran variedad de juegos de mesa, además de “war games” de historia militar, libros también de historia militar, juegos de mesa familiares, una sección de juegos de figuras de fantasía y de ciencia ficción, una sección de miniaturas para pintar, y muchas cosas más».
Objetivo (bombardear) la Luna

El evento que no incluye este juego es una curiosa operación secreta ideada por Estados Unidos: el bombardeo de la Luna con un misil nuclear. Aquel descabellado plan fue barruntado a partir de los años 50, cuando ambas potencias estaban obsesionadas con demostrar a su enemigo que todo lo que tuviera el sello de calidad de su patria era más grande, más avanzado tecnológicamente y mejor.

Por entonces ya había comenzado la carrera espacial (la obsesión por explorar el firmamento mediante todo tipo de cachivaches) y ya empezaba a rondar en las mentes de los diferentes mandamases la idea de que uno de sus compatriotas posase sus reales sobre el satélite de la Tierra. Y es que, según consideraban, cumplir estos objetivos les proporcionaría una ventaja determinante sobre el otro tanto militar como científica.

Con esta tensión en los despachos de EE.UU. y la U.R.S.S., habría que haber visto la cara del presidente Dwight D. Eisenhower cuando, en 1957, el enemigo rojo se adelantó a su país. «La Unión Soviética causó conmoción en todo el mundo cuando colocó en nuestra órbita los primeros dos satélites artificiales, los Sputnik 1 y 2», explica el profesor Cedar I. García Ríos en su obra «Historias de lo natural».

Misil usado durante la Guerra Fría- ABC

Aquel movimiento magistral puso por delante a los soviéticos en la carrera espacial y fue un verdadero golpe en la mesa a nivel de promoción y propaganda.

Para contrarrestarlo, el bando capitalista se propuso encandilar a la opinión pública de forma similar. Pero... ¿Cómo hacerlo? La solución fueron una serie de alocados proyectos entre los que se destacó la instalación de un puesto militar en la misma Luna. El plan fue definido de esta guisa en una serie de informes desclasificados por la Casa Blanca en el año 2000: «El establecimiento de esta base debería ser tan prioritario como el Proyecto Manhattan en la Segunda Guerra Mundial».

Por si fuera poco, los Estados Unidos también idearon un plan para bombardear la Luna con un objetivo doble. El primero era demostrar su capacidad nuclear a la U.R.S.S. y al mundo. Al menos, así lo explicó hace casi una década el Doctor Leonard Reiffel (al mando de esta operación) al diario «The Observer»: «El objetivo principal era un “ejercicio de relaciones públicas” y una demostración de fuerza. Las Fuerzas Aéreas querían crear una explosión que diera lugar a una nube [un hongo nuclear] tan grande que se pudiera ver desde la Tierra para no quedar rezagados en la carrera espacial». Sin embargo, los americanos también atribuyeron a esta misión finalidades científicas tales como estudiar los «sismos lunares» (los movimientos del satélite). Algo que, según afirmaban, podría desvelar la formación del Sistema solar.

«El objetivo principal era un “ejercicio de relaciones públicas” y una demostración de fuerza»En palabras de Reiffel, «la teoría era que, si la bomba estallaba en el borde de la Luna, el hongo nuclear sería iluminado por el Sol», algo idóneo para dejar boquiabiertos a todos los habitantes de la Tierra. Sin embargo, para lograr ese efecto necesitarían una explosión tan grande como -al menos- la de Hiroshima. «Dejé claro que tendría un enorme coste para la ciencia la destrucción del medio ambiente prístino, pero a las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos solo les preocupaba el efecto de la detonación en la Tierra», añadió entonces el experto.

Según confesaba el científico, la operación (llamada A-119) era «factible»: «La operación consistía en lanzar un misil balístico intercontinentaldesde un lugar no desvelado, que se desplazara unos 385.000 kilómetros hasta la Luna, y detonarlo cuando impactara». Por descontado, el plan era totalmente secreto y confidencial. De hecho, lo fue hasta el año 1999, cuando salió a la luz . «Si se hubiera hecho público, habría provocado un clamor», determinó el científico al diario «The Observer».
Del todo a la nada

Siempre en palabras de Reiffel, las Fuerzas Aéreas contactaron con él en 1958 para llevar a cabo el A-119, más conocido como «Estudio de los vuelos de investigación lunar». Después de aceptar, propuso al conocido Carl Sagan (el hombre que popularizó la ciencia en Estados Unidos y que fue pionero en el estudio de la vida extraterrestre) participar también en el proyecto. «Sagan había sido contratado para hacer una modelización matemática de la expansión de una nube de polvo en el espacio por una explosión nuclear en la Luna», señala Javier Sanz en su obra «Caballos de Troya de la Historia». Sus resultados eran más que determinantes para conocer el posible impacto del polvo atómico en la Tierra.

Sagan fue el eslabón débil de esta cadena. Pero no a nivel científico, sino por no saber guardar el secreto. ¿La razón? Que, según parece, desveló su existencia en 1959 cuando solicitó la prestigiosa beca de postgrado del Instituto Miller de Berkeley. Así lo dejó claro el propio Reiffel: «En mi opinión, Sagan violó la seguridad en marzo de 1959». También lo hizo casi medio siglo después cuando explicó los pormenores del A-119 a su biógrafo, Keay Davidson. El mismo que, en 1999, publicó un libro con las memorias del científico en el que se hacía referencia a este absurdo plan.

Por suerte, los Estados Unidos apostaron finalmente por dirigir sus esfuerzos hacia la carrera espacial y abandonaron el proyecto A-119 en 1959. «Afortunadamente el pensamiento cambió. Me horroriza que se haya considerado un gesto semejante para influir en la opinión pública», señaló en el año 2000 Reiffel. Para asegurar el silencio en torno a esta idea, los informes que hacían referencia a ella fueron destruidos en 1987. De hecho, a día de hoy el Pentágono no ha confirmado ni negado estos planes, a pesar de la cantidad de información que se ha hecho pública sobre él.
«Twilight Struggle»

«Twilight Struggle» es uno de los pesos pesados de los juegos de mesa históricos. Está ambientado en la Guerra Fría y usa un tablero en el que se muestran los diferentes países existentes desde 1947 hasta 1989. El objetivo de cada jugador es alcanzar 20 puntos de victoria o, en su defecto, que el marcador le sea favorable cuando hayan pasado 10 turnos.

Para ello, debe conseguir crear un bloque formado por cuantas más regiones favorables mejor; procurar que su enemigo no obtenga relevancia internacional y avanzar en la carrera espacial. Y todo, mientras hace uso -alguna vez que otra- de su poderío militar, del espionaje y de la astucia. «Es muy adictivo y de fácil comprensión. Además, contra más juegas, mejor juegas», añade De Pablo en declaraciones a ABC.

La partida se divide en turnos, y cada uno comienza de forma clásica: barajando un mazo y repartiendo entre siete y ocho cartas a los dos jugadores. Sobre las mismas se llevan a cabo todas las acciones que se desarrollan en «Twilight Struggle». De Pablo señala que, aunque es mejor probarlo en directo para entender mejor el sistema, se basa en una serie de acciones básicas.

«Hay tres tipos de cartas: cartas con eventos históricos soviéticos, con eventos históricos americanos y con eventos históricos neutrales. Cada una ofrece ventajas a un bando y otorga una serie de “puntos” a ambos jugadores mediante los que pueden interactuar con los países del tablero. Esto se puede hacer de diferentes formas: dando un golpe de estado en una región enemiga, haciendo que esta se realinee con tu bando, o simplemente ejerciendo presión sobre el contrario», desvela. Según destaca, el «Twilight Struggle» refleja a la perfección la tensión que había entre las dos grandes potencias y el potencial de ambas al inicio de la contienda. «La Unión Soviética era más poderosa en los inicios de la Guerra Fría. Pero eso es algo que cambia cuando avanza la contienda y el capitalismo se va haciendo más grande», explica.

Por si influir en los diferentes países que se extienden a lo largo y ancho del mapa no fuera suficiente, «Twilight Struggle» también permite al jugador obtener los preciados puntos de victoria dedicando una parte de sus cartas a avanzar en la carrera espacial. «Si te centras en ella, te ofrece ciertas ventajas en el desarrollo del juego, así como puntos para obtener la victoria», completa De Pablo.
Encuentro entre Mijail Sergeyevich Gorbachov y Juan Pablo II en diciembre de 1991-

Finalmente, también es posible usar el poder militar y la influencia para provocar golpes de estado en países dominados por el bloque contrario o -por ejemplo- para que estos se realineen en tu favor. Aunque estas acciones influyen directamente sobre el DEFCON. Es decir, sobre los estados progresivos de alerta que (tanto en «Twilight Struggle» como en la vida real) van desde el 5 -aplicado en tiempos de paz-, hasta el 1 -en el que se autoriza el uso de armas nucleares-. «Con el DEFCON se refleja el miedo que existía ante la posibilidad de una guerra atómica. En “Twilight Struggle” el jugador que provoque la llegada del DEFCON 1 pierde la partida», completa De Pablo a este diario.

Como curiosidad, «Twilight Struggle» se divide en tres etapas que tratan de representar -de la forma más fidedigna posible- el potencial de la U.R.S.S. y de los Estados Unidos durante la Guerra Fría.

Sin embargo, su mayor empaque histórico se encuentra en las cartas, las cuales incluyen eventos repletos de curiosidades acaecidas durante la contienda. «Están desde el “flower power” a la Crisis de los misiles de Cuba. También hay una carta de China que se va pasando de un bando a otro o algunas que hacen referencia a las guerras entre la India y Pakistán», determina De Pablo. Con todo, una de las más llamativas es la de Juan Pablo II. El Papa que colaboró de forma determinante en la caída del Muro de Berlín. «Cuando sale esta carta, el capitalista gana influencia en Polonia y se la quita al comunista», completa el dependiente de «Atlántica Juegos».
Datos e información

-Nombre: Twilight Struggle.

-Diseñadores: Ananda Gupta y Jason Matthews.

-Editorial (en España): Devir Iberia.

-Resumen (según su web): «Twilight Struggle es un juego para dos jugadores que simula los 45 años de intriga, lucha de prestigio y conflictos militares ocasionales entre la Unión Soviética y los Estados Unidos. El mundo entero es el escenario en el que los dos colosos luchan para mantener a salvo sus ideologías y sus formas de vida. El juego comienza entre las ruinas de la devastada Europa, cuando las dos «superpotencias» compiten sobre los escombros de la Segunda Guerra Mundial, y acaba en 1989, cuando solo los Estados Unidos se mantienen en pie».

-Contenido (según su web): «Un tablero de 56 cm. x 86,5 cm., dos láminas de fichas indicadoras, un libro de reglas, dos ayudas de juego para los jugadores, 110 cartas, más una carta especial, dos dados de seis caras».