Colombia: El repunte de la actividad económica en 2017 depende de manera crucial de la reactivación de la inversión en la infraestructura vial.

¿Repuntará este año la actividad económica en Colombia?


El repunte de la actividad económica en 2017 depende de manera crucial de la reactivación de la inversión en la infraestructura vial.

El año pasado la desaceleración de la economía se agravó debido a varios choques de oferta y la ausencia de fuentes de demanda. ¿Repuntará este año la actividad económica?

El PIB de Colombia se incrementó 1,6% anual en el cuarto trimestre de 2016, con lo cual repuntó de un modo leve respecto al tercero (1,2%).

En ese periodo la actividad económica fue sostenida sobre todo por el crecimiento del sector financiero (5% anual), que aportó un poco más de la mitad del valor agregado (1,1 puntos porcentuales). En menor proporción también contó con el soporte de la construcción (3,5% anual), el comercio (1,6% anual), los servicios (0,9% anual), el agropecuario (2% anual) y la industria (1% anual).

Gracias a la modesta aceleración del último trimestre y a la corrección de los resultados de los dos primeros, el crecimiento total de 2016 fue de 2%, con lo cual excedió el promedio de los pronósticos (1,8%). A esa tasa la economía agudizó la desaceleración que inició en 2014 y descendió al ritmo más lento de expansión desde 2009 (1,7%), que la mantiene lejos de su crecimiento potencial (3%), con una amplia brecha del producto.

En 2016 la desaceleración se debió principalmente a la recesión por tercer año consecutivo del sector de minas e hidrocarburos (-6,5%), que restó medio punto al crecimiento, por la menor extracción de crudo, afectada por la caída de los precios internacionales, que estrecha su rentabilidad y desestimula la inversión.

En una menor proporción, también contribuyó a la ralentización del crecimiento del año pasado el estancamiento de los sectores del transporte y las comunicaciones, de electricidad, gas y agua y del agropecuario (0,5%). La expansión de los dos últimos resulto frenada por el Fenómeno del Niño, mientras la del primero se resintió por el paro de los transportadores y por la recesión de las telecomunicaciones.

La lenta actividad del año tuvo el soporte del sector financiero (5%), que aportó la mayor parte (1 punto porcentual); de la industria (3%), gracias a la operación de Reficar; de la construcción (4,1%), por las edificaciones; de los servicios sociales (2,2%) y del comercio (1,8%).

El lento crecimiento mundial y regional, con algunos de los países vecinos en pronunciadas recesiones, no ha provisto una demanda externa suficiente para recuperar las exportaciones no tradicionales ni afirmar el repunte incipiente de algunos subsectores industriales.

En ausencia de choques de oferta, la mayoría de los analistas proyecta una pequeña aceleración de la actividad económica en 2017, a una tasa de 2,3%. Para lograrla se requiere que se dinamice la demanda.

Por tal motivo, se confía en que un entorno internacional más favorable provea una mayor demanda externa, gracias a una pequeña aceleración del crecimiento mundial y regional. Se espera también que mantenga unos precios más elevados de los productos primarios, con lo cual mejorarán los términos de intercambio y la expansión del ingreso nacional. Además, se prevé que favorezca unos flujos más dinámicos de inversión extranjera, tanto directa, por la mayor rentabilidad de la explotación de las materias primas, como de portafolio, si no se incrementan demasiado las tasas de interés en los Estados Unidos.

De manera simultánea, se espera que repunte la inversión con base, en primer lugar, en la iniciación de algunos proyectos de infraestructura vial bajo el esquema de las concesiones 4G. En segundo lugar, gracias a una mayor ejecución de las obras públicas en las regiones, de acuerdo con las prioridades definidas en sus planes de desarrollo, para lo cual tendrán unos ingresos más cuantiosos por regalías. Y, en tercer lugar, por un mayor gasto de los inversionistas en maquinaria y equipo, debido a la deducción del IVA y a una mayor confianza.

Esta debe aumentar por una mejora de las condiciones sociopolíticas, una credibilidad más alta en la estrategia de consolidación fiscal y una mayor competitividad, lograda tanto por una tasa de cambio alta y más estable, como por una menor carga impositiva. La aprobación de la reforma tributaria redujo la tasa de los impuestos para las empresas, mejoró la solvencia del Estado y contribuyó a preservar el grado de inversión. Al mismo tiempo, la puesta en marcha de la implementación del acuerdo de paz con las Farc redujo la incertidumbre política.

Una amenaza para la afirmación de la actividad económica es que las obras civiles se frenen, como consecuencia de los hallazgos de las investigaciones sobre los sobornos en la adjudicación de las concesiones a Odebrecht, que podrían minar la confianza de los inversionistas y las instituciones financieras.

Por la imposibilidad de relajar la postura fiscal, el fortalecimiento previsto del gasto doméstico requiere la adopción de una postura monetaria que no desestimule el consumo ni la inversión y que incentive la demanda por crédito, cuyo incremento es muy bajo en términos reales.

Por estas razones, los analistas esperan que la tasa de intervención del emisor termine el año en 6,25%. Sin embargo, la normalización monetaria será tal vez más lenta de lo deseable, por la demorada convergencia de la inflación y de las expectativas al rango objetivo del Emisor, que resultará obstaculizada en 2017 por el incremento del IVA y del salario mínimo.

En consecuencia, debido a la desalineación de las expectativas y la persistencia del desborde de la inflación básica, la Junta Directiva del Banco de la República solo ha recortado dos veces en 25 puntos básicos su tasa de interés de intervención desde diciembre, para dejarla en 7,25%, preocupada por la baja confianza de los consumidores –que cayó a mínimos históricos en enero– y por la eventualidad de un debilitamiento ulterior de la actividad económica. Además, ha recalcado que el ritmo del tránsito hacia la normalidad de la postura dependerá del flujo de información sobre la inflación, la actividad económica y el entorno internacional en el momento de tomar las decisiones.

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