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sábado, 15 de abril de 2017

Celebraciones del día del Sol en Corea.

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Celebraciones por el «Día Sol» en Corea del Norte

En un alarde de fuerza ante Estados Unidos, Corea del Norte ha mostrado este sábado nuevos misiles en un gran desfile por el 105 aniversario del nacimiento de Kim Il-sung, su fundador y abuelo del actual dictador. Pero, siguiendo su táctica habitual de tensar la cuerda hasta el último momento sin llegar a romperla, no ha llevado a cabo ningún ensayo nuclear o balístico, como le ha prevenido el presidente Donald Trump.

Desafiando, eso sí, sus advertencias para que frene sus provocaciones militares, el régimen del joven Kim Jong-un ha enseñado lo que parecen ser nuevos misiles intercontinentales y submarinos, así como numerosas lanzaderas de proyectiles, tanques, cañones y otros vehículos de guerra. Según muestran las imágenes tomadas por la televisión estatal, entre ellos destacan varios cohetes KN-08 y KN-14, con los que Pyongyang pretende algún día tener la capacidad para golpear a EE.UU. con una cabeza nuclear.

En su discurso de año nuevo, Kim Jong-un aseguró que dichos proyectiles habían “alcanzado su fase final”, pero los expertos dudan de su verdadera potencia porque todavía no han sido probados. Para determinar el grado de amenaza que suponen, los analistas ya están estudiando los enormes cohetes que han desfilado junto a miles de soldados por el centro de Pyongyang.
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Transportados por lanzaderas móviles, que el régimen está desarrollando porque resultan más difíciles de detectar, también han sido revelados sus misiles submarinos, que fueron disparados con éxito hace varios meses y son especialmente peligrosos para el enemigo. Denominados Pukkuksong, estos proyectiles pueden llegar a recorrer hasta mil kilómetros tras ser lanzados desde debajo el agua, aumentando así el efecto sorpresa de su ataque.

Junto a ellos, hicieron acto de presencia los famosos cohetes de rango medio Musudan, en teoría capaces de llegar hasta la base estadounidense de Guam en el Pacífico, y los Nodong de corto alcance que amenazan a la vecina Corea del Sur. Además de mejorar sus vehículos de guerra, el régimen está avanzando en los llamados proyectiles con combustible sólido, lo que indicaría que las sanciones internacionales impuestas por la ONU no han logrado detener su programa militar.

Con evidente afán propagandístico, Kim Jong-un luce lo mejor de su arsenal para disuadir a EE.UU. de un cambio de régimen y asegurarse así su supervivencia. Buena prueba de ello es que ha permitido durante estos días la entrada de unos 200 periodistas extranjeros, que permanecen vigilados en todo momento y no tienen libertad alguna para moverse.

Utilizando este altavoz internacional, el vicemariscal Choe Ryong-hae aseguró en su discurso ante la multitud que “si Estados Unidos sigue con sus provocaciones temerarias, responderemos a una guerra nuclear con nuestras armas atómicas”. Elevando otra vez el nivel de sus amenazas, el régimen reaccionaba así a las advertencias del presidente Trump. Para impedirle a Kim Jong-un un nuevo ensayo nuclear y balístico, el nuevo inquilino de la Casa Blanca está desplegando un portaaviones y varios buques de guerra con baterías antimisiles cerca de aguas norcoreanas, lo que ha vuelto a disparar la tensión en la zona.

A tenor de las últimas imágenes por satélite, tomadas el miércoles, el silo nuclear de Punggye-ri está “listo” para una nueva prueba atómica, que sería la sexta ya desde 2006. Pero no parece probable que el régimen se atreva a llevarla a cabo en plenas celebraciones por el padre de la patria, que suponen la fecha festiva más importante de su calendario, y con la Prensa extranjera en Pyongyang.

Eso no significa que deje de calentar el ambiente, como viene siendo su especialidad desde hace años. En un mensaje directo al vicepresidente de EE.UU., Mike Pence, quien empieza este domingo en Corea del Sur una gira de diez días por Asia, la agencia de noticias norcoreana (KCNA) advirtió de que “la histeria militar” de Washington “ha llegado a una fase peligrosa que ya no se puede pasar por alto”.

Tras los recientes ataques del irascible Trump a Siria y Afganistán, esa nueva crisis nuclear con Corea del Norte ha alarmado sobremanera a China, cuyo ministro de Exteriores, Wang Yi, teme que “el conflicto pueda estallar en cualquier momento”. Debido a su histórica alianza comunista, Pekín es el único valedor que le queda a Pyongyang, pero sus relaciones se han deteriorado hasta tal punto que China ha suspendido sus importaciones de carbón norcoreano, importante fuente de financiación para el régimen.

En medio de esta tensión, los norcoreanos disfrutan del Día del Sol, como la propaganda llama con evidente grandilocuencia al natalicio de Kim Il-sung, “Presidente Eterno” de un régimen anacrónico que intenta blindarse con sus misiles y armas nucleares.

Pablo. M Díez