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sábado, 15 de abril de 2017

En una semana, Donald Trump cambió el relato torcido y emborronado de su joven presidencia a golpe de operaciones militares

Trump se pone el traje de comandante en jefe

El presidente de Estados Unidos recompone su figura con operaciones militares en el extranjero como la «Madre de todas las bombas».



En una semana, Donald Trump ha cambiado el relato torcido y emborronado de su joven presidencia a golpe de operaciones militares. El jueves de la semana pasada bombardeó una base militar siria como represalia al ataque químico contra población civil ejecutado dos días antes por el Gobierno de Bashar al Assad. Tres días después, una flota de ataque liderada por uno de los diez portaaviones en activo de su armada ponía rumbo a la Península de Corea ante las constantes provocaciones con ensayos nucleares de Corea del Norte. Este jueves, un avión lanzaba la mayor bomba no nuclear de su ejército contra un sistema de túneles y cuevas de Daesh en el Este de Afganistán, la primera vez que la llamada «Madre de todas las bombas» se usaba en combate.

Cada operación está basada en su propia lógica militar, pero es indudable que ha corregido la percepción en EE.UU. de su presidente. Trump ha vivido los casi tres meses que lleva en la Casa Blanca lastrado por escándalos y fracasos: las investigaciones sobre la relación de miembros de su campaña con Rusia, el bloqueo judicial de su veto migratorio o el fracaso legislativo del desmantelamiento de la reforma sanitaria Obamacare son algunos de ellos. Ahora, de un presidente maniatado por un goteo constante de filtraciones e informaciones en su contra y por su enfrentamiento con parte de sus aliados republicanos en el Congreso, se ha pasado a un Comandante en Jefe con mano dura, decidido a presionar a sus enemigos, listo para jugar al ataque.

«Espero que los adversarios de EE.UU. estén viendo esto y entiendan que hay un nuevo sheriff en la ciudad», escribió en Twitter el senador republicano Lindsay Graham tras el lanzamiento de la megabomba, cuyas siglas en inglés son MOAB. Graham ha sido uno de los enemigos declarados de Trump tanto en la campaña como en sus primeras semanas en la Casa Blanca.

Desde el bando demócrata se cuidan de no criticar las decisiones militares de la Casa Blanca, pero sí cuestionan la estrategia, si es que la tiene, de Trump. «Lo que más me preocupa es que nuestra política exterior se decida por nuestra política interna», criticó en la CNN la demócrata de la Cámara de Representantes Jackie Speier ante una posible utilización de las operaciones militares como cortina de humo. Otros demócratas, como Eric Swalwell, cuestionaron que el presidente no autorizara personalmente el uso de la MOAB en Afganistán. «Debería estar involucrado cuando hay una escalada armamentística como esta», dijo.

Uso de la megabomba

«Lo que hago es autorizar a mi ejército», dijo Trump el jueves después que se produjera el bombardeo, al que calificó como «otra misión muy, muy exitosa». Tras llegar a la Casa Blanca, Trump dio mayor libertad a la comandancia militar en la ejecución de operaciones. El lanzamiento de «la Madre de todas las bombas» fue decidido por el general John Nicholson, que comanda las fuerzas estadounidenses en Afganistán, y que contó con la luz verde de la Comandancia Central de EE.UU.

«Fue el momento adecuado para utilizarla de forma táctica contra el objetivo adecuado en el terreno de combate, y nos ha permitido reanudar nuestra ofensiva», dijo Nicholson sobre la utilización de la MOAB.

El general aseguró que se cumplió el objetivo de destruir un sistema de túneles y cuevas utilizado por Daesh en el distrito de Achin, un área montañosa en la frontera con Pakistán, donde los yihadistas han establecido un bastión operativo desde 2015.

Según el Ejército de Afganistán, 36 miembros de Daesh fallecieron en el ataque. Un portavoz del Gobierno de la provincia de Nangarhar elevó ese número a 86. El ataque no dejó víctimas civiles ni de las fuerzas afganas, que luchan de forma conjunta con EE.UU. contra los talibanes y Daesh en todo el país. Casi la totalidad de los 100.000 civiles que habitaban el distrito huyeron con la llegada de los yihadistas y los comandos afganos que operan en la zona fueron informados del bombardeo. Era una prioridad que no se produjeran víctimas civiles ni de «fuego amigo»: ese mismo día, un ataque de la coalición liderada por EE.UU. en Siria acabó con la muerte de 18 opositores a Al Assad.

Nicholson insistió en que la decisión de usar la MOAB estuvo basada en las necesidades de combate y que el clima político no tuvo ninguna incidencia en ello. Es difícil, sin embargo, no entenderla también como un nuevo mensaje de la Administración Trump a Daesh, a Siria o a Corea del Norte de que no le temblará el pulso cuando se trate de emplear su músculo militar.

Lo que no está tan claro es cómo afectará al desarrollo de la guerra en Afganistán, que está en su punto más bajo tras la disminución de efectivos estadounidenses, el aumento del poder de los talibanes y el nuevo empuje de Daesh. Hay voces que cuestionan que Trump ha dado manga ancha a los militares sin establecer una estrategia clara sobre los objetivos. «Puedes conseguir cosas, pero sin una estrategia que te guíe es difícil saber si estás logran los efectos deseados», criticó en «The New York Times» Jon Alterman, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales.

La Casa Blanca se encuentra en plena revisión de la estrategia militar en Afganistán, bajo la supervisión de H.R. McMaster, el asesor de seguridad nacional y un valor en alza en la Administración. McMaster, que estuvo destinado en Afganistán en 2010, viajará al país próximamente para evaluar la situación desde el terreno.