Kim Il-sung, «Presidente Eterno» y Sol, el fundador del anacrónico régimen estalinista de Corea del Norte es venerado como un ser superior


Retrato del fundador de Corea del Norte, Kim Il-sung - AFP

Padre del difunto «Querido Líder» y abuelo del actual dictador, Kim Il-sung es el fundador de Corea del Norte y de esta dinastía comunista que va ya por su tercera generación. Endiosado por la propaganda como el Sol de Corea, Kim Il-sung nació en 1912, durante la ocupación nipona, y luchó desde el exilio contra los invasores en la guerrilla comunista, donde se ganó el reconocimiento de sus aliados chinos y soviéticos.

Recomendado a Stalin por el jefe de su Policía secreta, Beria, Kim Il-sung regresó al país tras la derrota de Japón y fue aupado al poder del Partido Comunista, aunque al principio no era el favorito de los soviéticos porque se había pasado tantos años en el exilio que apenas hablaba coreano. Con el país dividido, declaró la República Democrática Popular de Corea en 1948.

Tras la Guerra de Corea, que él mismo inició con la invasión del Sur en 1950 y duró hasta 1953, Kim Il-sung construyó un régimen basado en el culto a la personalidad y la represión. Omnipresente en retratos, carteles, libros, películas y en el pin que buena parte de los norcoreanos llevan en la solapa como muestra de lealtad, el «Presidente Eterno» es venerado como un ser superior por haber instaurado la filosofía «juche» que rige este régimen estalinista, último Muro que queda de la Guerra Fría. En el plano internacional, explotó en beneficio propio la rivalidad entre la URSS y China. Hasta los 60, el Norte era más próspero que el Sur, pero se hundió con la caída del bloque comunista en los 90 y sufrió una hambruna que diezmó a la población.

Tras su muerte en 1994, fue nombrado «Presidente Eterno» y le sucedió su hijo, Kim Jong-il, quien falleció en 2011 tras nombrar como heredero al actual dictador. Para adoctrinar a las masas y legitimar a este régimen anacrónico, los cuerpos embalsamados de los dos Kim se muestran en el Palacio del Sol (Kumsusan). Incluso muertos, siguen rigiendo el destino de los norcoreanos.

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