La sonda interplanetaria más grande jamás construida por la NASA comenzó su viaje por nuestra galaxia en 1997.

El gran final de Cassini




Comienza la última misión de Cassini, la sonda interplanetaria más grande jamás construida por la NASA, que partió en 1997 desde nuestro planeta y deambuló por el Sistema Solar durante siete años hasta obtener el impulso gravitacional para llegar a Saturno, el sexto planeta alrededor del Sol, un gigante gaseoso 764 veces más grande que la Tierra y recordado por el prominente sistema de anillos que lo rodea.



Desde 2004, Cassini ha orbitado alrededor de Saturno revelando detalles sin precedentes sobre la estructura tridimensional de sus anillos, descubriendo siete lunas que hasta ahora eran desconocidas y mostrando por primera vez la gran estructura hexagonal y los enormes huracanes en los polos del planeta gaseoso. Pero después de estos años de servicio, Cassini comienza a agotar los gases de propulsión que le permiten maniobrar. Por esa razón y para evitar una posible colisión que podría contaminar a Encélado o Titán, dos lunas con ambientes que podrían albergar formas de vida, Cassini entra en la maniobra final de su misión.

El próximo 22 de abril, la sonda iniciará una serie de órbitas en las que sobrevolará Saturno entre el planeta y sus anillos hasta que el 15 de septiembre se precipite sobre la parte alta de su atmósfera, en donde se fundirá como un meteoro. Durante este épico final, Cassini seguirá recolectando información sin precedentes sobre el planeta y su fascinante sistema de anillos, que para los astrónomos es un laboratorio activo en donde estudian los procesos de formación de lunas y planetas. La destrucción de Cassini marcará el final del proyecto en el que participaron más de 260 científicos de 17 países y miles de técnicos e ingenieros que trabajaron en el diseño, construcción y lanzamiento de la misión.



La sonda lleva el nombre de Giovanni Domenico Cassini, el astrónomo italiano que no solamente descubrió cuatro de las lunas de Saturno y la división de sus anillos, sino que además fue protagonista en la fundación del observatorio de París durante el reinado de Luis XIV, iniciando así la tradición de investigación en astronomía en Francia.

Su misión ha sido recabar información para dos preguntas fundamentales sobre nuestra existencia: ¿hay formas de vida en otros lugares del Sistema y Solar? y ¿cómo se formaron el Sistema Solar y la Tierra?

Por eso, más allá de la impresionantes fotografías de los anillos y las lunas de Saturno, que bien desafían a la imaginación llevando a nuestros ojos detalles de estos mundos lejanos, Cassini ha permitido obtener una imagen más completa de la condiciones físicas en este planeta y sus satélites, particularmente la luna Titán, que se sospechaba como un mundo muy similar a la Tierra en su etapa primitiva. Para comprobarlo, Cassini liberó sobre Titán la sonda robotica Huygens, construida por la ESA y que lleva el nombre del astrónomo holandés que la descubrió en el siglo XVII.

Huygens descendió sobre la espesa atmósfera de Titán a comienzo de 2005 y tras dos horas y media de travesía se posó sobre su superficie sólida, completando así el primer aterrizaje en un objeto celeste más allá de la órbita de Marte. En 350 fotografías, que transmitió a través de Cassini, Huygens reveló que Titán posee ríos, lagos y océanos cuya superficie se evapora y se precipita como lluvia que esculpe montañas y valles. Pero a diferencia de la Tierra, los ríos de Titán no están compuestos de agua, sino de metano, el principal componente de lo que conocemos como gas natural, que a 180 grados Celsius bajo cero, la temperatura en esa luna, es líquido.



Para Cassini, esa era apenas la primera etapa del viaje en el que sobrevoló los anillos de Saturno descubriendo complejas subestructuras y revelando que este sistema posee su propia atmósfera rica en oxígeno molecular independiente del planeta. Cassini registró en vivo la enorme tormenta que se formó en el hemisferio norte de Saturno en 2010 y que eventualmente cubrió a todo el planeta durante meses. También observó de cerca las lunas heladas de Saturno, incluyendo Encélado, que refleja casi toda la luz del Sol y en donde descubrió evidencias de océanos líquidos bajo su superficie congelada. También en Encélado, Cassini descubrió chorros de vapor ricos en agua emitidos desde la región polar y durante estas últimas órbitas, la sonda intentará atravesar está zona para estudiar de cerca este fenómeno de vulcanismo a bajas temperaturas.

Antes de su final, Cassini estará más cerca de Saturno que ningún otro instrumento en la historia de la humanidad. En los siguientes meses seremos testigos de una cosecha de imágenes en alta resolución de los anillos de este gigante gaseoso y de gran cantidad de información sobre las partículas que los componen. Después de desintegrarse en su descenso final, Cassini se unirá al panteón de misiones espaciales que nos han permitido conocer nuestra vecindad y cuyas observaciones son el testimonio de la curiosidad de nuestra especie por entender su origen.

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