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domingo, 16 de abril de 2017

Poco a poco Trump va delineando una política exterior en la que la fuerza no es el último recurso.





El presidente estadounidense, Donald Trump, decidió bombardear Siria, mientras se comía una torta de chocolate, en compañía del presidente chino Xi Jinping.

“El presidente Xi lo estaba disfrutando y (entonces) recibí el mensaje de los generales de que los buques estaban cerrados y cargados. ¿Qué hacemos? Entonces tomamos la determinación de hacerlo”, dijo Trump.

Fue una muestra de la impulsividad (y, quizá, banalidad) con la que Trump ha asumido la política exterior de Estados Unidos.

Luego vino el lanzamiento de la “madre de todas las bombas” en Afganistán y el envío de un portaaviones a la península coreana, en respuesta a las amenazas de Corea del Norte.

Poco a poco Trump delinea lo que podría considerarse la Doctrina Trump. Y es que, aunque su política exterior sigue siendo indescifrable, en parte porque él mismo lo es, los bombardeos en Yemen, Siria y Afganistán, así como los roces con Corea del Norte dan pistas sobre lo que va a ser esta.

La fuerza

Primero que todo, tras estos bombardeos, lo que queda claro es que para Trump la fuerza no es el último, sino quizás el primer recurso. Por primera vez, desde su creación en 2001, la GBU-43/B, la bomba no nuclear más poderosa del mundo, fue usada en un conflicto.

Esta bomba, de 9,5 toneladas, fue lanzada en Nangarhar, Afganistán, causando la muerte de 36 integrantes del Estado Islámico.

Aunque el lanzamiento fue ordenado por el general John William Nicholson, comandante de las fuerzas estadounidenses en Afganistán, el presidente Trump dijo que Nicholson contó con su autorización y que este fue “otro éxito” del ejército de Estados Unidos.

Contra Corea del Norte, Trump hizo otro alarde de fuerza, al mencionar que Estados Unidos tenía submarinos “muy potentes, incluso más que el portaaviones”, en referencia al portaaviones enviado a la península coreana, el Carl Vinson.

Y el pasado 13 de abril, Estados Unidos probó una de sus mayores bombas nucleares, la B61. De acuerdo con un comunicado de la base aérea Robins, un F-16 lanzó una B61 sin carga para probar el “funcionamiento de los componentes no nucleares del arma”.

Vuelve a la memoria todas las veces que Trump, como candidato presidencial, se preguntó: ¿por qué Estados Unidos tiene armas nucleares y no puede hacer uso de ellas?

Unilateralidad

La otra conclusión que dejan estos bombardeos es que a Trump no le gusta consultar a nadie a la hora de ordenar un ataque. Por ejemplo, tras el ataque a la base de Shayrat, en Siria, varios senadores estadounidenses le reclamaron a Trump que no le haya consultado, primero, al Congreso.

Aunque, en su mayoría, respaldaron el ataque, dijeron que éste debió haber sido aprobado por el Legislativo. “Si bien todos condenamos las atrocidades en Siria, Estados Unidos no fue atacado. El presidente necesita la autorización del Congreso para la acción militar como lo requiere la Constitución”, sostuvo el senador republicano Rand Paul.

Algunos miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas le hicieron las mismas críticas a su decisión de bombardear Siria de forma unilateral e inconsulta. Trump ha dicho poco al respecto. Y es que puede que esto cambie, pero, por ahora, la tendencia es hacia la unilateralidad.

Imprevisibilidad

Y como tercer elemento de lo que denominamos Doctrina Trump está, cómo no, la imprevisibilidad de la misma. Si como candidato Trump no estaba de acuerdo con bombardear Siria, ahora sí lo está. O si antes decía que la Organización del Tratado del Atlántico Norte era obsoleta, ya no piensa lo mismo.

Se trata de bandazos que, antes que anecdóticos, pueden decidir el futuro de la política exterior de Estados Unidos e, incluso, el del equilibrio y la paz mundiales.

En menos de cuatro meses como presidente, Trump ya ha bombardeado Yemen, Siria y Afganistán y ha amenazado a Corea del Norte. Y, como si fuera poco, se ha enemistado con Rusia, con la que antes tenía una cierta cercanía. Todo se puede esperar con esta Doctrina Trump.

Juan Sebastián Jiménez Herrera.