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viernes, 14 de abril de 2017

Venezuela: el riesgo de impago aumenta

Cientos de personas manifestaron en contra del Gobierno este 13 de abril de 2017, en Caracas. (Foto EFE/Miguel Gutiérrez)

Venezuela posee una deuda externa de decenas de miles de millones de dólares, pero su capacidad financiera para evitar un incumplimiento en los pagos requerirá que los precios del petróleo sean mucho más altos. Y eso parece poco probable durante el próximo año o en 2019, según afirman los expertos financieros.

Con la caída de su producción de petróleo y las reservas internacionales, el gobierno hace malabarismos para mantener la importación de alimentos y medicinas mientras cumple con los pagos de sus bonos a corto plazo. Aunque el país ha reducido drásticamente las importaciones, en los últimos dos años sus reservas han disminuido a la mitad, ubicándose en 10,4 mil millones de dólares. La mayor parte de esa suma está en lingotes de oro y funciona como garantía para muchos de los acreedores del gobierno, que incluyen instituciones e inversionistas internacionales y los mismos venezolanos.

“La probabilidad de un incumplimiento está aumentando”, dijo Stuart Culverhouse, jefe de investigación de Exotix Partners, un banco de inversión con sede en Londres que negocia bonos venezolanos para sus clientes. “Hasta ahora su disposición a pagar ha sido bastante firme, lo que es sorprendente debido a la situación política. Pero vale preguntarse por cuánto tiempo podrán hacerlo porque deben estar gastando más en los pagos de la deuda que en las importaciones”.

Lo que complica el panorama es la creciente agitación política contra el presidente Nicolás Maduro, quien necesita mejorar su popularidad si quiere conservar el poder en las elecciones presidenciales previstas para el próximo año. Los venezolanos tienen que soportar largas filas para comprar alimentos y otras necesidades, mientras el hambre se propaga por todo el país. Las refinerías de Venezuela están en mal estado, por lo que incluso la gasolina es escasa y la tasa de inflación mensual del 20 por ciento reduce los sueldos.

Los expertos financieros dicen que el precio global del petróleo tendría que subir unos 15 dólares por barril —hasta ubicarse en unos 70 dólares— para mejorar sustancialmente la situación financiera del gobierno y de Petróleos de Venezuela (PDVSA), su petrolera estatal. Con la subida de la producción en Estados Unidos y el debate en la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) para extender los recortes de producción, pocos expertos en energía esperan precios superiores a los 65 dólares por barril durante el próximo año a menos que la violencia política provoque una seria interrupción del crudo proveniente de Oriente Medio.

La deuda de bonos externos del gobierno y PDVSA asciende a unos 60.000 millones de dólares, la mayoría de los cuales provienen de cuando el presidente Hugo Chávez tomó el poder hace casi dos décadas e instaló un gobierno de corte socialista. Pero eso solo es una parte de la historia, ya que el país tiene responsabilidades adicionales con instituciones internacionales de crédito. China parece haber parado de conceder nuevos préstamos para proyectos garantizados por los envíos de petróleo del año pasado.

En total, el gobierno venezolano y PDVSA deben 8500 millones de dólares en pagos este año y por lo menos otros 7900 millones en 2018, cifras que según los economistas erosionarán mucho más las reservas internacionales que constituyen la última defensa contra el impago.

Venezuela dijo que el miércoles pagará casi tres mil millones de dólares. Estos se relacionan principalmente con la deuda de 5,25 por ciento de PDVSA correspondiente al mes de abril, que requiere un pago combinado de intereses y principal de 2,5 mil millones de dólares, y los inversionistas institucionales dijeron que el pago se había efectuado. Normalmente esa sería una operación sencilla para una compañía petrolera que maneja algunas de las reservas más grandes del mundo.

La economía venezolana se está deteriorando y el gobierno lucha para poder pagar sus deudas. Credit Federico Parra / Agence France-Presse – Getty Images
Pero PDVSA no es más que una sombra de su pasado. El dinero de la compañía se agota, sus campos petroleros pierden presión, los equipos están en estado crítico y las refinerías se encuentran en mal estado por lo que no puede pagar los miles de millones de dólares que le debe a las compañías internacionales de servicios petroleros.

En el pasado, Venezuela fue uno de los principales exportadores de petróleo pero ahora solo produce unos dos millones de barriles diarios, un millón menos que en las últimas dos décadas. Los expertos dicen que esperan otra caída del diez por ciento de la producción este año.

Desde el pasado mes de noviembre, el gobierno ha mejorado levemente su situación económica porque los precios del petróleo han aumentado gradualmente después de que la OPEP redujo su producción en más de un millón de barriles diarios. Venezuela fue uno de los países que impulsó los recortes de producción. Su producción reciente, estimada por Middle East Petroleum and Economic Publications, es de unos 60.000 barriles diarios por encima de la meta de producción acordada el año pasado por Venezuela. Estas cifras sugieren que el país puede estar haciendo trampa en sus compromisos.

“Ellos todavía tienen conejos en el sombrero”, dijo Walter Molano, economista jefe de BCP Securities. “Harán todo lo posible para honrar los pagos de la deuda con la esperanza de que la producción de petróleo cambie y suban los precios del crudo”.

PDVSA ha usado a Citgo, su subsidiaria estadounidense de refinería y gasolineras, para conseguir fondos. En los últimos años, Citgo ha conseguido préstamos por varios miles de millones de dólares utilizando como garantía sus tres refinerías y otros activos: un dinero que fue destinado a Caracas. PDVSA comprometió cerca de la mitad del capital de Citgo a los tenedores de bonos, y el resto lo utilizó para obtener un préstamo de Rosneft, la petrolera rusa.

A fines del año pasado, los funcionarios petroleros venezolanos comenzaron a considerar la transferencia del control de un campo venezolano ubicado cerca de San Félix a Citgo para aumentar el valor de esa empresa y elevar su capacidad crediticia con el fin de conseguir más préstamos. Pero los analistas dicen que, por el momento, Citgo no está en condiciones de pedir más créditos.

“Citgo se ha utilizado como una vaca de efectivo”, dijo Diego Ferro, jefe de inversiones de Greylock Capital Management, un fondo de cobertura con sede en Nueva York. “Ellos están tratando de obtener todo el dinero que pueden. Y durante el próximo año y medio, hasta las elecciones, usarán formas absurdas para monetizar las cosas”.

Sin embargo, los bonos venezolanos han sido un comercio lucrativo para algunos inversionistas. Cuando los precios del petróleo cayeron por debajo de los 30 dólares el barril en febrero de 2016, esos bonos de abril de 2017 se vendieron a 36 centavos por dólar. Quienes los mantuvieron hasta su vencimiento de esta semana obtendrán un retorno de casi 114 por ciento sobre su inversión, según Nomura, una empresa que negocia bonos venezolanos.

“Los productos financieros de Venezuela van a superar a casi todos los demás en el universo de los bonos de mercados emergentes”, dijo Siobhan Morden, jefe de América Latina de la estrategia de renta fija de Nomura. “Sin embargo, hay que ser muy cuidadosos y tener una estrategia de salida. Estamos viendo una etapa avanzada del estrés del flujo de caja”.
Clifford Krauss en el New York Times