Tamaño grande

La tenista estadounidense Serena Williams, embarazada de más de seis meses, ha posado desnuda para la última edición de la revista Vanity Fa...

domingo, 16 de abril de 2017

Venezuela en llamas económicas

Resultado de imagen para Venezuela en llamas económicas
Hablando del contexto internacional de nuestra economía, me preguntaron hace unos días sobre las medidas que debería adoptar el gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela para sacar adelante la economía de su país. Mi respuesta más probable es que en dicho caso ya no hay salida económica, por lo menos conocida, en el marco del régimen político vigente.

Muchas veces en economía, ante la magnitud del desastre social y económico, el cambio político e institucional se convierte en un camino necesario previo a cualquier oportunidad para mejorar. En un caso como este, y por lo que se alcanza a percibir, la única salida es un cambio en el régimen de turno, que supone ajustes en lo legislativo, en el ejecutivo y en materia judicial. Cualquier cambio en lo económico, sin subsanar lo anterior, no dejará de ser un maquillaje inútil o inapropiado.

La economía venezolana es hoy un desastre insostenible. De un lado se vive un sector empresarial o productivo que, además de haber perdido confianza en las instituciones, está empobrecido, desaparecido o tan deteriorado, que reduce dramáticamente la producción, los ingresos y la productividad. El retroceso puede llegar a ser superior al -5 % de caída en el PIB en 2017 y para algunas cifras extraoficiales fue de más del -20 % en 2016, cifra esta última que sólo sería superada en la historia por países ahora protagonistas negativos del mundo político como Siria o Libia.

Del otro lado de la moneda, la demanda agregada puede estar peor. El deterioro en la capacidad adquisitiva, por una inflación que para conocedores supera el 800 %, así como el pésimo manejo de la política monetaria, reflejado, entre otras, en la forma como se hizo transición de los billetes; hacen imposible que lo poco que queda de sector empresarial tenga una demanda siquiera mínima. Súmele a lo anterior que se adopta la “genial” idea de subir los salarios mínimos en un año más del 400 %, mientras que los precios del productor se sostienen por decreto, en una decisión cuasi-infantil de control de precios y construcción de mayor escasez para seguir al final elevándolos en los mercados negros.

Como corolario de lo anterior, se motiva la generación de desempleo y con ello menos ingresos para activar la demanda de bienes y servicios en la economía. Una vez más, otra política para desacelerar aún más el PIB.

Cuando hay escasez siguen subiendo los precios, y la inflación descontrolada no tiene cómo pararse ni cómo pagarse. Alguien podría recomendar el aumento de las importaciones para evitar la adquisición de bienes cada vez más costosos. Sin embargo, como lo demuestran nuestras propias cifras de comercio exterior de varios años, serán cada vez menos los sensatos empresarios que estén dispuestos a exportar a Venezuela si no reciben las divisas, si se ven abocados a intervenciones ficticias o amañadas de la tasa de cambio, o si tienen que acudir a la corrupción para recoger parte de las divisas que generan.

Pero si lo anterior fuese suficiente para describir una Venezuela en llamas económicas, falta la cereza del ponqué. El modelo económico que ha venido desarrollando Maduro es adicionalmente poco transparente, anima la corrupción y el contrabando, y no es creíble. Hoy es difícil recoger datos macroeconómicos confiables de una nación que nadie puede confirmar ni validar o son otros los datos reales en las calles de las ciudades de Venezuela. Es triste decirlo, pero el único camino es un cambio total de régimen, que envíe una señal de confianza a los mercados internacionales y que empiece a volver a atraer inversionistas externos e internos, que a su vez alimenten el crecimiento económico ordenado, con una salida que puede demorarse varios años en lograrse. Mientras tanto, será únicamente el poder militar (porque ni siquiera el populismo tendrá suficiente combustible de recursos fiscales para hacerlo con un déficit superior al -20 % del PIB) el que sostenga un modelo económico catastrófico.

Acompañando como nación una salida al caso de Venezuela, que podría hacernos crecer significativamente más a nosotros, aprovechemos estos momentos para nunca replicar, ni creerles a modelos que contrarían el sentido común.

José Manuel Restrepo