Vuelven las acusaciones entre el gobierno sirio y los rebeldes, tras el ataque del pasado 15 de abril, en el que 126 personas murieron.


Imagen de uno de los buses afectados por el atentado del 15 de abril. AFP.

La paz en Siria se ve muy lejana tras el atentado en Al Rashidín, en el que murieron 126 personas y que el gobierno sirio atribuyó a los rebeldes. Y éstos, a su vez, se lo atribuyeron a fuerzas gubernamentales, pese a que, por ahora, nadie ha reivindicado el ataque suicida.

En dos cartas enviadas a la ONU, el Ministerio de Exteriores de Siria sostuvo que el ataque fue la respuesta de “los terroristas y sus dueños a los logros del Ejército Árabe Sirio y sus aliados y a su éxito a la hora de enfrentarse a organizaciones terroristas”, como el Frente Al Nusra y el Estado Islámico.

Por su parte, el opositor Ejército Libre Sirio achacó al “régimen y sus socios la responsabilidad de este crimen”, dando lugar a una guerra de versiones encontradas. Algo que se ha vuelto costumbre en este conflicto, que ha causado la muerte de 320.000 personas y el desplazamiento de otras 12 millones.

Sea como sea, este ataque se produce en el peor momento y puede que tenga consecuencias (muy) negativas para un posible proceso de paz en Siria. Y es que se produjo precisamente cuando miles de personas de la provincia de Idleb eran evacuadas, en virtud de un acuerdo entre el gobierno sirio y los rebeldes.

Por cuenta de este acuerdo, miles de personas de las ciudades de Fua y Kefraya, en la zona rebelde, iban a ser trasladadas a Alepo, controlada por el gobierno. Y, en respuesta a esto, otro grupo de personas de las ciudades de Madaya y Al Zabadani, en la zona que controla el gobierno, iban a ser evacuadas a zonas rebeldes.

Pero cuando el convoy con los evacuados desde Fua y Kefraya se encontraba en Al Rashidín, cerca de Alepo, una furgoneta bomba estalló, causando la muerte de estas 126 personas, en su mayoría chiítas. 68 menores perecieron en el ataque, de acuerdo con el director de la Unicef, Anthony Lake.

El resto de los evacuados pudo llegar a su destino. Sin embargo, el acuerdo, que fue posible gracias a la intervención de Irán y Catar, fue suspendido, dejando a miles de personas en la incertidumbre. No se sabe qué pasará con las evacuaciones. Y el mundo se ha limitado, apenas, a condenar el hecho.

Estados Unidos censuró enérgicamente los “ataques bárbaros contra civiles inocentes, incluidos mujeres y niños, en el norte de Siria”, e indicó que sigue firmemente comprometido con la “derrota de los terroristas, incluidos el Estado Islámico y Al Qaeda, como nuestra prioridad principal en Siria”.

Francia, por su parte, pidió el cese de las hostilidades y expresó que los ataques contra los “civiles son inaceptables, sean quienes sean los autores. Los responsables de esos crímenes abyectos deberán rendir cuentas ante la justicia”. Mientras que el papa Francisco imploró por la paz en esta región.

Pero no basta con eso. Ya han pasado seis años y las negociaciones entre el gobierno sirio y los rebeldes nada que avanzan. Y el panorama parece peor ahora que Estados Unidos ha decidido intervenir en Siria, bombardeando la base de Shayrat, para el malestar de los aliados de Bashar al-Asad.

El presidente estadounidense, Donald Trump, ha dicho que Estados Unidos “no va a meterse en Siria”. Pero su secretario de Estado, Rex Tillerson, ha sostenido que Al-Asad tiene que salir del poder para que haya paz. Rusia, el otro gran protagonista de este conflicto, piensa todo lo contrario y defiende a Al-Asad.

Tillerson y su homólogo ruso, Sergei Lavrov, se reunieron el pasado 12 de abril a hablar sobre Siria, durante unas cinco horas. Y al final, aseguraron que ambos países seguirán trabajando por una solución política a este conflicto. Suena bonito, pero parece improbable que Rusia y Estados Unidos lleguen pronto a un acuerdo.

Rusia, por su lado, se ha reunido con otros protagonistas de este conflicto –como Catar e Irán– para tratar de llegar a acuerdos. El pasado 14 de abril el canciller ruso, Sergei Lavrov, se reunió con sus homólogos de Siria, Walid al Mualem, e Irán, Mohamed Yavad Zarif, para discutir sobre el bombardeo a la base de Shayrat.

Y en rueda de prensa conjunta aseguraron que este “fue un acto de agresión que violó gravemente el derecho internacional y la Carta de Naciones Unidas”. Otros, como Francia y el Reino Unido, se han mostrado de acuerdo con este hecho. El caso es que el bombardeo ha polarizado aún más a los actores de este conflicto.

Y a esto se suma, ahora, el atentado en Al Rashidín. El ambiente no parece propicio para una nueva ronda de negociaciones en Kazajistán. Pero la verdad es que todos los actores de este conflicto, el mayor de lo que va del siglo XXI, han fallado a la hora de hallar una solución pacífica.

Y mientras Rusia y Estados Unidos reeditan su Guerra Fría, mientras Al-Asad y los rebeldes se acusan mutuamente, mientras el mundo mira indolente, miles de sirios seguirán muriendo en una guerra que parece lejos de terminar.

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