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jueves, 11 de mayo de 2017

El capitalismo brilla como nunca… entonces, ¿por qué lo critican?


Imagina que eres un niño en un grupo que cosecha fresas con la supervisión de un adulto. Te dicen que no las comas mientras las recoges y que las que no sean seleccionadas serán repartidas de manera equitativa al finalizar la jornada. Algunos niños harán “trampa” comiéndolas mientras trabajan, mientras que otros solamente las escogerán perezosamente. Los recolectores más eficientes terminan siendo los peores, ya que utilizan más energía para no obtener ganancias adicionales y empiezan a comer menos fresas que los tramposos.

El escritor sueco, August Strindberg, afirmó que esa misma experiencia lo hizo -tras de una larga deliberación- decidirse en contra del socialismo. La historia es simple, pero resume efectivamente por qué el socialismo, por muy digno que suene en teoría, es un pobre sustituto del capitalismo.

Si no existe un vínculo estrecho entre el esfuerzo y la recompensa, la estructura de incentivos se verá dañada, el rendimiento total disminuirá y aquellos que agreguen valor extra al grupo serán tratados injustamente y, por lo tanto, se desmotivarán.

Aquellos que se niegan a reconocer esta dinámica son, sin lugar a dudas, más fanáticos de la izquierda que conscientes de la verdad. Sin embargo, antes de participar en la derecha, debemos reconocer que un capitalismo sin control ocasionará que algunas compañías se hagan tan poderosas e influyentes, que podrán manipular el mercado y comprar favores políticos.

¿Cuándo se abandona el capitalismo?

Esto también afecta a las estructuras de incentivos, pero de diferentes maneras. Una vez más, se hace muy difícil para la gente más honesta y trabajadora competir de manera justa. Y una vez más la sociedad pierde.

Así que si realmente tratamos de salvaguardar el verdadero capitalismo, no basta con resistir a los intervencionistas estatales, quienes están abiertamente motivados por una ideología anticapitalista. También debemos luchar contra los intentos de manipulación subliminal de los gigantes del mercado. En ambos casos, el verdadero capitalismo es abandonado junto con la esperanza de una sociedad verdaderamente vital.

El abandono del capitalismo siempre marca un precedente de malas noticias para los pequeños empresarios, emprendedores que desafían a las estructuras obsoletas y el pensamiento anticuado del statu quo. Estos retadores jóvenes son los arquitectos más típicos de ideas frescas, de ganancias en la productividad, de valor de consumidor, de nuevas oportunidades de trabajo y de réditos de impuesto aumentados. Ciertamente, los grandes actores establecidos pueden agregar valor de manera similar, pero sólo si su mercado sigue siendo competitivo. La complacencia es inevitable de otra manera.

El capitalismo, después de todo, es portador de esperanza. Si bien no todo el mundo puede cumplir sus sueños, es mejor poder luchar por ese sueño, que ser discapacitados desde el principio por bajos estándares de vida en general y la asfixiante predictibilidad, como sucede en las sociedades de economía de mando. Ciertamente no es coincidencia que las llamadas sociedades capitalistas (o orientadas al mercado) sean muy superiores en la lucha contra la pobreza.

¿Por qué entonces, a pesar de estos beneficios masivos, el capitalismo está siempre bajo ataque?

Amenazas del sistema económico capitalista

Normalmente, la amenaza principal serían los socialistas, sus principales críticos y archienemigos; pero no en la actualidad. Hoy en día el capitalismo podría incluso sacar fuerza del pobre estado en el que se encuentra el socialismo. Aunque, desde luego, atacar al equipo Corbyn en estos momentos empieza a sentirse deshonroso; porque es como si fueras a patear a alguien que ya está en el suelo.

Pero una segunda amenaza sigue siendo importante. Se trata de sus propios defensores que insisten en que el capitalismo es un Mädchen für alles, algo que funciona para todos. Pero no es cierto. Los enfermos, los ancianos, los discapacitados y los niños suelen ser demasiado vulnerables o inconscientes para tomar decisiones como consumidores que obliguen a los vendedores a ofrecer calidad por precio. Esto explica por qué es importante mantener los elementos del Estado de bienestar dentro de sectores especiales, como los servicios sociales. De lo contrario, los anticapitalistas utilizarán siempre las deficiencias del sistema en sectores especiales para socavar el capitalismo en todas partes.

Una tercera amenaza para el capitalismo está vinculada al hecho de que cuando se produce dinero, los políticos siempre saldrán a reclamarlo. Por buenas o malas razones. Ya durante la Edad Media, los banqueros que acumulaban una riqueza sustancial siempre se arriesgaban a terminar encadenados a una pared en una mazmorra húmeda. ¿Por qué? Debido a que sus bienes podían ser confiscados por monarcas que querían dinero para luchar guerras o para rescatar al estado del colapso presupuestario después de años de mala administración financiera.

Evidentemente ya no es factible dejar a banqueros millonarios pudriéndose en mazmorras. Sin embargo, siempre habrá políticos dispuestos a explotar la constante y popular narrativa de los oligarcas malos. Sobre todo, cuando toman acciones para embargar sus recursos. De hecho, Jean-Luc Mélenchon, es un buen ejemplo. El candidato presidencial de la extrema izquierda casi llegó a la segunda ronda ganando el apoyo de casi cada quinto votante francés.

Ya hemos tocado la cuarta amenaza al capitalismo: los propios capitalistas. Si los emprendedores pequeños se transforman con éxito en jugadores principales, muchos estarán dispuestos a utilizar su recién ganado poder para influir en el mercado contra sus competidores más pequeños.

Esta es una de las principales razones por la que los magnates europeos suelen respaldar el proyecto de la Unión Europea. Debido a la falta de transparencia en la toma de decisiones y la distancia del voto, Bruselas es el lugar perfecto para negociaciones anónimas entre políticos y grupos de “lobbystas” bien financiados. Por lo tanto, nadie debe sorprenderse de que la innovación que llevó al crecimiento y al peso económico relativo de Europa, esté ahora en declive.

Una quinta amenaza es el deseo de los servidores públicos de exigir más dinero y un mandato más amplio. Este expansionismo del sector público lleva a la exclusión del sector privado hasta tal punto, que los mercados son tan distorsionados y el dinero público tan subfinanciado que el capitalismo debe ser reintroducido para salvar el día. Este fue el caso ocurrido después del exceso de gasto y las políticas monetarias de los años setenta.

Una sexta amenaza para el capitalismo llega cuando los políticos y los gigantes del mercado se unen para intervenir en un mercado supuestamente libre. La situación actual del mercado de la vivienda puede tratarse como un ejemplo académico. A través de tasas de interés artificialmente bajas y garantías de rescate, el grado de intervención estatal (y la manipulación del mercado) ha sido durante décadas impresionante. Tal y como se pretende, los votantes hipotecados se mantienen felices (por el momento) y el riesgo de incumplimiento (default) es trasladado a los contribuyentes.

Por supuesto, los bancos aprovecharon la oportunidad para prestar dinero como si no hubiera mañana. Pero, ¿hemos olvidado lo que pasó cuando estalló la primera burbuja en 2008? Los políticos culparon de todo a los banqueros, que no les quedó de otra que asumirlo, pensando en que sería un pequeño precio a cambio de pagar los propios rescates y esperando retomar los pactos lucrativos, como exactamente sucedió.

Esto sólo fue posible gracias al hecho de que todos los involucrados afirmaron que la medida tomada era “absolutamente necesaria”. Las campanas de alarma deben ensordecer cuando se debilita el vínculo entre la toma de riesgos y la responsabilidad por el riesgo.

Cuando el Tesoro y los reguladores explican las advertencias mediante el uso del término “necesario”, puedes estar seguro de que un pacto corporativo se ha apoderado del sistema. Junto al socialismo a todo vapor, ésta es la expresión más grave del abandono capitalista.

Es hora de cambiar la narrativa

Sin embargo, el capitalismo debe ser defendido. Como un concepto, es muy mal entendido y a menudo deliberadamente difamado por los manipuladores del mercado, que quieren disfrazar las deficiencias del intervencionismo como las deficiencias del capitalismo. También han puesto mucho empeño en retratar a los partidarios del sistema como “asquerosos”, con la esperanza de construir un caso para un intervencionismo mayor.

Esto también explica por qué tantos políticos de derecha, durante las campañas electorales, suelen jugar el juego de los capitalistas-escépticos. Dado que la narrativa pública es tan retorcida y confusa, los políticos piensan que no tienen otra opción que distanciarse de la ideología.

Pero también es lamentable. El capitalismo es irrespetado y mal representado, pero también muy necesario. El problema típico no es que tengamos demasiado capitalismo, sino demasiado poco. Los anticapitalistas pueden criticar todo lo que quieran, pero los resultados asquerosos vienen cuando ellos están a cargo. Es por eso que es la hora de cambiar la narrativa.
 Mark Brolin