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domingo, 28 de mayo de 2017

Luna de Júpiter podría esconder el doble del agua que hay en la Tierra.

La próxima frontera en la búsqueda de vida extraterrestre

Representación artística de la sonda espacial Clipper.

Últimamente hemos descubierto que lunas congeladas las hay por todas partes del Sistema Solar. Encelado, Tritón, Titán, Dione, Miranda, Calisto, Ganímedes… Todas ellas tienen escarcha en alguna parte de su anatomía y, al menos, tres esconden hipotéticos océanos. Pero la sexta luna de Júpiter, Europa, fue nuestra primera joya de hielo. Desde que la descubrió Galileo, por allá en 1610, y desde que las sondas Voyager confirmaron su manto de agua helada lleno de grietas en 1979, hemos soñado con taladrar ese caparazón blanco y averiguar lo que puede estar nadando ahí debajo.

Ahora, gracias a una nueva serie de observaciones, quizás no tengamos que taladrar. Al menos no inicialmente. El año pasado, el telescopio espacial Hubble aportó pruebas más sólidas de que la cuarteada superficie de Europa tiene géiseres: vapor de agua salobre que sale disparado, a una presión formidable, por entre las innumerables hendiduras que hay en su piel de hielo. Estas brechas se forman cada vez que la torturada luna es sometida a cambios en la atracción gravitacional de Júpiter, su planeta madre.

La existencia de géiseres –que también se ha confirmado en Encelado, la luna de Saturno– ha ilusionado a los ingenieros aeroespaciales con la posibilidad de sobrevolar el satélite, recoger muestras del vapor que dejan escapar las fisuras y buscar en ellas vida microscópica, sin tener que abrirse paso con un taladro a través del suelo congelado.

Estas observaciones, más el entusiasmo del Congreso estadounidense por visitar los mundos de hielo, les dieron sentido de urgencia a los planes que la Nasa tenía debajo de la manga, recientemente aprobados por la administración de Donald Trump, que parece más interesada en estudiar el espacio que la Tierra. Como consecuencia, en algún momento de la década del 2020, la misión de reconocimiento Europa Clipper orbitará a Júpiter, haciendo al menos 45 pasadas sobre Europa, a alturas que oscilan entre 25 y 2.700 kilómetros. Y, en la década del 2030, la Nasa intentará posar un robot de cuatro patas sobre la superficie helada de esta luna.

En la búsqueda de vida en el Sistema Solar, Europa es el candidato número uno. Los científicos teorizan –aunque se muestran bastante seguros– que debajo del manto de hielo hay un vasto océano de agua salada que contiene más del doble de líquido que todos los mares de la Tierra. Y que, de existir, sus condiciones podrían ser las indicadas para albergar un ecosistema completo.

“Desde la perspectiva de la astrobiología, Europa podría reunir las tres condiciones para la habitabilidad: agua líquida, acceso a los elementos necesarios para construir vida y, potencialmente, la energía para darle impulso a esa vida”, dice Kevin Peter Hand, del Jet Propulsion Laboratory (JPL), uno de los científicos principales del proyecto.Lo tiene todo

La luna blanca de Júpiter es un bicho raro en el Sistema Solar. La corteza de hielo tiene un espesor entre los 1,5 y los 30 kilómetros, según los cálculos de los científicos, que no han podido llegar a un consenso en esta materia. Puesto que la superficie de hielo es tan lisa y sin cráteres de impacto, los investigadores piensan que esta costra es joven y activa, lo cual podría significar que debajo hay algún flujo volcánico que constantemente recicla el hielo y borra imperfecciones.

Esta idea hizo que la mayoría de expertos apoyaran la teoría del océano escondido. El concepto se solidificó en 1995, cuando la misión Galileo entró en órbita alrededor de Júpiter. A medida que pasaba junto a las lunas de este gigante (es el planeta más grande del Sistema Solar), la nave Galileo descubrió que el fuerte campo magnético de Júpiter cambiaba alrededor de Europa. Esta alteración indica que debajo de la superficie lunar hay un fluido que conduce la electricidad. Y dada la corteza de hielo de Europa, la hipótesis más plausible es que ese fluido sea agua.

Aunque hay otras lunas con océanos potenciales en nuestro Sistema Solar, los astrobiólogos adoran Europa por la intensa y constante radiación que le dispara Júpiter. Según Robert Pappalardo, otro científico del JPL, aunque la radiación es letal, bombardea el hielo y rompe sus compuestos, de manera que se separan en elementos esenciales. En otras palabras, separa el hidrógeno del oxígeno, dejándolos libres para combinarse con otros materiales en la superficie y formar los ingredientes esenciales para fabricar seres vivos, incluyendo el peróxido de hidrógeno y el dióxido de carbono.

Y, además de crear estos compuestos básicos, al parecer Europa tiene la energía para mantener funcionando el horno de la vida. Los investigadores creen que el fondo del océano ‘europeo’ es un lecho de roca debajo del cual habría un manto caliente que rodea el núcleo del satélite. Como en la Tierra. La interacción directa entre el agua y la roca caliente podría ser justo lo que Europa necesita para crear y mantener vida.

El lecho de nuestros océanos tiene muchos puntos con chimeneas hidrotermales. Estos son lugares donde el agua fría del fondo entra en contacto con la lava caliente que está bajo la corteza, y la cantidad de criaturas a su alrededor es asombrosa. De hecho, hay quienes piensan que es allí donde se originó la vida en la Tierra.

No obstante, un nuevo estudio del JPL, por publicarse en ‘Geophysical Research Letters’, señala que incluso si Europa no tiene actividad hidrotermal, de todas formas podría albergar los materiales crudos y la energía química que se necesitan para iniciar procesos biológicos. La clave está en si este satélite tiene lugares donde los químicos se combinen en las porciones correctas.

“Tanto en la Tierra como en Europa, la producción de oxígeno es diez veces mayor que la de hidrógeno. Pero, mientras que en la Tierra esto tiene que ver con el vulcanismo y el calor, en Europa el ciclo de esa química podría estar asociado con la forma como el agua de mar reacciona a las rocas del lecho marino, incluso si son reacciones en frío”, comenta el científico planetario Steve Vance, del JPL, autor principal del estudio.Líneas misteriosas

El otro misterio ‘europeo’ es la naturaleza de las líneas café oscuro que recubren las grietas. Una de las teorías es que el material proviene de actividad volcánica por debajo del manto de hielo. Pero también podrían ser simplemente sal. O compuestos de azufre y magnesio irradiados por la ducha de electrones e iones que Júpiter manda con la intensidad de un acelerador de partículas.

Kevin Hand está llevando a cabo experimentos de laboratorio en los cuales coloca muestras de sal dentro de una cámara de vacío, a 170 grados centígrados bajo cero, y las bombardea con un rayo de electrones, para simular lo que sucede en la realidad. Hasta ahora han visto que el color de las muestras irradiadas es idéntico al de las grietas de Europa.

Pero, hasta meter el dedo en la llaga, todas estas ideas siguen siendo hipótesis. Por eso, la comunidad de expertos en Júpiter ha abrazado apasionadamente al Clipper. “Tenemos muchas preguntas sobre Europa y la más importante es si hay vida en ella. Pero antes debemos definir si es habitable, que es lo que hará esta misión. En el futuro habrá que pasar a averiguar si hay vida en ese océano”, adelanta Pappalardo.

ÁNGELA POSADA- SWAFFORD