Miércoles 3 de mayo en Venezuela

Paz en la televisión, guerra en las calles de Venezuela

La tanqueta de la GNB que aplastó a manifestantes . / AFP PHOTO / FEDERICO PARRA

A continuación la crónica la brutal y sangrienta represión que se vivió en las calles de Venezuela el miércoles 3 de mayo en Venezuela, escrita por la periodista Andreína Itriago, .
Con los usuales 10 minutos de retraso de los venezolanos, pasadas las 10:00 comenzaron a llegar, ayer, los manifestantes opositores al distribuidor Altamira, en Caracas. No trancaron la autopista Francisco Fajardo inmediatamente. En ese momento eran muy pocos para hacerlo.

Se ubicaron en el césped que da hacia la Base Aérea La Carlota -desde donde los reprimieron los guardias nacionales dos días atrás- a la espera de más personas. A las 11:00, cuando el grupo era más abundante, procedieron a trancar la principal arteria vial de la capital de Venezuela, que comunica la ciudad de este a oeste.

De pronto el sonido de una docena de motos, movilizándose dentro del aeropuerto militar, interrumpió la calma de los presentes. Sobre ellas iban funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana. Los mismos que les han reprimido, sin tregua, en el último mes. Sin miedo, los manifestantes comenzaron a pitarlos y abuchearlos. Desde un vehículo que pasó inmediatamente después, también lleno de guardias, uno de los funcionarios respondió a los gritos haciendo el símbolo de paz con los dedos de su mano derecha. Un gesto que, poco tiempo después, se convertiría en burla.

Al mediodía comenzaron a llegar cientos de personas. Entre ellas, un grupo de jóvenes anónimos, con los rostros cubiertos con trapos o máscaras -algunas antigas, otras meramente decorativas, como la de Vendetta-, guantes en sus manos derechas, improvisados escudos y objetos para obstaculizar vías: troncos, láminas de aluminio y piedras. ‘Guarimberos’, les dicen.

“Vamos, aplausos para los muchachos”, gritó un hombre cuando les vio llegar. Los demás se volteaban y aplaudían a medida que estos se dirigían hacia el frente de la concentración. “¡Valientes!”, les gritaban cada tanto.

Entre ellos estaba un joven de 27 años que prefirió no revelar su nombre. Era moreno de estatura media. Llevaba una gorra negra, el rostro cubierto con un pañuelo verde, que apenas dejaba ver sus ojos oscuros. A pesar del calor, tenía una sudadera gris y un guante grueso en su mano derecha. La otra mano la tenía libre y con ella gesticulaba, a medida que conversaba con este diario.

“Ahorita he tenido que salir a la calle a luchar por mi país, porque el país está muy descontrolado. No hay empleo, no hay comida”, argumentó el joven, quien aseguró ser artista y padre de unos niños que no viven en el país. Por ellos, también, lleva más de un mes en las calles, “peleando como todos”. Aunque, admite, no ha sido fácil: “El trato de la Guardia Nacional Bolivariana ha sido rudo. Las tanquetas, las bombas, disparan perdigones con municiones, nos agreden, nos caen a palo”. Todavía no había empezado la represión pero se presentía.

“Hay unos que somos más valientes, que salimos adelante. Nosotros los valientes somos los que vamos a vencer esto”,  al tiempo que hizo un llamamiento a los demás manifestantes y políticos: “No nos dejemos vencer, sigamos hacia adelante que así vamos a conseguir la victoria: peleando se consigue la victoria”.

El joven interrumpió la conversación para reunirse con sus compañeros. En pocos minutos la autovía se había llenado de miles y miles de personas. Se ubicaban desde poco antes de Chuao hasta poco después de Altamira, en ambos sentidos (más adelante se perderían de vista). Pero poco antes del mediodía llegaron los más esperados: los 112 diputados de oposición que prometieron encabezarían la marcha hacia un destino que anunciaron en ese momento, en ese lugar.

“Los diputados estamos en la primera fila, marchando rumbo a la Asamblea Nacional, una AN que representa y consolida la expresión del pueblo, que representa la esperanza y que representa una opción de cambio”, expresó a este diario el parlamentario Franco Casella. Junto a él estaba el también diputado Rosmit Mantilla, otrora prisionero de conciencial: “Hay que entender que estamos en dictadura y que la dictadura se afronta en la calle y con la gente”, acotó.

En esta oportunidad, según informaron, los legisladores demandaban el cambio y la destitución de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, la destitución de los rectores del Consejo Nacional Electoral y la celebración de elecciones libres, que incluyan al presidente. Además, aseguraron, marcharían en rechazo ante “la farsa llamada Constituyente” que, según explicó Casella, no es otra cosa que “los amigos de Maduro ubicados en los puestos a dedo para generar las transformaciones y además no respetan la voluntad popular”.

Pronto los parlamentarios comenzaron a movilizarse, vía centro de la ciudad, de la misma manera en que llegaron al lugar: agarrados por los brazos, como formando una cadena humana. Así inició formalmente una marcha que, sin embargo, recorrería un tramo muy corto.

Un muerto, cientos de heridos

La oposición no fue la única que se movilizó hacia uno de los poderes del Estado venezolano este miércoles. El presidente Nicolás Maduro y sus seguidores hicieron lo propio hacia la sede del Poder Electoral, también en el centro de Caracas, muy cerca de donde aspiraban a llegar quienes lo adversan. Pero, a diferencia de estos, Maduro sí pudo llegar a su destino y fue recibido por la presidenta del Consejo Nacional Electoral, Tibisay Lucena.

Los opositores tenían meses esperando ver a Lucena referirse a las dilatadas elecciones regionales. Este mediodía finalmente pudieron verla en sus televisores, pero no precisamente para hablar de eso, sino para recibir la propuesta de Maduro para convocar una Asamblea Nacional Constituyente que, sostienen, no es la que contempla la Constitución de este país.

“Lo que se inicia hoy, un nuevo proceso Constituyente, consolidará la República y llevará al país a la paz que todos y todas merecemos”, expresó una envejecida Lucena, sentada a un lado de Maduro. Casi en simultáneo, en la autopista Francisco Fajardo, había todo menos paz.

Un poco más adelante de lo usual, las fuerzas de seguridad del Estado encontraron a la marcha de la oposición, que apenas había recorrido unos 100 metros. Llegaron en unas 20 motos, y en cuatro unidades de las llamadas “rinoceronte” y “ballena”. Pronto comenzaron a usar las bombas lacrimógenas. En horizontal, como han venido denunciando periodistas y manifestantes. Como ha dejado en evidencia los muertos y cientos de heridos. También usaron el agua de la ballena y los perdigones de sus armas. Mientras tanto, Maduro bailaba en televisión.

Comenzaron a caer los heridos. Para el final del día, se hablaba de cerca de 400 lesionados. Uno de ellos, el joven Armando Cañizález, de 17 años, falleció tras recibir el impacto de un proyectil de la guardia en el cuello. Otro fue aplastado por las ruedas de una de las tanquetas blindadas de la GNB. Otro más se prendió en llamas cuando, mientras estaba cerca de una moto de los funcionarios, una lacrimógena impactó contra el tanque de gasolina y este explotó. También resultaron agredidos al menos cuatro diputados y tres trabajadores de la prensa local, estos últimos en el Día Internacional de la Libertad de Prensa. La represión continuó en zonas a las que se replegaron los manifestantes.

La prensa tuvo que sortear los obstáculos que le puso la guardia para poder documentar estos hechos, de regreso en Altamira. Y además denunció haber sido robada por los funcionarios. También fue atacada directamente, con una bomba lacrimógena, una unidad de los paramédicos. Mientras tanto, WhatsApp, uno de los pocos medios que tienen los venezolanos para mantenerse informados, sufrió una falla global.

En otros estados del país, las marchas de la oposición sí llegaron a sus destinos. En Anzoátegui llegaron a la sede del Consejo Nacional Electoral; en Táchira, hasta la del Ministerio Público; en Aragua, hasta el comando central de la policía local. En Caracas, como ya es usual, llegaron hasta el piquete de la Guardia Nacional. Sin embargo, los líderes de oposición insistieron en que seguirán en las calles “hasta vencer la dictadura”. Este jueves pasaron la batuta al Movimiento Estudiantil. Tras reunirse en cada casa de estudio, serán ellos quienes definirán el destino de las protestas de hoy.

ANDREÍNA ITRIAGO

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