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sábado, 6 de mayo de 2017

Shoyna

Esta pequeña población de la costa norte de Rusia fue una próspera cooperativa pesquera
Shoyna, en el desierto más septentrional del mundo

Si existe un lugar en el mundo donde sus habitantes viven al borde de lo imposible ese es Shoyna, un pueblo costero ruso, situado en el borde del círculo polar ártico al que se conoce como el desierto más septentrional del mundo. Sobre sus dunas de arena, que se extienden por decenas de kilómetros a lo largo de la costa del Mar Blanco, viven unas 300 personas que ven como cada día sus casas son en parte sepultadas por la arena del desierto.

Sin carreteras o vías férreas los residentes de Shoyna viven prácticamente aislados del mundo, allá, en la península de Kanin, en la costa norte de Rusia.

Pero la vida -o ausencia de ella-, en este pequeño pueblo de Rusia, fundado en 1930 por familias de pescadores, no siempre fue así, más bien todo lo contrario. A mediados del siglo XX cientos de personas, atraídas por la abundancia de pesca, levantaron en este lugar una cooperativa pesquera. En 1950 eran más de 1.500 personas las que vivían en Shoyna donde el negocio de la pesca era próspero tanto que la flota llegó a alcanzar en este pequeño lugar más de 70 barcos.


Años más tarde, la imprudencia por parte de los pescadores en la práctica del arrastre llevó a la casi desaparición de la vida marina provocando además graves daños en el fondo marino lo que puede estar provocando, al menos en parte, el principal problema al que se enfrentan los habitantes de Shoyna, la liberación de arena del fondo marino a la superficie.

Poco a poco los habitantes fueron abandonando la pequeña población, que ya no podía pescar. Hoy en día, sólo trescientos habitantes viven en Shoyna, gracias a los subsidios de desempleo y las pensiones.