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sábado, 20 de mayo de 2017

Venezuela: Cambian las costumbres debido a la escasez

"Esa costumbre de invitar un café se ha perdido. No todo el mundo tiene Bs 3.200 para desayunar un cachito y un café", comenta detrás del mostrador, Rosa López.

"Yo soy albañil y plomero pero se puso difícil conseguir los materiales y hace dos años comencé a vender avena, fororo y peto", dijo Mario Rivera, vecino de La Pastora

La rutina mañanera del caraqueño cambia al ritmo de la escasez y los altos precios. Las panaderías, esos espacios de encuentro donde el día arrancaba a las 5:30 a.m. ahora abren sus puertas a las 7.

El despacho agitado de cachitos y pastelitos, de cafés y jugos, de canillas y campesinos cedió el paso a las colas, meno

Escasez y altos precios imponen otro ritmo a las mañanas de los caraqueños

Las panaderías dejaron de ser esa suerte de ágora donde se encontraban los vecinos cada mañana. Por su parte, proliferan ventas ambulantes con opciones para el desayuno como avena, fororo, cachapa, pastelitos, pan dulce.

























"Esa costumbre de invitar un café se ha perdido. No todo el mundo tiene Bs 3.200 para desayunar un cachito y un café", comenta detrás del mostrador, Rosa López.

Mercedes Galindo buscaba el lunes una panadería abierta a las 6:30 a.m. en Candelaria y no consiguió ninguna; la inseguridad y la falta de insumos están entre las razones. Sin embargo encontró en cada esquina vendedores de avena, jugos, pastelitos, cachapas y arepas.

Antes vendía cargadores de teléfonos pero desde hace quince días Eduard Ruda, vecino de los Valles del Tuy, ofrece bombas a Bs 400 y pan camaleón a Bs 3.300, diagonal a la plaza Candelaria. Llega antes de las 7 y se va al caer la tarde. "Cuando las panaderías no están sacando pan, me compran más".

El saco de naranjas pasó de 13 mil a 20 mil bolívares en una semana. Antes a las 10 a.m., ya había terminado tres sacos ahora apenas uno, dijo Pedro González, vendedor de jugos.

En la acera de enfrente, Dilson Soto vende cachapas con queso y jamón a Bs 1.600 y asegura que muchos prefieren esta opción a comprarse una empanada que cuesta más de mil bolívares. Y en la panadería más cercana hay que tener Bs 5.600 para comerse un pastelito y un café. "Yo tengo nueve años aquí y en los últimos tiempos hay muchas caras nuevas, personas que buscan ganarse la vida ofreciendo opciones para las mañanas".

Uno de ellos es Mario Rivera Peláez, vecino de La Pastora, quien llega a la Urdaneta cuando todavía está oscuro con tres termos de 22 litros llenos de avena, fororo y peto, que vende en vasos de Bs 800, 1.000 y 1.300.

"Yo soy albañil y plomero pero se puso difícil conseguir los materiales y hace dos años comencé con esto. Llego a las 4:30 a.m. y a las 9:30 ya me estoy yendo. Es un trabajo duro, nos paramos a la 1 a.m. para preparar los cereales, el maíz lo sancochamos el día anterior, ofrecemos un producto de calidad, asegura Rivera.

Víctor Sánchez, encargado de la panadería Lirios en San Bernardino, reconoce que el lugar dejó de ser esa suerte de ágora donde los vecinos se encontraban. "El ambiente está caldeado y es más fácil discutir por nada. El primer estrés de la mañana es la cola para el pan, las señoras mayores llegan temprano y empiezan a dar vueltas".

El 90% de la harina la destinan al pan regulado, "se hacen menos cachitos, pan sobado, de maíz, gallego, porque son más costosos. El cliente que venía todos los días ahora viene tres veces a la semana. Otros solo los domingos".

David Oropeza, de la panadería Safari Bakery, recibió el jueves a cuatro proveedores y no hizo pedidos. "Vendemos menos refrescos y otros productos por los precios, el poder adquisitivo mermó. El que se tomaba dos cafés ahora se toma uno. Tenemos 25 clientes fijos que vienen todos los días y están los domingueros que no fallan".

Cada diez días recibimos cien sacos de harina, 90% se destina a las modalidades reguladas y el resto a otras variedades, dijo Víctor Sánchez, encargado de una panadería.
DELIA MENESES