Androide

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Iba a quedar solo de acuerdo a las palabras captadas por su órgano artificial informático auditivo, capacitado para sintetizar sonidos, en la misma frecuencia utilizada por el perro que le ladraba detrás de la puerta, desde el mismo instante en que fue activado en ese lugar. Analizadas esas palabras por su IA (Inteligencia Artificial) concluía que para poder seguir bajo techo, "tendría que ganarse la vida".

La frase de “ganarse la vida” la había oído en varias ocasiones en su corta vida. Precisamente en este mismo instante la volvía a escuchar, cuando alguien debatía, con otro alguien, en algún lado de la estancia en que se encontraba, sobre el qué hacer con un robot.

De acuerdo a su predeterminación cognoscitiva, y verificando el tono de la voz de los que intercambiaban palabras, su sistema nomotético-cibernético le informaba, que se trataba, de un humano macho y un humano hembra.

-¡No puedo desconectarla como lo propones! —dijo el hombre con voz grave y forzada sonrisa—. Después de activados los androides, no pueden ser apagados, sería casi como cometer un asesinato. Con los días, llegan a ser totalmente racionales, es un proceso como el de los niños a medida que crecen, pero en este caso, más rápido en el tiempo relativo a un humano.

—¡Me tienen sin cuidado esas cualidades!. ¡Para mí son cincuenta kilos de chatarra! —dijo la mujer mirando al hombre con hostilidad.

—Deja la terquedad y escucha, no es tan sencillo abandonarla así no más —se lo dijo un poco irritado—. Si no fuera por sus componentes artificiales podríamos afirmar que estamos ante un semejante.

—¡Vaya desatino! ¿¡Semejante!? ¡Yo soy mucho más bonita y con una pequeñísima diferencia, que soy de carne y hueso! —se lo dijo con hosquedad.

El hombre desconcertado, por un momento con el argumento, no se amilanó y continuó esgrimiendo razones, para ver si podía convencer a la mujer de llevar con ellos al valioso ejemplar robótico "humanoide", recluido en el sótano.

—La relación con el medio les da experiencia. Su sistema lógico formal integrado les permite desarrollar cada vez criterios iguales o superiores a los nuestros. Además el contrato con el estado, regulador de las actividades de los constructores y los derechos de los androides, no lo permite. La fuentes de poder de estos milagros pueden durar lo mismo que la edad promedio de los humanos, ciento veinte años, hay que esperar a que se extingan, algo parecido a morir de viejos— remató el hombre con aire docto.

—¡Pues de todas maneras con nosotros no va… y no me convencen tus argumentos científicos!… además no cabe en el aerodeslizador —aportó la mujer con voz agria y segura— los vehículos aéreos son estrechos, además Bruno le ladra sin parar por debajo de la puerta. Los perros presienten el peligro… el pobre animal está cada vez más nervioso —le enrostraba al marido, mientras el androide, escuchaba y analizaba desde el sótano, las palabras emitidas por la pareja humana.

Al androide, su complejo proceso cognoscitivo, le permitió concluir, sin lugar a dudas, consultando en "la nube" miles de informaciones sobre discusiones de parejas alrededor del mundo, que la mujer acabaría imponiendo su criterio, y quedaría a la deriva.

Al hombre le habían ofrecido una plaza en la capital con un magnífico sueldo. La empresa Space X estaba reclutando, por orden de la filial del distrito norte, a los expertos en el importante ramo de la Robótica, en todo el orbe. Tenían que partir de inmediato y no había tiempo de solucionar el problema relacionado con el robot. Por lo tanto tendría que abandonarlo a su suerte. En el fondo confiaba en que la inteligencia, con que fue dotado, le permitiera encontrar una salida favorable a la situación en que iba a quedar.

Dándose por vencido, con el dolor del alma y ante la prisa de marchar, le hizo señas a la mujer, llevándose el dedo índice a los labios en el sentido de hacer silencio, de que se dirigieran al garaje donde se encontraba el aerodeslizador. Como unos delincuentes, que huían del lugar del crimen, se precipitaron dentro del vehículo. El hombre de inmediato introdujo, en la pantalla digital de mando, el plan de vuelo. En silencio, el aparato se elevó rápidamente a la altura autorizada, perdiéndose en la distancia.

Ante el abandono evidente, el cibernético pensamiento concientizaba al androide, de que no podía quedar a la intemperie, y que tampoco podía permanecer en ese sótano húmedo, sin peligro de oxidar sus delicados circuitos nanoeléctricos . La información que tenía acumulada en su sistema cognoscitivo se unía a otras funciones del pensamiento artificial para tratar de dar con una solución correcta. La conclusión lógica aflorada, después de un ligero recalentamiento de su procesador, fue que, la única manera de obtener un nuevo techo y evitar los peligros en que se vería abocado en la calle, sería buscar actividad en lo que era su especialización de origen: cantar y bailar.

El joven dueño del sitio de diversión, apenas tuvo frente a él, esa bella cara, adornada con unos grandes ojos de color violeta, cabello de fibra de grafeno y cuerpo curvilíneo perfecto, quedó de inmediato en "shock" y prendado del solicitante de la plaza laboral, anunciada en un cartelito fijado en la puerta de acceso del lugar. La IA (inteligencia artificial) al observar los gestos en el rostro masculino frente a él, de inmediato "intuyó" que estaba ante la solución del problema, que lo había llevado hasta ese lugar.

Ante la solicitud de trabajo el hombre le dijo de inmediato, con la solemnidad que exigía el momento:

—¡Muéstreme que es lo que sabe hacer!

El robot cantó y danzó como una diosa. Eran habilidades propias de su formación predeterminada y susceptible de ser perfeccionada posteriormente por su propia capacidad de reproducir y fijar pensamientos.

Para rematar el momento lúdico, sin igual, el robot interpretó la melodía de moda que un cliente pidió en esos momentos y la bailó como nadie, en el mundo de los humanos, sería capaz de hacerlo.

Un emocionado abrazo del impresionado joven, motivó al androide un gesto con los labios, como si sonriera. En lo más profundo de su sistema cibernético se analizaban, se creaban, se reproducían nuevos pensamientos y sentimientos complejos. Nuevas ideas surgieron ante la situación que le explicaba que por ahora estaría a salvo de la intemperie.

Luis Tejada Yepes

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