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domingo, 18 de junio de 2017

Así mismo morirá el Sol

Una imagen tomada por el telescopio espacial Hubble muestra el colorido último adiós de una estrella de tipo solar


Nebulosa planetaria NGC 2440, formada tras la muerte de una estrella que perdió sus capas de gas exteriores - NASA, ESA, and K. Noll (STScI)1EUROPA PRESS

Dentro de unos 5.000 millones de años el combustible del Sol se agotará. Cuando eso ocurra, se despojará de las capas exteriores de gas, que formarán un capullo alrededor del núcleo restante de la estrella.

La luz ultravioleta de la estrella moribunda hará que la materia de los alrededores brille, y los restos del Sol se convertirán en una enana blanca, un punto luminoso en el centro.
Esto es lo que el telescopio espacial Hubble, de la ESA y la NASA, ha fotografiado y publicado. Pero antes de que la muerte del Sol se cumpla, lo ha fotografiado en una estrella similar a él y más avanzada de edad. Se trata de NGC 2440, una nebulosa planetaria.

La Vía Láctea está llena de estas reliquias estelares. Aunque su nombre de nebulosas planetarias lleve a engaño, en realidad estos objetos no tienen nada que ver con los planetas. Los astrónomos de los siglos XVIII y XIX las llamaron así porque a través de pequeños telescopios se parecían a los discos de los planetas distantes Urano y Neptuno.

La nebulosa planetaria en esta imagen se llama NGC 2440. La enana blanca en su centro es una de las más calientes conocidas, con una temperatura superficial de más de 200.000 grados Celsius. La estructura caótica de la nebulosa sugiere que la estrella derramó su masa de forma episódica.

Parece ser que durante cada explosión, la estrella expulsó material en una dirección diferente. Esto se puede ver en los dos lóbulos en forma de pajarita.

La nebulosa es también rica en nubes de polvo, algunas de las cuales forman largas rayas oscuras en dirección opuesta a la estrella. NGC 2440 se encuentra a unos 4.000 años luz de la Tierra en la dirección de la constelación austral de Popa, informa la NASA.

El material expulsado por la estrella ilumina con diferentes colores dependiendo de su composición, su densidad y lo cerca que está a la estrella central caliente. El azul revela helio; el azul-verde oxígeno y el rojo nitrógeno e hidrógeno.

Las estrellas nacen, crecen y mueren. Aparecen en algunos brazos de galaxias espirales, cuando enormes acumulaciones de gas se condensan y se agrupan en protoestrellas. Dentro de «estos bebés», el gas alcanza tales presiones y temperaturas que el «corazón» de las estrellas se enciende. En ese momento las reacciones de fusión nuclear comienzan a quemar hidrógeno y permiten que la estrella brille y libere enormes cantidades de energía.

Desde entonces se inicia una vida de miles de millones de años de lucha: por una parte la energía que libera la estrella pugna por expandir la materia acumulada en la estrella, por otro lado, la gravedad trata de impedirlo. Pero, cuando el combustible principal de la estrella se agota, la estrella se apaga y la gravedad se impone. Esto provoca que la estrella se «derrumbe» y acabe estallando, o que se convierte en un gran bloque sólido extremadamente caliente.

La Agencia Espacial Europea (ESA)  publicó  la que podría ser la fotografía de un Sol moribundo, dentro de unos 5.000 millones de años. Tomada por el Telescopio Espacial Hubble, la imagen muestra la nebulosa planetaria K 4-55 (a 4.600 años luz de la Tierra), en los restos de lo que una vez fue una estrella tan radiante como el Sol. De hecho, los astrofísicos consideran que tiene una masa muy similar a la solar, por lo que creen que al observarla se puede pensar perfectamente que el Sol tendrá un aspecto parecido cuando le llegue su hora.

En concreto, a través de una superposición de tres imágenes distintas, se ve cómo la estrella libera varias de sus capas externas y deja a su núcleo desnudo, enfriándose lentamente y convirtiéndose en una enana blanca. En la imagen, tomada el 4 de mayo de 2009, el color rojo corresponde al gas de nitrógeno, el verde al de hidógeno y el azul al de oxígeno.

Cuando eso ocurra con el Sol, en la Tierra no habrá nadie para contarlo. Antes de esa etapa de liberación de las capas externas, las estrellas moribundas similares al Sol se hinchan y se convierten en gigantes rojas. El problema es que, en el caso del Sistema Solar, el Sol se «inflará» tanto que su superficie no solo tocará y arrasará la Tierra, sino que incluso llegará al lejano Júpiter.

Durante esta fase, que dura «solo» unas decenas de miles de años, el Sol se deshilachará y perderá gran parte de su masa. Atrás quedará su núcleo, compuesto de carbono, y una nebulosa gaseosa. La energía remanente, ionizará y «encenderá» este gas, y se formará una nebulosa planetaria, mientras que el cuerpo principal quedará convertido en un bloque caliente y denso.