Cyborg

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James Bourke era el gerente general de una empresa de especulación bursátil.  Además de James, el negocio lo manejaban dos androides, dotados con un programa matemático de solución de problemas, y con criterio, por lo tanto “sabían” cuando parar, en cuanto a compra o ventas de acciones, en razón de las fluctuaciones del mercado, sin los sentimientos de los humanos, sin vacilaciones psicológicas por los reveses pasados y sin necesidad de estar revisando o actualizando los datos, pues estos los recibían directamente en el sistema "consciente" con el que fueron dotados. Algo que permitía al hombre dedicarse a otras tareas y disfrutar de los grandes beneficios de la empresa, sin distracciones y preocupaciones por los resultados del negocio, ya que los androides eran capaces de trabajar con mayor  efectividad, que los humanos, durante las 24 horas del giro terrestre sobre su eje.

James era un hombre alto, cara cuadrada, musculoso y motilado al rape. Lo más parecido a un personaje de historietas de espías. Participó en la guerra, que asoló el mundo, durante la década del 2060,  conocidas como las guerras del agua y fue participe del tratado de paz, que terminó en la agrupación del mundo bajo el Gobierno Universal.

La nave que lo llevaba a la colonia lunar, tuvo una falla fatal al momento del aterrizaje en el satélite y explotó. Accidente que está en investigación, pues se rumorea de un sabotaje, debido a su papel jugado en los acuerdos de paz. Entre los restos del aparato fue encontrada  la mitad  del cuerpo, para ser más específicos, el tronco con algunos órganos intactos, pero para asombro de todos los que participaron en su rescate, su cerebro "vivo". Gracias a técnicas de oxigenación, se le mantuvo así.  

Los órganos, de su vapuleado cuerpo, fueron cultivados con técnicas de avanzada, consistentes en tomar los restos y retirarles la materia orgánica, dejando solo el “andamiaje” fibroso que les daba forma y en un medio de colágeno, se le inyectaban células madres, provistas por el banco de células familiar. Con los días estas  se reprodujeron y llenaron los espacios de cada uno de los órganos en reconstrucción. Los huesos rotos, en su totalidad, se cambiaron por piezas artificiales, compatibles con el sistema muscular, también recuperado con técnicas de cultivo en laboratorio y procedimientos utilizados en la producción de los androides. 

Lo más espectacular de James Bourke era el sistema muscular que le fue implantado. Construido con biomaterial que imitaba a la perfección los músculos humanos. Liberaban energía y consumían oxígeno en respuesta de un estímulo provocado por su sistema nanoelectrónico. Desde hacía muchos años se había venido experimentando, con diferentes nanopartículas provenientes de polímeros ultrarresistentes combinados con el carbono, lográndose un material flexible que se estiraba y contraía ante los estímulos eléctricos de su propio cerebro.

El reproducir los músculos en cada una de las funciones en el cuerpo humano: bíceps, tríceps, dorsales, tan eficientes como los naturales, se abrió el camino para la construcción de organismos cibernéticos idénticos a los seres humanos. Y algo muy importante, su carácter eléctrico, posibilitaba hacerlos tan fuertes como se quisiera, lo mismo que sus componentes esenciales derivados del grafito.

Si no fuera por su cerebro humano, James Bourke estaba a la altura de un androide, tanto por su intelecto como por la fuerza física. Debido a sus conocimientos y al resultado de la reconstrucción corporal. A pesar de que psiquiatría se había interesado por la historia  del importante personaje, sus recuerdos llegaban al momento del hallazgo despedazado, entre los restos de la nave lunar. 

Luis Tejada Yepes

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