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jueves, 1 de junio de 2017

El Instituto SETI puso sus «orejas» en Trappist 1 tras el hallazgo de los primeros planetas

Astrónomos ya buscaron señales de vida inteligente en el nuevo sistema solar

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El nuevo sistema solar anunciado por la NASA, que alberga siete pequeños mundos del tamaño de la Tierra -tres de ellos en zona habitable-, ya fue el objetivo del Instituto SETI, encargado de buscar señales de vida inteligente fuera de nuestro mundo. Y como viene siendo habitual, en su momento los científicos del SETI obtuvieron cero resultados. En definitiva, el sistema Trappist-1 no parece albergar civilizaciones con capacidad de transmisión de señales de radio.

Al menos esa fue la primera conclusión del instituto, que en 2016 dirigió su radiotelescopio Allen hacia este sistema cuando se localizaron los tres primeros planetas en torno a esta pequeña estrella enana roja a 40 años luz de distancia.

En un comentario en la web de esta entidad, su director, el astrónomos Seth Shostak, explicaba que se observaron los alrededores de Trappist-1, escaneando a través de diez mil millones de canales de radio en busca de señales. No se detectaron transmisiones, pero nuevas observaciones están a la vista.

¿Hasta qué punto fue sensible esta búsqueda? Suponiendo que los supuestos habitantes de ese sistema solar puedan utilizar una antena transmisora tan grande como el radiotelescopio FAST de 500 metros en China para transmitir sus mensajes a nuestra manera, entonces el Allen Array podría haber encontrado una señal si los extraterrestres usaran un transmisor con 100 kilovatios de potencia o más. Esto es sólo diez veces más potente que el radar en un aeropuerto local.

«Tenga o no habitantes Trappist-1, su descubrimiento ha subrayado la creciente convicción de que el Universo está repleto de lugares en los que la biología podría surgir y florecer. Si todavía piensas que el resto del Universo es estéril, probablemente estés equivocado», comentaba Sohstak.

Así, estimaba que las oportunidades de vida en el sistema Trappist 1 hacen que nuestro propio sistema solar parezca de cuarto nivel. La vida podría no surgir en los siete mundos, pero si solo uno de ellos generara biología, las colisiones con pequeños asteroides podrían propagar esa «infección» a los otros mundos en el corto plazo. Y si incluso un solo planeta eventualmente produjera seres técnicamente competentes, esa especie podría dispersarse rápidamente.

Un imperio de planetas

Este no es el mismo desafío que enfrenta la humanidad para colonizar nuestro propio Sistema Solar. «El tiempo de viaje entre mundos en el sistema Trappist-1, incluso suponiendo que los cohetes no sean más rápidos que los construidos por la NASA, sería agradablemente corto. Nuestra mejor nave espacial podría llevarte a Marte en 6 meses. Mientras, trasladarse entre planetas vecinos de Trappist-1 llevaría un fin de semana», comenta en relación a la proximidad entre los planetas y la de éstos con su débil estrella.

«En otras palabras, es fácil y tentador imaginar un imperio multi-mundo surgiendo en este sistema estelar, una pequeña federación de planetas en nuestro patio trasero cósmico», afirma.