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domingo, 18 de junio de 2017

Irritabilidad, mal genio, cólera y desafíos extremos son características que pueden evidenciar la presencia de bipolaridad en algunos niños.


Trastorno bipolar puede comenzar en la infancia

El trastorno bipolar en niños puede describirse con cuatro grandes características de acuerdo con las clasificaciones internacionales de enfermedades psiquiátricas regidas por el DSM-5 y estudios realizados en Harvard por Wozmak y colaboradores.

Estas son: niños irritables, coléricos, malgeniados, irrespetuosos, amenazantes y muy enérgicos. En segundo lugar, suelen tener explosiones afectivas, cargadas en algunos casos de irritabilidad. La tercera, sería niños inatentos, acelerados, con exceso de risa incontrolada. A veces llegan a ser los “payasos” de la clase. El cuarto, sería el aspecto depresivo: niños duros consigo mismos, con tendencia autodestructiva e incluso suicidas y muchas veces incluyen autolesiones, pueden tratar de dañarse el cuerpo, incluyen el desafío extremo en el episodio maníaco, explica el psiquiatra Ramón Argenis Damas.

En cuanto a la gestación de la enfermedad, hay una base muy importante que radica en la genética. Esta suele ser predominante en muchos casos, pero también existe un causante biológico, de cambios de neurotransmisores, comprobado científicamente.

Además, se halla la base psicosocial, es decir, depende de lo que viva el individuo en el ámbito ambiental. Los traumas que presente durante el inicio de su vida pueden repercutir y llegar a ser determinantes en la bipolaridad.

El riesgo de presentarlo aumenta por los antecedentes de los padres, además de los ambientales y psicosociales. Una de las referencias más enfatizadas por autores estudiosos de la condición mental, es algún trauma en la infancia temprana. Puede tratarse de abuso sexual en niños o maltrato físico y psicológico en el ámbito familiar.

La preocupación de los padres que tienen hijos con una enfermedad mental de este tipo, radica en la posibilidad de llevar una vida “normal”. En la medida en que se haya hecho un buen diagnóstico, se indique el tratamiento correcto y exista apoyo familiar, escolar, puede que logren estar más estables. Habrá reducción de la severidad, de la frecuencia y de la duración de los episodios.

Los niños deben permanecer incorporados a sus entornos después de los episodios agudos y mejorar la interacción social, actividades y contactos con los demás, que el individuo pueda llegar a perder.

Sin embargo, algunos investigadores describen ciertas evoluciones como irregulares, en las que el funcionamiento social está comprometido, que incluye: dificultades en la autoestima, en el rendimiento académico, y una gran inestabilidad emocional. Esto sucede cuando no se cumplen todas las indicaciones del tratamiento, que no solo se refieren al uso de fármacos, con estabilizadores del humor y en algunos casos, antipsicóticos atípicos en bajas dosis. También corresponde al tratamiento de la familia, el apoyo del entorno escolar en el que se plantean las evoluciones en el niño, y se orienta a los compañeros para crear un ambiente de tolerancia en un aula donde hay niños regulares, sin el trastorno, 
PATRICIA BAVUTTI