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jueves, 8 de junio de 2017

Kim Jong-un lanza una salva de proyectiles anticrucero que recorren 200 kilómetros, la quinta desde que el nuevo presidente surcoreano ganó las elecciones hace un mes.


Corea del Norte dispara nuevos misiles tras paralizar el Sur el escudo de EE.UU. para un estudio medioambiental

Imagen de archivo del lanzamiento de un misil por parte de Corea del Norte

Justo un día después de que Corea del Sur detuviera para un estudio medioambiental el despliegue del escudo antimisiles que Estados Unidos está instalando en su territorio, el régimen estalinista del joven dictador Kim Jong-un ha disparado este jueves una nueva salva de proyectiles. Según informa la agencia de noticias Yonhap, el Estado Mayor surcoreano detectó que Pyongyang lanzó «varios proyectiles no identificados, supuestamente misiles tierra-mar, esta mañana en dirección al Mar del Este desde los alrededores de Wonsan, en la provincia de Gangwon».

Dicha ronda de misiles anticrucero, que volaron unos 200 kilómetros antes de caer al agua sin causar ningún daño, es la quinta desde que el nuevo presidente surcoreano, Moon Jae-in, tomara posesión tras ganar las elecciones el 9 de mayo. Aunque Moon está intentando rebajar la tensión apelando al diálogo, Kim Jong-un ha respondido a su oferta acelerando sus ensayos de misiles, que ya van a uno por semana.

Además, Corea del Norte ha mejorado sus proyectiles, como demostró el pasado 14 de mayo al lanzar un cohete más potente que salió al espacio y volvió a reentrar en la atmósfera sin desintegrarse. Bautizado por el régimen como Hwasong-12, este misil podría en teoría volar unos 4.000 kilómetros, por lo que tendría a tiro la base estadounidense de Guam en el Pacífico. La propaganda norcoreana asegura que dicho proyectil puede cargar una cabeza nuclear, pero los expertos no creen que Pyongyang tenga ya una tecnología tan avanzada.

En lo que sí coinciden, sin embargo, es en la mejora del programa de misiles norcoreano, que tiene como objetivo dotarse de un proyectil nuclear capaz de golpear a EE.UU. para disuadir así a Washington de un posible cambio de régimen. «Los avances en los seis últimos meses nos han causado una gran preocupación», reconoció el miércoles el vicealmirante James Syring, jefe de la Agencia Defensiva de Misiles, ante un comité del Congreso estadounidense, informa Yonhap. A su juicio, «es obligatorio que asumamos que Corea del Norte puede alcanzar hoy EE.UU. con un misil intercontinental cargado con una ojiva nuclear». Con el fin de defenderse de esa amenaza, aseguró que «todo lo que estamos haciendo planea esa contingencia y se suma a anticiparse a cómo pueda evolucionar, a lo que sea posible en los próximos cinco o diez años».

Debido a las constantes provocaciones de Kim Jong-un, en el Pentágono no debe de haber sentado nada bien la decisión de la Oficina Presidencial surcoreana de detener el despliegue de su escudo antimisiles, denominado THAAD por sus siglas en inglés. Con el fin de estudiar su impacto medioambiental, la Casa Azul anunció el miércoles la paralización de cuatro lanzaderas de misiles que se iban a unir a las dos ya instaladas por EE.UU. en la aldea de Soseongri, perteneciente al condado de Seongju y enclavada en el centro de Corea del Sur.

Aunque la Oficina Presidencial no retirará las dos baterías ya existentes y permitirá las otras cuatro cuando termine el informe medioambiental, la medida es un revés para Washington y su nueva política con el régimen de Pyongyang. Liquidando la «paciencia estratégica» que abanderara Obama, el nuevo presidente estadounidense, Donald Trump, ha redoblado sus advertencias a Corea del Norte para que detenga sus ensayos nucleares y de misiles. Además, aceleró la instalación del escudo para que estuviera operativo a finales de abril, justo antes de las elecciones en el Sur.

Asociado por la opinión pública a la anterior presidenta Park Geun-hye, destituida por corrupción, el THAAD ha dividido a la sociedad y a la clase política surcoreana. Tal y como comprobó este corresponsal durante una visita a Soseongri el mes pasado, justo después de las elecciones, los vecinos de esta bucólica aldea y del condado de Seongju se han movilizado en masa contra el escudo antimisiles. Bajo una fuerte vigilancia policial, los manifestantes han montado un campamento a las puertas del campo de golf donde se está desplegando este sofisticado sistema defensivo, que tiene como misión interceptar los misiles del Norte que supongan una amenaza para el Sur. Pero el THAAD se ha encontrado una fuerte oposición social porque sus detractores argumentan que, debido a su ubicación en el centro del país, solo protegerá a EE.UU. y a sus bases militares. Además, sería inútil contra la lluvia de misiles Scud que, en caso de guerra, el Norte podría disparar sobre Seúl, a solo 56 kilómetros de la frontera del Paralelo 38.

A pesar de estas voces críticas, «EE.UU. confía en que la postura oficial de Corea del Sur sobre el despliegue fue una decisión de la Alianza y no sea revocada», declaró a Yonhap el comandante Gary Ross, un portavoz del Pentágono.

Mientras tanto, en Soseongri celebran como una victoria, aunque sea solo temporal, la paralización del escudo antimisiles. Pero Kim Jong-un sigue respondiendo a la distensión del nuevo presidente surcoreano con más provocaciones.
PABLO M. DÍEZ