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sábado, 10 de junio de 2017

La guerra de las galaxias

Los satélites de comunicación que permiten el funcionamiento de GPS y smartphones también son los ojos y los oídos de los ejércitos actuales
Dos satélites estadounidenses capaces de hacer fotografías tridimensionales del Sol - EPA

Son invisibles y silenciosos y nos observan las 24 horas del día. Los satélites se han convertido en una pieza indispensable en la era tecnológica que vive el hombre actual. Están detrás del funcionamiento de los «smartphones», cajeros automáticos, televisiones y predicciones meteorológicas, y las señales de los GPS tienen aplicaciones tan diversas como la navegación de barcos, aviones y coches, el trabajo de los granjeros en los campos o el funcionamiento de las redes eléctricas.

Esto les convierte en uno de los recursos más valiosos de cualquier estado contemporáneo. Pero por si fuera poco, los satélites son los ojos, los oídos y el sistema nervioso de los ejércitos modernos. Actualmente, son los que dirigen los bombardeos de la coalición contra objetivos del Daesh. Se usan para permitir la comunicación con las tropas, hacer labores de inteligencia y reconocimiento, volar drones y guiar a las armas hacia sus blancos. Pero, con la llegada de 60 naciones al espacio que rodea la Tierra, los expertos alertan del riesgo de que estalle una carrera de armamentos y al final una guerra en el espacio que tendría unas consecuencias imprevisibles.

«El poderío espacial es tan importante para la nación como lo es el poderío terrestre, naval y aéreo», dijo el Ministro de Defensa de Estados Unidos, William Cohen, en un informe anual al Presidente y al Congreso en 1998. Desde entonces, y con el surgimiento de Europa, China y Rusia como potencias espaciales, la importancia del espacio para los militares no ha hecho más que aumentar. Aunque tanto China como Estados Unidosdefienden en teoría que se haga un uso pacífico y compartido del espacio, la carrera espacial china es hoy en día un objetivo estratégico y una fuente de prestigio para este país. Tal como escribe David Corral en «Un espacio en conflicto», un artículo publicado en junio de 2014 en la «Revista de aeronáutica y astronáutica», desde 2014 China tiene como objetivo aumentar sus capacidades ofensivas y defensivas en el espacio para alcanzar en el futuro la superioridad espacial, «zhi tian quan», en chino mandarín.
Los expertos alertan del riesgo de que estalle una carrera de armamentos con la llegada de 60 naciones al espacio

Estados Unidos tampoco parece dispuesto a ceder ni un ápice en su terreno. «Sin el espacio, el ejército de Estados Unidos volvería al nivel de la Segunda Guerra Mundial», dijo el general John Hyten, en el documental «The Battle Above» (la guerra sobre nosotros), emitido por CBS News el pasado 26 de abril. Este general es una buena prueba de la gran importancia que tiene el espacio en la política de Estados Unidos.

Actualmente, dirige «US Space Command», una de las ramas de las fuerzas aéreas estadounidenses que tiene como objetivo la protección de los intereses del país en el espacio y que cuenta con unos 38.000 efectivos. Junto a otras agencias e iniciativas, el Pentágono destina unos veinticinco mil millones de dólares cada año a explotar el espacio como recurso estratégico y militar, más de lo que se lleva la todopoderosa NASA.

Pero esta organización no está sola ahí arriba. Aunque Estados Unidos mantenga la hegemonía en el espacio, con 500 satélites en órbita y 30 más cada año, las otras grandes potencias espaciales, Rusia, China y la Unión Europea, mantienen otros 500.
EE.UU. dedica cada año 25.000 millones de dólares a explotar el espacio como recurso estratégico y militar

Pero la más preocupante para los norteamiercanos es China. El motivo es, tal como escribe David Corral, que este país «ha logrado contar con una extensa flota de satélites de todo tipo, un programa tripulado, una estación espacial (la Shenlong) y los cohetes para llevar a todos ellos con garantías a sus destinos».
Ataques con misiles

Estadounidenses y chinos han puesto a prueba su capacidad de atacar blancos en el espacio, incrementando el acuciante problema de la basura espacial: una explosión de un satélite provoca una enorme cantidad de residuos espaciales que puede caer a la Tierra y destruir otros artefactos que estén en órbita. Esto ocurrió en 2007, cuando los asiáticos derribaron a un satélite propio, el Fengyun-2, en una «prueba científica» que para otras potencias fue más bien una prueba militar.

Los ensayos posteriores de los chinos, demostraron su capacidad de impactar a blancos situados a 30.000 kilómetros de distancia (la Estación Espacial Internacional está a poco más de 300 kilómetros), lo que amenazaría a los satélites que funcionan como oídos y ojos en tiempo de guerra. «Creo que serán capaces de amenazar a cada régimen orbital en el que operemos», explicó el general Hyden. «Ahora tenemos que pensar cómo defenderemos esos satélites, y vamos a hacerlo», aseguró en el documental.
Los satélites que permiten el funcionamiento de GPS, smartphones también son los ojos y los oídos de los ejércitos actuales

La solución en la que trabajan pasa por hacer satélites maniobrables para evadir ataques, en mejorar su protección frente a armas e interferencias y mejorar los sistemas de detección. Estados Unidos además cuenta con naves experimentales, como el X 37, para volar en el espacio y lanzar satélites, hacer operaciones de mantenimiento y, por qué no, quizás en el futuro portar armamento.

Por su parte, China tendrá su propia red de GPS en 2020 (Europa también sigue este objetivo con el programa Galileo) y se sospecha que están trabajando en sistemas para capturar satélites o destruirlos. El Pentágono también teme la realización de ciberataques, por parte de tropas o incluso redes civiles, que en ocasiones ya se han hecho con el control de satélites de la NASA durante cierto tiempo.

Sea como sea, lo cierto es que la vasta región del espacio próximo a la Tierra está lejos de ser un lugar tranquilo. Aún no están definidas las reglas de este nuevo escenario, y apenas un par de tratados internacionales ponen coto al uso de armas en la región. La Unión Europea ha propuesto un Código Internacional de Conducta para las Actividades en el Espacio Exterior para controlar la generación de basura espacial, evitar la aglomeración de satélites, las colisiones destructivas y la saturación de las radio-frecuencias, pero aún no ha sido ampliamente aceptado. Si la tecnología sigue avanzando, y no le sigue una regulación legal, quizás se llegue a la «Star Wars», el escenario de carrera de armamentos que surgió cuando el presidente Reagan anunció la creación de un escudo anti-misiles en plena Guerra Fría.
GONZÁLO LÓPEZ SÁNCHEZ