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Gran parte de la información sobre este caza de quinta generación aún se mantiene clasificada. Evgeny Biyatov / Reuters Síguenos en Facebook...

jueves, 29 de junio de 2017

Millones de antiguas galaxias, que los investigadores creían casi extinguidas, podrían en realidad «seguir vivas» y permanecer ocultas a la vista tras densos «escudos de estrellas»

¿Y si la Vía Láctea tuviera otra galaxia dentro?


El hallazgo se acaba de pulbicar en The Astrophysical Journal -

No estaban muertas, sino escondidas. Millones de antiguas galaxias, que los investigadores consideraban casi extinguidas, podrían en realidad «seguir vivas» y permanecer ocultas a la vista tras densos «escudos de estrellas» robados a otras galaxias. Incluso la Vía Láctea, nuestro hogar espacial, podría «llevar dentro» una de estas galaxias antiguas. El hallazgo se acaba de publicar en The Astrophysical Journal.

Los astrónomos hallaron que en el Universo más joven y distante se daba un misterioso exceso de galaxias esféricas compactas. Dichas galaxias, que suelen tener cerca de un tercio del tamaño de las que, con la misma forma y masa, podemos ver aún a nuestro alrededor eran, en efecto, muy abundantes hace unos 11.000 millones de años, pero escasean mucho en la actualidad. De hecho, el Universo cercano está dominado por grandes galaxias elípticas (cúmulos gigantes de estrellas y sin apenas estructura) y por espirales como nuestra propia Vía Láctea.

«Pensábamos que prácticamente todas las galaxias esféricas compactas habían desaparecido del Universo -afirma Alister Graham, de la Universidad Swinburne de Tecnología en Melbourne, Australia-. De hecho localmente encontramos muy pocas de ellas, apenas un puñado».

Igual que los dinosaurios desaparecieron de la Tierra tras una colisión cósmica, las simulaciones informáticas muestran que estos «dinosaurios galácticos» del Universo temprano fueron eliminados por medio de fusiones y colisiones de unas galaxias contra otras. Y son muchos los astrónomos que piensan que esa es la razón de la discrepancia entre su antigua abundancia y su actual escasez.

Sin embargo, la idea de las colisiones tiene un problema: si realmente hubo tantas fusiones, deberíamos estar viendo aún muchas de ellas orbitándose mutuamente o en ruta de colisión. Cosa que no vemos.
«Se sabe que no se están produciendo suficientes fusiones -afirma Graham-. Se trata de un problema sin resolver».

Graham y sus colegas, sin embargo, creen haber encontrado una explicación. Y cuando echaron un vistazo más de cerca a los censos de galaxias del Universo local, hallaron que muchas de ellas habían sido clasificadas erróneamente. Un análisis más detallado de las imágenes reveló, por ejemplo, que 21 galaxias etiquetadas como grandes nubes tridimensionales de estrellas (elípticas gigantes) eran en realidad discos planos con grandes abultamientos en el centro.

Y esos abultamientos, además, resultaron tener, en palabras de Graham, «exactamente la misma masa y forma compacta que las galaxias típicas del Universo temprano». Lo cual sugiere que muchos de los esferoides compactos que se creían desaparecidos podrían estar en realidad ocultos y haber desarrollado un disco, probablemente robando hidrógeno y estrellas a las pequeñas galaxias de los alrededores, pero sin haberse fusionado con ninguna de su mismo tamaño.

«La compacta esfera de estrellas original sigue estando prácticamente intacta en el centro -asegura Graham-. Y oculta a la vista». Los astrónomos que clasificaron esas galaxias fueron engañados, porque a menos que se vean de canto desde nuestra posición, pueden parecer perfectamente nubes irregulares de estrellas.

Los resultados sugieren que en realidad el número de antiguas galaxias esféricas en el Universo local es unas mil veces superior al que se creía hasta ahora. Lo cual, esta vez sí, concuerda con el número de galaxias esféricas del Universo primitivo.

Pero Graham va más allá. Y sostiene que por lo menos una parte del bulbo central de nuestra propia galaxia pudo, en otro tiempo, haber sido una de esas galaxias compactas. Después, el propio disco formado a su alrededor también contribuyó con estrellas al crecimiento del bulbo central.

La idea, hasta el momento, no se le había ocurrido a nadie. Solo falta que otros astrónomos la apliquen a sus propias investigaciones y comiencen a mirar alrededor de una forma completamente nueva.
JOSÉ MANUEL NIEVES