Varios estudios han descubierto diferencias anatómicas, químicas y funcionales entre los cerebros de hombres y mujeres.

¿Hay diferencias entre el cerebro femenino y masculino? Una investigación reciente cuestiona el fundamento de esos clichés




Se han hallado variaciones en regiones implicadas en el lenguaje, la memoria, las emociones o la forma de orientarse, entre otras. Y de ahí han surgido creencias sobre diferencias en determinadas capacidades. No hay que olvidar que se trata de diferencias estadísticas, que utilizan parámetros como la media o la moda (el valor más repetido) para estandarizar esas discrepancias, que parecen indicar que, en promedio, hombres y mujeres difieren en determinadas estructuras.

Pero también otros estudios han indicado que dentro de cada género las diferencias son muy grandes. Como ejemplo, las diferencias en la facilidad para el cálculo matemático entre las mujeres puede ser mayor que la que existe entre hombres y mujeres. Lo mismo puede aplicarse a otras capacidades.

Por otro lado, está aún por determinar si hay relación entre esas discrepancias y la conducta en función del género. Otra cuestión pendiente de verificar es si esas diferencias son innatas o adquiridas por las pautas de educación.

Cordelia Fine, de la Universidad de Macquarie, asegura que “se requiere una buena dosis de escepticismo cuando se trata de estudios que hablan de diferencias entre los cerebros de hombres y mujeres y lo que estas significan”. Y sostiene que son los antiguos estereotipos de género los que sesgan las interpretaciones de los hallazgos encontrados.

Para añadir más controversia a este tema, un estudio publicado hace unos días en PNAS, el primero que mira el cerebro de hombres y mujeres en conjunto, sostiene que no hay cerebros típicamente femeninos o masculinos. En realidad, destacan los investigadores, el cerebro humano es un mosaico de características masculinas y femeninas.

La cuestión no está ni mucho menos zanjada, porque en Ciencia no hay dogmas, solo evidencias que puedan ser comprobadas y replicadas por grupos distintos a los que las descubrieron.

Estas son las “presuntas” diferencias frecuentemente destacadas y que han dado pie a libros muy populares, como “La gran diferencia”, de Baron-Cohen, o los dos Louan Brizendine “El cerebro femenino” y “El cerebro masculino

Jill Goldstein, de la Facultad de Harvard midió, mediante imágenes obtenidas por resonancia magnética, las dimensiones de varias regiones corticales y subcorticales (profundas) del cerebro. Y encontró que determinadas zonas de la corteza prefrontal, sede de las funciones ejecutivas, son más voluminosas en las mujeres que en los hombres.

Como se tiene la creencia de que las diferencias de tamaño de las estructuras cerebrales reflejan su importancia relativa, se podría “deducir” del estudio que en las mujeres estas funciones de planificación, organización y control de impulsos, están más desarrolladas que en los hombres
PILAR QUIJADA

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