China advierte que no tolerará el independentismo en Hong Kong

En el vigésimo aniversario de la devolución por parte del Reino Unido, Xi Jinping aboga por mantener su autonomía, pero insiste en la educación patriótica
La nueva jefa del Gobierno local, Carrie Lam (izda) junto al mandatario chino, Xi Jinping en Hong Kong (dcha) - EFE

Hoy se cumplen veinte años de la devolución de Hong Kong a China por parte del Reino Unido. Un aniversario que se celebra por todo lo alto en esta rica ciudad de siete millones y medio de habitantes, engalanada para la ocasión y blindada bajo fuertes medidas de seguridad por la presencia desde el jueves del presidente de China, Xi Jinping.

En la ceremonia principal de este efeméride, celebrada en el Centro de Congresos y Exposiciones, Xi Jinping ha abogado por mantener el principio de «un país, dos sistemas», que otorga a la antigua colonia británica cierta autonomía y más libertades que al resto del país. Vigente hasta 2047, dicho modelo ha quedado en entredicho en los últimos tiempos por el creciente autoritarismo del régimen chino, contra el que se ha rebelado buena parte de la sociedad hongkonesa, sobre todos los jóvenes.

En medio de esta fuerte polarización, el presidente Xi ha defendido en su discurso que la fórmula de «un país, dos sistemas» es «un buen ejemplo de la inteligencia inclusiva china, que debemos seguir implementando completamente en el futuro». Además de alabar sus virtudes, ha enumerado los beneficios que ha traído porque «Hong Kong es el lugar más libre del mundo para hacer negocios, su economía sigue desarrollándose y su respeto al imperio de la ley y a la democracia no han cambiado».

Pero también ha reconocido que había «problemas de seguridad» y retos por «la falta de consenso social sobre algunos temas políticos», en clara alusión a las cada vez más numerosas voces que demandan sufragio universal para elegir al jefe ejecutivo del Gobierno local, designado por un comité afín a Pekín. La frustración por esta falta de reformas políticas, que estaban contempladas en el acuerdo de devolución hace veinte años, ha espoleado el nacionalismo e incluso el independentismo en Hong Kong. Un anatema para el régimen chino, como el presidente Xi ha dejado bien claro en su discurso.

«Cualquier intento de poner en peligro la soberanía y la seguridad de China, desafiar el poder del Gobierno central y la autoridad de la Ley Básica de Hong Kong, o usar a Hong Kong para llevar a cabo infiltraciones y sabotajes contra la madre patria es un acto que cruza las líneas rojas y no se puede permitir», ha advertido con gravedad.

En su contundente alocución, Xi Jinping también ha abogado por fomentar la educación patriótica para que Hong Kong conozca la historia de China, un plan contra el que se rebelaron los estudiantes en 2012 al tildarlo de «lavado de cerebro». Entre ellos destacaba el joven Joshua Wong, que cimentó entonces su protagonismo político como la voz más combativa por la democracia en Hong Kong, consolidado en 2014 durante la Revuelta de los Paraguas.

Frente las críticas de estos activistas políticos, el presidente Xi ha asegurado que «la educación de los jóvenes debe basarse en el patriotismo» y recomendado a la excolonia beneficiarse de «las oportunidades que brinda el rápido crecimiento económico de China». «La gente debe aprender las oportunidades que ofrece la madre patria», ha recalcado Xi Jinping, quien ha comparado el principio de «un país, dos sistemas» con un árbol. «El país es la raíz, que asegura unos cimientos fuertes y sólidos, y los dos sistemas son las ramas que florecen, que pueden ser distintas», ha explicado su florida metáfora ante la audiencia congregada en el Centro de Congresos y Exposiciones.

Además, ha mostrado su total apoyo a la nueva jefa del Gobierno local, Carrie Lam, quien juró su cargo ante él tras obtener en marzo 777 votos de los 1.194 votos del comité electoral, donde abundan los empresarios que tienen fuertes intereses con China. En todas las encuestas, el favorito del público era el antiguo secretario de Finanzas John Tsang, quien solo logró 365 votos. De ellos, 325 procedían de los miembros pro-democráticos del comité que piden sufragio universal.

Con un discurso en mandarín, frente al cantonés que se habla en Hong Kong, Carrie Lam ha prometido «implementar el principio de ˝un país, dos sistemas˝ y promover una profunda y positiva relación entre el Gobierno central y la región administrativa especial de Hong Kong», además de «actuar con determinación y de acuerdo a la ley contra cualquier acto que mine la soberanía nacional».

Con una experiencia de tres décadas en la Administración, la católica Carrie Lam se ha convertido en la primera mujer en dirigir el Gobierno local de Hong Kong. Ante sí tiene el reto de sanar las heridas que ha dejado la profunda división social entre los localistas y los partidarios del régimen de Pekín, la mayoría de ellos emigrantes venidos del continente que chocan con la comunidad local.

Así se ha visto este sábado en los enfrentamientos entre un numeroso grupo pro-China y una veintena de activistas por la democracia, los mismos que fueron detenidos el miércoles por la noche por una protesta contra la visita del presidente Xi y pasaron más de un día en comisaría. Entre insultos y empujones, la Policía se ha llevado a los activistas mientras los simpatizantes del régimen cantaban loas a China.

Esta tarde, con Xi Jinping ya fuera de Hong Kong tras visitar el puente que se está construyendo a Macao y China continental, una gran manifestación tomará las calles para reclamar plena democracia. Pero el presidente estará ya de vuelta en Pekín.

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