Descienden de jerarcas nazis, responsables de la muerte de millones de personas. ¿Cómo han cargado con el peso de apellidarse Himmler, Göring, Mengele, Hess, Bormann…?

Hijos de nazis: mi papá era el demonio

Descienden de jerarcas nazis, responsables de la muerte de millones de personas. ¿Cómo han cargado con el peso de apellidarse Himmler, Göring, Mengele, Hess, Bormann…? Algunos son filonazis, otros se han esterilizado. Un nuevo libro reconstruye sus trayectorias. Por José Segovia / Fotos: Getty Images y Cordon Press

Sus padres colaboraron en la puesta en marcha de la Solución Final y apoyaron la política expansionista de Adolf Hitler, que desembocó en el estallido de una guerra mundial que causó la muerte a sesenta millones de personas. ¿Ellos son los hijos de los jerarcas del Tercer Reich. Pero cómo sobrevivieron a un pasado familiar tan horroroso? Los que todavía viven ¿se sienten responsables de los actos cometidos por sus padres? Hay quien piensa que, cuando alguien recibe una herencia tan siniestra, le termina influyendo de alguna manera, aunque lo justo es admitir que los descendientes no deben ser responsabilizados por los pecados de sus progenitores.


El ahijado del Führer: Martin Adolf Bormann, hijo de Martin Bormann, uno de los nazis con más influencia en la Cancillería del Reich, fue uno de los ahijados de Adolf Hitler. Tras pasar gran parte de su vida arrepintiéndose de las acciones de su padre, se hizo sacerdote católico y sirvió como misionero en el Congo. Murió en 2013

En su libro Hijos de nazis (La Esfera de los Libros), la francesa Tania Crasnianski cuenta la historia de esos niños y sus reacciones cuando descubrieron el oscuro pasado de sus familias. Algunos de ellos lograron apartarse con firmeza de aquella herencia, como Bettina Göring, sobrina nieta de Hermann Göring, Reichsmarschall del Tercer Reich y mandamás de la Luftwaffe, que decidió esterilizarse a los treinta años para interrumpir el linaje y no engendrar a otro Göring.



Rolf Mengele, hijo del Ángel de la Muerte, el siniestro doctor Mengele, no cree que los genes puedan transmitir la crueldad como herencia. Pero reconoce el terrible peso que supone llevar el apellido de un padre que sometió a presos judíos de Auschwitz a los más atroces experimentos médicos. «Con el propósito de terminar para siempre con su pasado, y por el bien de sus hijos, decidió cambiarse el apellido. En los años ochenta adoptó el de su esposa y se instaló como abogado en Múnich», cuenta Crasnianski.

Rolf Mengele, hijo del Ángel de la Muerte, decidió cambiarse el apellido por el bien de sus hijos

Los seis hijos que tuvieron Magda y Joseph Goebbels no tuvieron oportunidad de enfrentarse a su herencia nazi. Todos fueron envenenados por orden de sus padres poco antes de la caída del Tercer Reich. El único que sobrevivió fue Harald Quandt, el hijo que tuvo la mujer de Goebbels con su primer marido, Günther Quandt. Años después, Harald tuvo una hija (nieta de Magda Goebbels) que se convirtió al judaísmo con veinticuatro años. El hijo de Magda sobrevivió a la guerra y trabajó para reconstruir los negocios de la familia, que sigue siendo la principal accionista de BMW.
Adorar al padre

En su libro, Crasnianski evita juzgar a los hijos de los altos jerarcas nazis. «Es injusto considerarlos responsables de hechos que no han cometido, aunque algunos de ellos no renieguen en absoluto de los actos de sus padres», señala la autora. Lo que sí ha hecho esta abogada criminalista es desvelar cómo se enfrentaron años después a la dura realidad de sus familias, y el resultado es sobrecogedor.
Para celebrar el nacimiento de su única hija, Hermann Göring ordenó que sobrevolaran Berlín quinientos aviones de la Luftwaffe, que estaba bajo su mando. Se convirtió en una asistente legal. Aunque ya no puede ignorar las atrocidades que cometieron los nazis, ella sigue afirmando que Göring fue «un padre magnífico»

Entre los que no se avergüenzan de sus progenitores se encuentran tres mujeres que nunca renegaron de su pasado: Irene Rosenberg, hija de Alfred Rosenberg, ministro de los Territorios Rusos Ocupados; Gudrum Himmler, hija de Heinrich Himmler, Reichsführer-SS; y Edda Göring, hija del comandante en jefe de la Luftwaffe. Las tres adoraban a sus progenitores y los defendieron siempre.

Durante toda su vida, la hija de Himmler aseguró que su padre había sido inocente de los cargos que le imputaban y que el tiempo demostraría la injusticia que se había cometido con él. Pero si ella nunca tuvo remordimientos por la actitud asesina de su progenitor, la sobrina nieta de Himmler, Katrin, sufrió tal sentimiento de culpa que terminó casándose con un descendiente de una familia judía del gueto de Varsovia.

Matthias Göring, sobrino nieto del comandante de la Luftwaffe, se convirtió al judaísmo

Matthias Göring, sobrino nieto del orondo jerarca nazi, se convirtió al judaísmo a los cuarenta años, aunque afirma que su conversión no tuvo nada que ver con la expiación de un pecado: «Existe una culpa espiritual en nuestra familia, en la nación alemana, y es nuestra responsabilidad declararlo abiertamente», matiza Matthias Göring.


Niklas Frank, el hijo menor de Hans Frank, gobernador de la Polonia ocupada, siempre detestó a sus progenitores: a él por su mentalidad corrupta y asesina y a su madre por su falta de empatía y su enfermiza obsesión por la riqueza. Frank da charlas y conferencias sobre los horrores del régimen nazi

Otros no dan demasiada importancia al apellido, aunque no comulguen con la ideología de sus progenitores. Como el caso del arquitecto Albert Speer Jr., hijo del también arquitecto y ministro de Armamento del Tercer Reich del mismo nombre. Otra hija de Albert Speer, Hilde Schramm (el apellido es el de su marido), se distinguió por ayudar a las víctimas del antisemitismo y por sus esfuerzos para que la gente no olvide el Holocausto, por lo que recibió el premio Moses Mendelson de Berlín.

El arqueólogo Ricardo Eichmann, hijo de Adolf Eichmann, uno de los máximos responsables de la Solución Final, reniega de la ideología de su padre. Pero cree que es inútil huir del apellido: «Uno no puede escapar de su pasado», afirma el menor de los cuatro hijos varones que tuvo el jerarca nazi, el único que nació en Argentina.

Mientras en Alemania se corría un tupido velo sobre la guerra, los descendientes de algunos jerarcas nazis han rastreado e investigado qué hicieron sus padres durante esos terribles años: no les habían contado las atrocidades que cometieron en nombre del Führer.

Fue tras la derrota cuando la mayor parte de ellos supieron el papel que habían jugado sus progenitores en el régimen nazi. Durante la guerra eran demasiado pequeños para tener conciencia de lo que estaba ocurriendo. Algunos pasaron su infancia en chalés construidos en torno al Berghof, la casa de montaña de Hitler. Los idílicos verdes prados y las figuras borrosas de sus padres fueron los primeros recuerdos de muchos de ellos. Con el paso del tiempo descubrieron los oscuros secretos de sus familias.
Gudrun Himmler: la ‘muñeca’ del nazismo



Su objetivo en la vida ha sido reivindicar la vida de su padre, Heinrich Himmler, Reichsführer-SS y uno de los promotores de la Solución Final. En 1943 escribió en su diario. «Papito ministro del Interior del Reich. estoy loca de alegría». Luego llegó la derrota y el suicidio de su padre. Pero ella no se desanimó. Nunca renunció a su apellido y en 1951 ingresó en Stille Hilfe, una organización clandestina de ayuda a nazis condenados o huidos.
Bettina göring: el fin de la estirpe



La sobrina nieta del Reichsmarshall se esterilizó a los treinta años para interrumpir el linaje. Se ha retirado del mundo. Vive en Nuevo México, Estados Unidos, en una zona apartada, sin agua ni electricidad.
Rolf Mengele: burlas en el colegio



Soportó en el colegio burlas y reproches. lo llamaban ‘pequeño nazi’. A los treinta y tres años supo que ‘el tío Fritz de América’ era su padre. Fue un shock. Lo visitó en Brasil y se quedó espantado de que el Ángel de la Muerte no se arrepintiera de nada.
Wolf Rudiger Hess: el hijo del último criminal de guerra



En plena guerra, Rudolph Hess -el delfín de Hitler- voló a Gran Bretaña, donde fue apresado. Al finalizar la guerra y hasta su muerte fue recluido en la prisión de Spandau. Tuvo un único hijo, Wolf Rudiger Hess, que comulgaba con las mismas ideas que su progenitor. Escribió dos libros, Mi padre Rudolph Hess y ¿Quién asesinó a mi padre, Rudolph Hess?, en los que cuestionaba el supuesto suicidio del líder nazi. Wolf falleció en 2001.

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