Desde que en los años 50 un diario egipcio descubrió un posible «código secreto» en el tradicional logo de Coca-Cola, la famosísima marca norteamericana de refrescos se ve periódicamente obligada a demostrar que el nombre no guarda relación con un supuesto complot islamófo


En el centro, el refrescco en una de sus presentaciones en Oriente Próximo -

Desde que en los años 50 un diario egipcio descubrió un posible «código secreto» en el tradicional logo de Coca-Cola, la famosísima marca norteamericana de refrescos se ve periódicamente obligada a demostrar que el nombre no guarda relación con un supuesto complot islamófobo. Muchos eruditos en caligrafía afirman que, leído al revés y de derecha a izquierda, el nombre del refresco afirma en árabe «No Mahoma no Meca».

El increíble hallazgo ha sido objeto de estudio en varias instancias eruditas del islam. A finales de los años 90, un comité oficial saudí, con representantes de varios ministerios, llegó a la conclusión de que los rumores sobre el logo de Coca-Cola eran «falsos», y afirmó que el nombre no contenía ninguna afirmación injuriosa contra el islam. En mayo de 2000, el Gran Mufti de la Universidad Al Azar, quizá la institución más prestigiosa de la corriente mayoritaria suní, llegó a la misma conclusión.

Coca-Cola, que presume de vender al día alrededor de 2.000 millones de refrescos en todo el mundo, ha tenido que acudir en varias ocasiones a esos estudios musulmanes para defender que, en ningún momento, su logo pretende atacar u ofender a los musulmanes, una parte muy sustancial de su mercado mundial de consumidores. Es absurdo pensar, dice la compañía, que los creadores de la bebida en Atlanta «tuviesen en 1886 tanto conocimiento del árabe» como para elaborar ese jeroglífico antiislámico.
El monstruo del rumor sigue, no obstante, circulando por las redes islámicas, así como otro no menos insidioso: el hecho de que Coca-Cola -como otras bebidas de cola- contiene trazos de alcohol, lo que en términos teóricos la convierte según la sharía en «haram», bebida pecaminosa para un musulmán.

En 2012, el Instituto Nacional de Comsumo (INC) de Francia publicó un estudio en el que sostenía que existía una mínima presencia de alcohol en la mitad de los refrescos más importantes de cola: un 0,001 por ciento por litro. Una vez más, la polémica volvió a caer bajo el escrutinio de los eruditos del islam, que en su mayoría expresó la misma opinión: el trazo de alcohol en la Coca-Cola es «despreciable», y su consumo no constituye por tanto pecado.

Pero los rumores y opiniones radicales sobre su consumo «haram» siguen circulando por las redes islámicas con pertinacia, mezcladas en ocasiones con cuestiones más ideológicas contra Estados Unidos. Al fin y al cabo, fueron los franceses devotos de De Gaulle los que en los años 60 acuñaron el término de la «coca-colonización», un testigo que recogió no hace tanto Hugo Chávez, cuando animaba a los venezolanos a dejar de beber Coca-Cola y tomar más zumo de fruta.
FRANCISCO DE ANDRÉS

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