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domingo, 16 de julio de 2017

Dos psiquiatras norteamericanas explican por qué las series de televisión que involucran personajes suicidas pueden elevar las tasas de suicidio entre los jóvenes.





Puede sonar poco razonable y contraintuitivo, pero el suicidio no es un comportamiento tan individual como muchos creen. Todo lo contrario. Para los psiquiatras existe suficiente evidencia para probar que se trata de acciones “contagiosas”, que se pueden trasmitir directa o indirectamente, de una persona a otra.

Es por esto que series como “Por 13 razones (13 Reasons Why) tienen nerviosos a especialistas como Madelyn Gould, profesora de la Universidad de Columbia y quien trabaja en el Instituto de Psiquiatría de Nueva York, así como a su colega Alison Lake, de la misma institución.

Durante más de una década las dos especialistas han publicado artículos y libros intentando explicar las razones de este fenómeno y las pruebas que se han ido acumulando para demostrar que en materia de suicidio es mejor tomar precauciones y no ser ingenuos.

“Si bien se reconoce la compleja etiología del comportamiento suicida, se ha hecho cada vez más evidente que existe un contagio suicida y contribuye al riesgo de suicidio junto con la psicopatología, la vulnerabilidad biológica, las características familiares y los eventos estresantes de la vida. Las estrategias para prevenir el contagio del suicidio son esenciales y requieren una evaluación continua”, concluyeron las autoras en un artículo titulado “El contagio del comportamiento suicida” en 2013.

Las razones para pensar que el suicidio es contagioso provienen de tres fuentes, según las autoras. Por un lado los estudios del impacto que tienen los medios de comunicación al reportar casos de suicidio. En segundo lugar los grupos con altas tasas de suicidio. Por último están las evaluaciones entre adolescentes que han estado expuestos al suicidio de algún compañero.

“La investigación sobre el impacto de las historias de los medios sobre el suicidio ha demostrado un aumento en las tasas de suicidio después de historias no ficticias y ficticias sobre suicidio”, anotaron las dos investigadoras. Existen más de 50 estudios que han evaluado el impacto de historias aparecidas en periódicos o televisión y han mostrado que las tasas de suicidio se elevan.

Un caso emblemático ocurrió en 1999. Ese año investigadores británicos llevaron a cabo un estudio en las salas de urgencias de hospitales del Reino Unido. Querían ver cómo se afectaban los patrones de suicidio después de una serie de ficción sobre un piloto de la Fuerza Aérea que tomaba una dosis de paracetamol para suicidarse. Después de la emisión del popular capítulo, los auto-envenenamientos aumentaron 17%.

En un estudio más reciente se analizó a 63 individuos que intentaron suicidarse en Taiwan después de que lo hiciera una famosa cantante de pop. Se detectó que el 68% de ellos reconocieron haber seguido las noticias de la cantante y 37% aseguraron que el el evento afectó en su decisión.

La otra prueba que hace pensar a los psiquiatras que el suicidio es contagioso es el comportamiento de los grupos en los que la tasa de suicidios se eleva. Esto ocurre principalmente entre adolescentes con una cercanía geográfica. Estudios en Texas, China y otros países han demostrado la conexión aunque se trata de un asunto complejo en el que entran en juego otras variables como estrés ante la vida, similitud entre los jóvenes, entre otras.

Finalmente, los psiquiatras han estudiado qué le ocurre a los adolescentes que han sido testigos cercanos de algún suicidio. Una investigación en 2008 revisó 16 estudios sobre este tema y concluyó que existía una “asociación significativa en los intentos de suicidio”.

Algo similar detectó el análisis de los estudiantes estadounidenses de secundaria: “los adolescentes que conocen a amigos o miembros de la familia que han intentado suicidio son aproximadamente tres veces más propensos a intentar suicidio que los adolescentes que no conocen a alguien que intentó suicidarse”.

¿La solución? “Estrategias de prevención”, recuerdan las dos autoras del artículo. Por ejemplo, reducir el volumen y el contenido de los reportes de noticias sobre suicidio. En Viena, ea principios de la década de los noventa, se redujo en un 75% los suicidios en el Metro de la ciudad reduciendo los reportes de noticias al respecto. Otra estrategia efectiva es identificar en las escuelas a los jóvenes en riesgo de comportamientos suicidas. La investigación también sugiere que las intervenciones después de una crisis generada por algún suicida también son útiles.