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miércoles, 5 de julio de 2017

En el centro de la galaxia NGC 1595 un agujero negro sufre estallidos de ondas de radio y rayos X porque no es capaz de engullir toda la materia que se ha congregado a su alrededor

El caso del agujero negro supermasivo que está sufriendo un horrible «corte de digestión»
La galaxia Remolino (a la izquierda) se está fundiendo con la pequeña galaxia NGC 5195 - NAS

No hay nada más voraz que un agujero negro supermasivo. Estos objetos son descomunales acumulaciones de materia que han quedado confinadas en un espacio mínimo. Tanto que la gravedad les hace convertirse en monstruos capaces de tragarse la luz y toda la materia que se acerque demasiado a sus dominios.

Pero hasta ellos tienen un límite. Este martes, astrónomos de la Universidad de Mánchester han informado de un caso de «indigestión» sufrido por una de estas moles. Un agujero negro supermasivo ha atrapado más materia a su alrededor de la que puede engullir, de modo que en su entorno se han producido furiosos estallidos de energía en el último millón de años. Estos resultados han sido publicados en la conferencia Nacional de Astronomía de la Universidad de Hull (Reino Unido), este martes.

La terrible indigestión ha sido detectada en las profundidades de la pequeña galaxia NGC 5195. Es una vecina de la galaxia NGC 5194, más conocida como galaxia Remolino, que se está fundiendo con su vecina. Ambas están bailando en torno a la otra, y en cuestión de miles de millones de años serán una sola.


Pero en el corazón de NGC 5195, que más bien se comporta como un estómago brutal, hay un agujero negro supermasivo que va engullendo materia a medida que la pequeña galaxia se sumerge en la grande. Este agujero tiene una masa equivalente a 19 millones de soles.
Imagen coloreada de los flujos de ondas de radio y los estallidos de rayos X- NRAO / AUI / NSF / NASA / CXC / NASA / ESA / STScI / U. Manchester / Rampadarath et al.

Como el ritmo al que llega nueva materia es mayor al ritmo en que la engulle, a su alrededor se ha formado un disco de acreción tan grande que el agujero ha perdido la capacidad de digerirlo, de forma que la materia está siendo expulsada al espacio a través de violentos estallidos.

Por este motivo, el observatorio Chandra de rayos X detectó el año pasado potentes arcos de rayos X procedentes del corazón de la pequeña galaxia NGC 5195.

Después de apuntar hacia allá el telescopio MERLIN, un instrumento que capta las ondas de radio, y también el «Very Large Array» (VLA), el Chandra y el vetusto Hubble, los científicos han reconstruido la historia completa de los arcos de energía liberados en el violento estómago del agujero negro supermasivo.
Un «eructo» cósmico

Este agujero negro no está sufriendo un corte de digestión cualquiera. Una masa equivalente a 19 millones de soles está girando a gran velocidad en el corazón de la galaxia NGC 5195, generando temperaturas y campos magnéticos muy potentes. Y, cuando el proceso de acumulación (acreción) de materia falla, se genera una increíble onda de choque que expulsa hacia el exterior grandes cantidades de materia.
Mapa de ondas de radio de las cercanías del agujero negro- e-MERLIN / U. Manchester / Rampadarath et al.

Este «eructo» cósmico implica la presencia de electrones acelerados hasta casi la velocidad de la luz, interaccionando con un campo magnético muy intenso. Por eso, se emiten ondas muy energéticas en la longitud de onda de las ondas de radio. Al mismo tiempo, la onda de choque calienta e infla el medio interestelar, ioniza el gas y emite energía en forma de rayos X. Esta burbuja de alta energía es precisamente lo que Chandra y el telescopio Hubble han podido detectar.

Según Hayden Rampadarath, el primer autor de la investigación, sus observaciones demuestran no solo que las ondas de radio y los rayos X están conectados, sino que el propio flujo de las ondas del primero es el que genera las estructuras del segundo. Según Rampadarath, «estamos presenciando un evento de proporciones galácticas en todo el espectro electromagnético».

Tal como ha explicado este científico, el agujero negro empezó a lanzar al espacio sus explosiones de energía hace uno o dos millones de años, justo cuando los ancestros humanos comenzaron a aprovechar el fuego. «Que ahora seamos capaces de observar este evento a través de todos estos telescopios es bastante extraordinario», ha reflexionado Rampadarath.