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sábado, 29 de julio de 2017

La insistencia del gobierno en concretar la ANC y de la oposición en desconocerla, parece empujar a Venezuela en dirección a la fractura del Estado.

Venezuela un país, un pueblo, dos Estados

/ Fotos: AFP y EFE


Venezuela atraviesa la peor crisis de su historia. Desde que Nicolás Maduro asumió la presidencia han muerto de forma violenta más de 100.000 ciudadanos, el Producto Interno Bruto (PIB) se ha contraído y la inflación se ha disparado. Dicha situación les ha permitido a los sectores opositores conquistar a la población. En 2015 alcanzaron 7’707.442 votos, logrando la mayoría del poder legislativo, en 2016 recolectaron 1’257.759 firmas solicitando un referendo revocatorio presidencial que fue negado por el Consejo Nacional Electoral (CNE) y hace un par de semanas lograron que 7’535.259 se pronunciaran en contra de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC).

Del otro lado, el oficialismo alega que Nicolás Maduro es el presidente electo por 7’587.780 votos y afinca sus esperanzas en los 14’783.297 de ciudadanos inscritos en el sistema del “Carné de la Patria”, los cuales espera apoyen la ANC.

Incluso el 22,8 % de venezolanos valoran de forma positiva la gestión del presidente según una encuesta de la firma de análisis y estudios Datanálisis de hace un par de semanas. Lo cual resulta bastante alto si se compara con Colombia, donde la situación es sustancialmente mejor y apenas el 12 % aprueba la gestión del gobierno Santos, según la encuesta de Yanhaas del mes pasado.

Para el chavismo el camino para salir de la crisis es la ANC,

Para el chavismo el camino para salir de la crisis es la ANC, pero tres elementos deslegitiman sus pretensiones y exhiben este intento de cambiar la Constitución como una estrategia para aferrarse al poder. El primer elemento es el valor simbólico de la Constitución Bolivariana de 1999, como la Constitución que amplió los espacios de participación y de la cual todo el pueblo venezolano se apropió, tanto chavistas como opositores. Entonces, ¿por qué cambiarla?

El segundo elemento es de carácter procedimental, la negativa del Ejecutivo a preguntarles a los ciudadanos si quieren o no cambiar la Constitución, cuando fue el mismo chavismo el que activó la participación de amplios sectores de la población. El éxito de la Constitución de 1999 radicó en las cuatro consultas que se realizaron para legitimarla: consulta de cambio constitucional, elección de “Constituyentistas”, aprobación de la carta y relegitimación de los poderes de origen electoral incluyendo el presidente.

El último elemento es la ineptitud del oficialismo que se desprende de su poca capacidad de planeación y gestión. Por ejemplo: una de las motivaciones de la ANC es darles rango constitucional a las Misiones y Grandes Misiones, programas sociales asistencialistas que fueron exitosos hace 10 años como políticas de choque a diferentes problemáticas del sector, una de sus mayores fortalezas era su carácter paralelo y ágil en comparación con las políticas estatales en la materia.

No obstante, se convirtieron en foco de corrupción y retroceso en los temas a su cargo. 

Quizás el caso más dramático es el tema de la salud con la “Misión Barrio Adentro”, sustentada en el falso mito de la medicina cubana, funcionó los primeros años, pero tuvo como consecuencia la desestructuración del sistema de salud hasta llevar a Venezuela a un retroceso de décadas en la atención de enfermedades y salud pública.
La otra cara

Por su parte, la oposición ha logrado recomponerse tras la arremetida iniciada por el chavismo hace cuatro meses y la ANC se ha convertido en el factor de cohesión. Después de que la negociación del año pasado sepultara el referendo revocatorio la desconexión entre sus bases y la dirigencia opositora era evidente.

Quizá por eso el oficialismo decidió arremeter, primero a través de las sentencias del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y después con la convocatoria a la ANC, sin embargo, el resultado fue la reactivación de la oposición, que hoy es vista como una fuerza democrática heterogénea que defiende la Constitución contra la represión de un gobierno dictatorial que pretende cambiarla.

Una de las acciones más importantes de la oposición fue la presentación del Compromiso Unitario para la Gobernabilidad en el marco de un gobierno de “Unión Nacional”, el pasado 19 de abril. En Venezuela este tipo de documentos han funcionado en el pasado como piedra angular de las grandes transformaciones políticas y democráticas.

Tal es el caso del Plan Barranquilla de 1931 o el Pacto de Puntofijo de 1958; este último, por ejemplo, tenía como propósito evitar la retoma del poder por parte de los militares.

El Compromiso Unitario tiene una gran fortaleza en la convocatoria que realiza a todos los sectores de la vida política venezolana para la reconstrucción del país, incluyendo a aquellos sectores del chavismo que estén dispuestos a participar en condiciones democráticas. Pero adolece de espacios para los sectores populares que se han movilizado políticamente en los últimos 18 años, uno de los éxitos del chavismo es la movilización de amplios sectores de la sociedad que antes eran apáticos, pero que hoy se han apropiado de espacios a los cuales no están dispuestos a renunciar.

La insistencia del gobierno en concretar la ANC y de la oposición en desconocerla, parece empujar a Venezuela en dirección a la fractura del Estado. Por un lado la oposición, con casi el 80 % del apoyo de los ciudadanos, la Asamblea Nacional y la Fiscalía General defendiendo la Constitución de 1999. Y, por el otro, el oficialismo con un poco más del 20 % del apoyo, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana y cuatro de los cinco poderes públicos tratando de imponer la ANC.

Nicolás Maduro y el oficialismo se están arriesgando al desconocimiento por parte de la mayoría de los venezolanos, incluso al vaciamiento de su poder. El presidente cree que con la invocación del poder constituyente puede cambiar las reglas del juego y mantener al chavismo en el poder, no obstante, pasa por alto que la esencia de una Constitución radica en el reconocimiento que los ciudadanos hacen de ésta.

¿Qué puede hacer si el 80 % del pueblo se niega a aceptar el resultado de la ANC e invoca la Constitución de 1999?

La oposición demostró hace dos semanas que puede llegar a tener la capacidad de organizar unas elecciones. Lo que ha abierto un escenario en el cual con el respaldo de la mayoría de la población la oposición podría organizar directamente las elecciones regionales pendientes, las locales y hasta las presidenciales de 2018, como lo establece la Constitución Bolivariana desconociendo al actual CNE.

Por el momento la estrategia de la oposición es deslegitimar la ANC, para ello se recurre a tres posibilidades. La abstención, el voto nulo o incluso la elección de los peores candidatos. Pero el gobierno ha amenazado a los ciudadanos que quieran hacer uso de su derecho a abstenerse, no se puede olvidar que en democracia la abstención es también una forma de participación política.

Por otro lado, el CNE ha generado los mecanismos para hacer difícil la anulación del voto. Pero en su afán por exhibir la ANC como un proceso amplio permitió la inscripción de candidatos que rayan en el analfabetismo funcional, abriendo la posibilidad para sabotear el proceso eligiendo los peores candidatos por encima de sus preciados alfiles políticos. El resultado puede ser catastrófico para el oficialismo, una ANC con baja votación, miles de votos nulos y con pésimos “constituyentistas”.

Ronal F. Rodríguez