La retirada masiva de tropas que el gobierno británico organizó en el puerto de Dunkerque, allá por mayo de 1940, se encuentra a medio camino entre la genialidad y el desastre

Dunkerque: el misterioso error de Hitler que impidió que los nazis destrozaran al ejército aliado

Entre el 26 de mayo y el 4 de junio de 1940, la Royal Navy evacuó del puerto francés a más de 450.000 combatientes aliados cercados por las tropas germanas. Poco antes, el «Führer» podría haber acabado con ellos si hubiera dado orden a sus blindados de atacar, pero no lo hizo... ¿Por qué?
Adolf Hitler -

La retirada masiva de tropas que el gobierno británico organizó en el puerto de Dunkerque, allá por mayo de 1940, se encuentra a medio camino entre la genialidad y el desastre. Genialidad, porque gracias a ella se logró salvar a más de 450.000 soldados de ser aniquilados por las huestes de Adolf Hitler. Desastre, porque supuso la capitulación momentánea de los ingleses ante las hordas nazis y el abandono de Francia a su suerte. Ya lo manifestó el Primer Ministro Winston Churchill cuando, tras recibir las noticias del éxito de la operación, todos los presentes en el Parlamento rompieron a aplaudir de alegría: «Las guerras no se ganan con evacuaciones». A pesar de ello, los periódicos locales de la época calificaron el suceso de «bendito milagro».

Aquella evacuación (la «batalla de aniquilamiento más grande de la historia», según manifestó ABC en 1940) fue una gran victoria tras una amarga retirada ante el ejército nazi. Y todo, por culpa de los altos mandos franceses. Una pléyade de ancianos que seguían anclados en las viejas tácticas defensivas utilizadas durante la Gran Guerra. El mismo mariscal Pétain dejó claro, después de que Alemania conquistase Polonia, cuál iba a ser la reacción de su país: «¡Aquí los esperamos!». Y otro tanto hizo el general Maurice Gamelin al grito de «Quien ataca, pierde». A su favor, es cierto, tenían la línea Maginot, una muralla de hormigón que se extendía a lo largo de su frontera.

En contraposición, Hitler había abierto su mente a nuevas formas de hacer la guerra aconsejado por el teniente general Erich von Manstein. De su mano, el «Führer» inició una gigantesca ofensiva el 10 de mayo de 1940 que dejó boquiabiertos a los franceses y a los aproximadamente 300.000 soldados del Cuerpo Expedicionario Británico (enviados a la vieja Europa en apoyo de los galos y en previsión de un posible ataque).

Retirada a, puerto

Como explica el historiador Jesús Hernández en «Breve historia de la Segunda Guerra Mundial», esos días una parte de los carros de combate germanos atravesaron la región boscosa de las Ardenas, ubicada al norte de Francia y de la línea Maginot. Un movimiento que había sido considerado imposible por los oficiales continentales debido a que el terreno era impracticable. Otros tantos panzers hicieron lo propio en Bélgica. Aquella espectacular táctica en tenaza dejó a los aliados cercados.

Desesperados ante el imparable avance alemán, los ingleses iniciaron una retirada masiva hacia el mar. Pero, para el 23 de mayo, los nazis asediaban ya Dunkerque (el único puerto seguro de la zona). En pocos días, lo que parecía una defensa infranqueable se había transformado en un auténtico desastre.

De hecho, lo que impidió que británicos y franceses fuesen aniquilados tres días después fue una extraña orden mediante la que Hitler obligó a sus panzer a detenerse. A día de hoy se desconoce por qué tomó esta decisión, aunque la teoría más extendida afirma que el jefe de la «Luftwaffe» (la fuerza aérea germana) le aconsejó no dar aquella victoria al ejército de tierra, un cuerpo menos ideologizado que el suyo. En todo caso, desde Gran Bretaña se aprovechó ese momento de duda para movilizar a decenas de navíos y enviarlos a través del Canal de la Mancha con el objetivo de evacuar al grueso del Cuerpo Expedicionario Británico.

La responsabilidad de planificar la retirada (llamada «Operación Dinamo») recayó sobre el Almirante Bertram Ramsay. «La situación es increíble, espantosa. Estoy al mando de una de las misiones más difíciles y peligrosas jamás concebidas. A menos que el buen Dios sea amable, la tragedia será terrible», afirmó el oficial. El operativo comenzó el domingo 26 de mayo.
La operación

Para entonces, los aliados se habían atrincherado en Dunkerque a lo largo de un perímetro de 25 kilómetros. La zona, como cabía esperar, fue bombardeada hasta la extenuación por la Luftwaffe. A su paso, los aviones de Hitler dejaron decenas de muertos y dañaron considerablemente los puertos, lo que impidió a los grandes buques ingleses acercarse. Aquello supuso un auténtico contratiempo para los británicos, que se vieron obligados a solicitar el envío de pequeñas embarcaciones para que actuaran como enlace entre el continente y los navíos enviados en primera instancia.

«Tuve que sacar mi revólver y disparar cerca de ellos»Así explicó este reclutamiento improvisado en su edición del 5 de junio de 1940 el ABC: «Churchill ha dicho esta tarde en los Comunes que un millar de barcos han intervenido en la operación. Toda clase de embarcaciones espontáneamente cedidas y pilotadas por particulares».

Durante las jornadas siguientes, los oficiales trataron de mantener el orden entre las tropas, pero las constantes bombas alemanas desquiciaron a muchos soldados. Así lo recordó, en una entrevista posterior, el subteniente Stanley Nettle (al mando de las operaciones de playa): «Vi un bote. Los soldados se precipitaron para entrar en él y volcó. Fui con el agua hasta la cintura hacia allí y les dije que esperaran, pero me ignoraron. Tuve que sacar mi revólver y disparar cerca de ellos». A pesar de todo, el 4 de junio se había evacuado a 338.662 británicos y 123.095 franceses. Así lo afirman los autores Miguel del Rey y Carlos Canales en «Blitzkrieg. La victoria alemana en la guerra relámpago». Atrás, no obstante, dejaron a entre 30.000 y 40.000 galos a los que fue imposible embarcar.

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