Libertad, Igualdad y Fraternidad

Libertad, Igualdad y Fraternidad













El cine francés ostenta un amplio repertorio de películas que evocan los valores republicanos. Nacidos durante la Revolución Francesa, estos principios, se volvieron universales y son ahora enarbolados por el mundo entero.

La Fiesta Nacional de la República Francesa, el próximo 14 de Julio, se erige entonces como la ocasión perfecta para hablar  de  cuatro clásicos del cine francés que abordan los derechos humanos y subrayan las virtudes del ser humano en momentos históricos difíciles.

La vie et rien d’autre (La vida y nada más, 1989), de Bertrand Tavernier; Le dernier metro (El último metro, 1980), de François Truffaut;  Monsieur Klein (El otro Señor Klein, 1976), de Joseph Losey; y  La grande illusion (La gran ilusión, 1937), de Jean Renoir.

En estos cuatro films se habla de violencia y resistencia, de fraternidad, de lucha por la libertad, de defensa de una identidad. Cuatro películas cuyo guión y realización está a cargo de grandes cineastas, contando asimismo con la interpretación de actores y actrices mundialmente conocidos. Cuatro films por lo demás distinguidos con numerosos galardones que dan por siempre fe de las miserias vividas y sufridas durante y a raíz de los dos grandes conflictos mundiales del siglo XX.

La vida y nada más


En 1920 la Primera Guerra Mundial terminó hace ya dos años. Francia cura sus heridas y regresa al trabajo. En este ambiente, dos jóvenes mujeres de orígenes sociales muy diferentes persiguen un mismo objetivo, encontrar al hombre que aman y que desapareció en la tormenta. Sus pesquisas las conducen hacia una misma fuente de información, el comandante Dellaplane. Del 6 al 20 de noviembre de 1920, se entrecruzan las vidas de Irene, Alicia y de dicho comandante, se enfrentan entre ellos y finalmente aprenden a conocerse.

El último metro


París, 1942, Lucas Steiner, un judío alemán refugiado en Francia desde el surgimiento del nazismo, debió exilarse – al menos oficialmente – por segunda vez dejando a su mujer, Marion (Catherine Deneuve), a cargo de la dirección del prestigioso Teatro Montmartre. En realidad, Lucas Steiner sigue siempre allí: se esconde en los sótanos del teatro y Marion se encuentra con él tras la jornada de trabajo. Para ese entonces, el Teatro Montmartre monta una nueva pieza cuya puesta en escena es conducida por Jean-Loup Cottins (Jean Poiret) y para la cual acaba de ser contratado un comediante Bernard Granger (Gérard Depardieu). La fuerte personalidad del comediante intriga y conmueve a Marion, inclusive dicho comediante no oculta por mucho tiempo su atracción por la directora de teatro. Desde el sótano, Lucien Steiner alcanza a seguir las repeticiones que escucha a través del conducto de ventilación y, cada noche, hace parte de sus reproches a Marion. Esta juega un rol delicado. Incitada por Cottins, acepta, a pesar de su indignación, sostener una relación cortés con Daxiat, un crítico de teatro y periodista pro-nazi muy influyente. Este último, acaba por sospechar que Lucas se encuentra todavía en París, ejerce insolentemente su poder sobre Marion. Esto no es bien visto por Bernard Granger, implicado en las acciones de la Resistencia, y quien provoca una pelea con el periodista al día siguiente de la premiere. Pero el teatro sobrevivirá hasta la Liberación.

El Señor Klein


París, 1942, Robert Klein es un alsaciano para quien la Ocupación alemana es primero que nada una ocasión para enriquecerse y para disfrutar de una vida fácil. Un día recibe un periódico judío y descubre que está fichado en la Prefectura de Policía. Un homónimo se vale de él para esconderse. El Sr. Klein emprende una investigación para defenderse, depués por curiosidad y al final asume el extraño destino que fabricaron a su cuenta.

La gran ilusión


Primera Guerra Mundial. Dos soldados franceses son hechos prisioneros por el comandante Von Rauffenstein, un alemán refinado y respetuoso. Trasladados a un campo de prisioneros, ayudan a sus compañeros de habitación a cavar un túnel secreto. Pero en la víspera de su fuga, los detenidos son transferidos de lugar. Se les conduce finalmente a una fortaleza de alta seguridad dirigida por von Rauffenstein quien trata a los prisioneros con cortesía, entablando incluso amistad con Boeldieu. Pero los oficiales franceses traman fugarse nuevamente.

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