Los planes secretos de EE.UU. para vencer el comunismo bombardeando la Luna

Hace menos de dos décadas se desveló que el gobierno de Eisenhower se planteó esta idea para demostrar su poder y terminar drásticamente con la Guerra Fría. Al final, sin embargo, apostó por la carrera espacial y una propaganda menos agresiva

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Unas 15.000 bombas nucleares y, aproximadamente, 9.000 misiles intercontinentales. Este fue el número de explosivos que se ensamblaron en la Guerra Fría. Y no solo con la idea de arrojarlos sobre el enemigo en cuanto este alzara la voz, sino como una forma de acongojarle militarmente. Todo era parte de un macabro juego en el que dos grandes bloques (el capitalista de EE.UU. y el comunista de la U.R.S.S.) se enseñaban los dientes sin llegar a morderse. Una forma de combatir en la que importaba más la propaganda -y presumir de armamento, tecnología y avances científicos- que destrozar al contrario en el campo de batalla. Aunque, eso sí, en esta partida se permitía ayudar a terceras naciones dispuestas a dar algún que otro bofetón al enemigo.

Partiendo de estas curiosas reglas, todo valía para destrozar a nivel propagandístico al enemigo. Desde construir un misil más efectivo que el del contrincante, hasta espiarle para averiguar sus próximos movimientos. Cualquier idea era tenida en cuenta... cualquiera. Así lo demuestra el que, allá por 1958, EE.UU. barajara la posibilidad de detonar en la Luna una bomba atómica para demostrar su superioridad armamentística sobre la U.R.S.S. Aunque el plan fue desechado por absurdo (y porque se desconocían los efectos reales que podría tener la explosión sobre la misma Tierra) las Fuerzas Aéreas del país llegaron a contratar al popular astrónomo y astrofísico Carl Sagan como colaborador. Por suerte, finalmente los capitalistas prefirieron centrarse en la carrera espacial  que en lanzar un misil atómico sobre nuestro satélite.


El plan fue, sin duda uno de los más descabellados de la Guerra Fría. Una contienda que comenzó en 1947, y cuyas normas estaban casi tan claras como las del juego de mesa «Twilight Struggle», la recomendación que «ABC Historia» os propone hoy. Y es que, este producto se ha convertido en uno de los más famosos entre los amantes de la historia por su curiosa (pero veraz) forma de acercar el conflicto hasta nuestros tiempos. El pasatiempo, editado por «Devir Iberia», recrea mediante un tablero y poco más de un centenar de cartas los momentos más llamativos de la contienda.

«Es un juego para dos jugadores. Uno dirige a los EE.UU., y otro a la U.R.S.S. La partida comienza justo después de la Segunda Guerra Mundial, y los turnos están diferenciados por cada uno de los presidentes de los bloques. Así, hasta la caída del Muro de Berlín en 1989» explica a ABC Borja de Pablo, uno de los dependientes de la popular tienda madrileña «Atlántica Juegos» (en la que se venden desde «wargames», hasta libros y revistas de historia militar).

En palabras de De Pablo, existen pocos juegos de mesa que recreen de una forma tan curiosa la Guerra Fría. Y es que, para obtener la victoria, el participante debe tener en cuenta elementos como la mítica carrera espacial, la influencia de su bloque sobre los diferentes países, la evolución armamentística, la propaganda o el nivel de alerta mundial (DEFCON). Exactamente como sucedió entre 1947 y 1989. Por si fuera poco, los turnos se arman en torno a una serie de sucesos históricos que fueron determinantes durante el período, y que se van sucediendo según avanza la partida. «Todas las cartas tienen eventos reales y que incluyen fotos reales que cualquier amante de la historia recuerda», añade. Estos incluyen desde el popular «Plan Marshall» (la ayuda económica de Estados Unidos a Europa), hasta el derribo del avión de pasajeros «Korean Air Lines 007» por un caza SU-15 de la U.R.S.S. en 1983 (un hecho que provocó todo tipo de tensiones internacionales).
Interior de Atlántica Juegos
Atlántica Juegos

-Nombre: Atlántica Juegos.

-Web: http://atlanticajuegos.com/

-Facebook: https://www.facebook.com/atlantica.juegos

-Dirección: Calle de la Luna, 6 28004 Madrid.

-Qué ofrece, según uno de sus dependientes: «Tenemos gran variedad de juegos de mesa, además de “war games” de historia militar, libros también de historia militar, juegos de mesa familiares, una sección de juegos de figuras de fantasía y de ciencia ficción, una sección de miniaturas para pintar, y muchas cosas más».
Objetivo (bombardear) la Luna

El evento que no incluye este juego es una curiosa operación secreta ideada por Estados Unidos: el bombardeo de la Luna con un misil nuclear. Aquel descabellado plan fue barruntado a partir de los años 50, cuando ambas potencias estaban obsesionadas con demostrar a su enemigo que todo lo que tuviera el sello de calidad de su patria era más grande, más avanzado tecnológicamente y mejor.

Por entonces ya había comenzado la carrera espacial (la obsesión por explorar el firmamento mediante todo tipo de cachivaches) y ya empezaba a rondar en las mentes de los diferentes mandamases la idea de que uno de sus compatriotas posase sus reales sobre el satélite de la Tierra. Y es que, según consideraban, cumplir estos objetivos les proporcionaría una ventaja determinante sobre el otro tanto militar como científica.

Con esta tensión en los despachos de EE.UU. y la U.R.S.S., habría que haber visto la cara del presidente Dwight D. Eisenhower cuando, en 1957, el enemigo rojo se adelantó a su país. «La Unión Soviética causó conmoción en todo el mundo cuando colocó en nuestra órbita los primeros dos satélites artificiales, los Sputnik 1 y 2», explica el profesor Cedar I. García Ríos en su obra «Historias de lo natural».

Misil usado durante la Guerra Fría- ABC

Aquel movimiento magistral puso por delante a los soviéticos en la carrera espacial y fue un verdadero golpe en la mesa a nivel de promoción y propaganda.

Para contrarrestarlo, el bando capitalista se propuso encandilar a la opinión pública de forma similar. Pero... ¿Cómo hacerlo? La solución fueron una serie de alocados proyectos entre los que se destacó la instalación de un puesto militar en la misma Luna. El plan fue definido de esta guisa en una serie de informes desclasificados por la Casa Blanca en el año 2000: «El establecimiento de esta base debería ser tan prioritario como el Proyecto Manhattan en la Segunda Guerra Mundial».

Por si fuera poco, los Estados Unidos también idearon un plan para bombardear la Luna con un objetivo doble. El primero era demostrar su capacidad nuclear a la U.R.S.S. y al mundo. Al menos, así lo explicó hace casi una década el Doctor Leonard Reiffel (al mando de esta operación) al diario «The Observer»: «El objetivo principal era un “ejercicio de relaciones públicas” y una demostración de fuerza. Las Fuerzas Aéreas querían crear una explosión que diera lugar a una nube [un hongo nuclear] tan grande que se pudiera ver desde la Tierra para no quedar rezagados en la carrera espacial». Sin embargo, los americanos también atribuyeron a esta misión finalidades científicas tales como estudiar los «sismos lunares» (los movimientos del satélite). Algo que, según afirmaban, podría desvelar la formación del Sistema solar.

«El objetivo principal era un “ejercicio de relaciones públicas” y una demostración de fuerza»En palabras de Reiffel, «la teoría era que, si la bomba estallaba en el borde de la Luna, el hongo nuclear sería iluminado por el Sol», algo idóneo para dejar boquiabiertos a todos los habitantes de la Tierra. Sin embargo, para lograr ese efecto necesitarían una explosión tan grande como -al menos- la de Hiroshima. «Dejé claro que tendría un enorme coste para la ciencia la destrucción del medio ambiente prístino, pero a las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos solo les preocupaba el efecto de la detonación en la Tierra», añadió entonces el experto.

Según confesaba el científico, la operación (llamada A-119) era «factible»: «La operación consistía en lanzar un misil balístico intercontinentaldesde un lugar no desvelado, que se desplazara unos 385.000 kilómetros hasta la Luna, y detonarlo cuando impactara». Por descontado, el plan era totalmente secreto y confidencial. De hecho, lo fue hasta el año 1999, cuando salió a la luz . «Si se hubiera hecho público, habría provocado un clamor», determinó el científico al diario «The Observer».
Del todo a la nada

Siempre en palabras de Reiffel, las Fuerzas Aéreas contactaron con él en 1958 para llevar a cabo el A-119, más conocido como «Estudio de los vuelos de investigación lunar». Después de aceptar, propuso al conocido Carl Sagan (el hombre que popularizó la ciencia en Estados Unidos y que fue pionero en el estudio de la vida extraterrestre) participar también en el proyecto. «Sagan había sido contratado para hacer una modelización matemática de la expansión de una nube de polvo en el espacio por una explosión nuclear en la Luna», señala Javier Sanz en su obra «Caballos de Troya de la Historia». Sus resultados eran más que determinantes para conocer el posible impacto del polvo atómico en la Tierra.

Sagan fue el eslabón débil de esta cadena. Pero no a nivel científico, sino por no saber guardar el secreto. ¿La razón? Que, según parece, desveló su existencia en 1959 cuando solicitó la prestigiosa beca de postgrado del Instituto Miller de Berkeley. Así lo dejó claro el propio Reiffel: «En mi opinión, Sagan violó la seguridad en marzo de 1959». También lo hizo casi medio siglo después cuando explicó los pormenores del A-119 a su biógrafo, Keay Davidson. El mismo que, en 1999, publicó un libro con las memorias del científico en el que se hacía referencia a este absurdo plan.

Por suerte, los Estados Unidos apostaron finalmente por dirigir sus esfuerzos hacia la carrera espacial y abandonaron el proyecto A-119 en 1959. «Afortunadamente el pensamiento cambió. Me horroriza que se haya considerado un gesto semejante para influir en la opinión pública», señaló en el año 2000 Reiffel. Para asegurar el silencio en torno a esta idea, los informes que hacían referencia a ella fueron destruidos en 1987. De hecho, a día de hoy el Pentágono no ha confirmado ni negado estos planes, a pesar de la cantidad de información que se ha hecho pública sobre él.
«Twilight Struggle»

«Twilight Struggle» es uno de los pesos pesados de los juegos de mesa históricos. Está ambientado en la Guerra Fría y usa un tablero en el que se muestran los diferentes países existentes desde 1947 hasta 1989. El objetivo de cada jugador es alcanzar 20 puntos de victoria o, en su defecto, que el marcador le sea favorable cuando hayan pasado 10 turnos.

Para ello, debe conseguir crear un bloque formado por cuantas más regiones favorables mejor; procurar que su enemigo no obtenga relevancia internacional y avanzar en la carrera espacial. Y todo, mientras hace uso -alguna vez que otra- de su poderío militar, del espionaje y de la astucia. «Es muy adictivo y de fácil comprensión. Además, contra más juegas, mejor juegas», añade De Pablo en declaraciones a ABC.

La partida se divide en turnos, y cada uno comienza de forma clásica: barajando un mazo y repartiendo entre siete y ocho cartas a los dos jugadores. Sobre las mismas se llevan a cabo todas las acciones que se desarrollan en «Twilight Struggle». De Pablo señala que, aunque es mejor probarlo en directo para entender mejor el sistema, se basa en una serie de acciones básicas.

«Hay tres tipos de cartas: cartas con eventos históricos soviéticos, con eventos históricos americanos y con eventos históricos neutrales. Cada una ofrece ventajas a un bando y otorga una serie de “puntos” a ambos jugadores mediante los que pueden interactuar con los países del tablero. Esto se puede hacer de diferentes formas: dando un golpe de estado en una región enemiga, haciendo que esta se realinee con tu bando, o simplemente ejerciendo presión sobre el contrario», desvela. Según destaca, el «Twilight Struggle» refleja a la perfección la tensión que había entre las dos grandes potencias y el potencial de ambas al inicio de la contienda. «La Unión Soviética era más poderosa en los inicios de la Guerra Fría. Pero eso es algo que cambia cuando avanza la contienda y el capitalismo se va haciendo más grande», explica.

Por si influir en los diferentes países que se extienden a lo largo y ancho del mapa no fuera suficiente, «Twilight Struggle» también permite al jugador obtener los preciados puntos de victoria dedicando una parte de sus cartas a avanzar en la carrera espacial. «Si te centras en ella, te ofrece ciertas ventajas en el desarrollo del juego, así como puntos para obtener la victoria», completa De Pablo.
Encuentro entre Mijail Sergeyevich Gorbachov y Juan Pablo II en diciembre de 1991-

Finalmente, también es posible usar el poder militar y la influencia para provocar golpes de estado en países dominados por el bloque contrario o -por ejemplo- para que estos se realineen en tu favor. Aunque estas acciones influyen directamente sobre el DEFCON. Es decir, sobre los estados progresivos de alerta que (tanto en «Twilight Struggle» como en la vida real) van desde el 5 -aplicado en tiempos de paz-, hasta el 1 -en el que se autoriza el uso de armas nucleares-. «Con el DEFCON se refleja el miedo que existía ante la posibilidad de una guerra atómica. En “Twilight Struggle” el jugador que provoque la llegada del DEFCON 1 pierde la partida», completa De Pablo a este diario.

Como curiosidad, «Twilight Struggle» se divide en tres etapas que tratan de representar -de la forma más fidedigna posible- el potencial de la U.R.S.S. y de los Estados Unidos durante la Guerra Fría.

Sin embargo, su mayor empaque histórico se encuentra en las cartas, las cuales incluyen eventos repletos de curiosidades acaecidas durante la contienda. «Están desde el “flower power” a la Crisis de los misiles de Cuba. También hay una carta de China que se va pasando de un bando a otro o algunas que hacen referencia a las guerras entre la India y Pakistán», determina De Pablo. Con todo, una de las más llamativas es la de Juan Pablo II. El Papa que colaboró de forma determinante en la caída del Muro de Berlín. «Cuando sale esta carta, el capitalista gana influencia en Polonia y se la quita al comunista», completa el dependiente de «Atlántica Juegos».
Datos e información

-Nombre: Twilight Struggle.

-Diseñadores: Ananda Gupta y Jason Matthews.

-Editorial (en España): Devir Iberia.

-Resumen (según su web): «Twilight Struggle es un juego para dos jugadores que simula los 45 años de intriga, lucha de prestigio y conflictos militares ocasionales entre la Unión Soviética y los Estados Unidos. El mundo entero es el escenario en el que los dos colosos luchan para mantener a salvo sus ideologías y sus formas de vida. El juego comienza entre las ruinas de la devastada Europa, cuando las dos «superpotencias» compiten sobre los escombros de la Segunda Guerra Mundial, y acaba en 1989, cuando solo los Estados Unidos se mantienen en pie».

-Contenido (según su web): «Un tablero de 56 cm. x 86,5 cm., dos láminas de fichas indicadoras, un libro de reglas, dos ayudas de juego para los jugadores, 110 cartas, más una carta especial, dos dados de seis caras».

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