Luisa Ortega, la fiscal General de Venezuela que hace frente a Maduro

Bajo su mandato fue condenado el opositor Leopoldo López, pero ahora se enfrenta al régimen con valentía y en defensa de la legalidad
Luisa Ortega, durante una rueda de prensa reciente en Caracas - EFE

Cada estocada suya contra el régimen de Nicolás Maduro parece previamente calculada y cronometrada. Luisa Ortega Díaz, la fiscal general, no deja nada al azar ni permite que los zarpazos y las desviaciones de sus camaradas destruyan la institucionalidad que tanto le costó instalar en Venezuela al difunto Hugo Chávez.

Ese poderoso sistema, que ella misma ayudó a levantar durante estos 18 años de chavismo, en este momento hace aguas y se enfrenta a las amenazas de la constituyente comunal que Maduro pretende imponer con unas elecciones viciadas y fraudulentas el próximo 30 de julio.

En sus manos está impedir que la dictadura comunista reine en el país. Su objetivo es que se recupere la institucionalidad democrática. De ahí su tremenda responsabilidad, que comenzó a ejercer cuando nadie se lo esperaba para frenar a Nicolás Maduro, Diosdado Cabello, Tareck El Aissami y a toda la cúpula del actual régimen autócrata. Y lo hace sin que le tiemble el pulso, con enjuiciamientos que podrían llevarlos al banquillo de acusados de la Corte Penal Internacional. Maduro y Cabello saben que la fiscal general los puede enjuiciar, también a las directores o rectores del Consejo Nacional Electoral. Así se lo recordó en una entrevista de la cadena Globovisión.
Para enfrentarse a Maduro y destituirlo cuenta con los organismos internacionales a su favor y el apoyo de la Asamblea Nacional, que es el único de los cinco poderes públicos mayoritariamente opositor y dispuesto a hacer justicia aunque sea tardía y lenta.

«Maduro ataca a la fiscal por venganza y por haber denunciado la ruptura del hilo constitucional»Luisa Marvelia Ortega Díaz, de 59 años, nació en Valle de la Pascua, estado Guárico, en el centro del país. Es fiscal general desde el año 2007. Fue renovada en el cargo por un segundo período de siete años en 2014, cuando Diosdado Cabello era presidente de la Asamblea Nacional.

La fiscal siempre ha sido de izquierdas. Se graduó en Derecho en la Universidad de Carabobo, situada en Valencia, a dos horas de Caracas. Se especializó en Derecho Penal en la Universidad Santa María (donde actualmente es profesora) y en Derecho Procesal en la Universidad Católica Andrés Bello, ambas situadas en la capital. También fue consultora jurídica del canal estatal Venezolana de Televisión (VTV). Se incorporó al Ministerio Público en abril de 2002.

Luisa Ortega está casada desde hace más de veinte años con el diputado Germán Ferrer, del gubernamental Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv), quien dirige el programa «Criterios» en la cadena Globovisión. Lo único que ha trascendido a la prensa sobre su vida privada es que su marido mantiene la lealtad política a la fiscal y la defiende a capa y espada hasta el punto de ser su asesor de imagen.

«Maduro ataca a la fiscal general por venganza y por haber denunciado la ruptura del hilo constitucional». Así lo aseguró el diputado Ferrer en las entrevistas que concede a los medios oficialistas para defender a su mujer. La postura de Ortega es también la de una minoría disidente dentro del chavismo, un movimiento emergente que trata de abrirse camino en el escenario político nacional.
Deseos de destituirla

Su cargo de fiscal general debería durar hasta 2021, pero los sectores maduristas más acérrimos quieren destituirla antes o después de que se instale la nueva Asamblea Nacional Constituyente el próximo 30 de julio.

Los dirigentes de la eventual Constituyente de Maduro, entre ellos el propio Cabello, que quiere volver a presidir un Parlamento aunque sea comunista, y el diputado chavista Pedro Carreño, encargado del trabajo sucio del chavismo, intentan retirar a Ortega de la arena política antes de 2021 a través del Tribunal Supremo, con alegatos tan inconsistentes como considerarla «loca» o acusarla de «mentirosa».

Pero según la Constitución venezolana, la única instancia que la puede destituir es la Asamblea Nacional antes de que sea disuelta. Cabello ha lamentado de haberla ratificado en el cargo. Ha pedido perdón por el nombramiento y la ha calificado de «traidora». También vaticinó que no durará en ese puesto clave porque la Constituyente la destituirá tan pronto sea nombrada el 30 de julio.

Su irrupción en defensa de la Constitución ha dejado atónitos a propios y extraños. No se esperaba su entrada en la escena política sin que nadie lo sospechara, Luisa Ortega decidió el pasado 31 de abril declarar que la Sala Constitucional del Tribunal Supremo (TS) había «roto el hilo constitucional» con sus sentencias 156 y 157, al despojar de facultades a la Asamblea Nacional. Pidió una rectificación y provocó así una sacudida política y el comienzo de una fisura en el chavismo que se ha ido agrandando con el paso de las semanas. Si bien la rectificación del TS ha sido a medias, el «golpe de Estado» contra el Parlamento ha continuado. Y la irrupción de la fiscal general en defensa de la 

Constitución ha dejado atónitos a propios y extraños. Nadie esperaba su entrada en la escena política.
Luisa Ortega está de moda y es mucho lo que puede hacer a favor de la democracia y la libertad en Venezuela. No tiene miedo, porque el día «que repartieron el miedo, yo no estaba ahí», declaró a sus camaradas disidentes del Frente de Defensa de la Constitución. Su talón de Aquiles son los escándalos de corrupción de los enchufados chavistas y altos cargos. También los presos políticos de la oposición. Bajo su mandato condenaron injustamente al líder opositor Leopoldo López a casi 14 años de prisión. «Ella se ha pasado al lado de la verdad», manifestó sobre Ortega Lilian Tintori, esposa de López.

Entre sus tareas pendientes aparece la investigación de muchos casos de corrupción, como las estafas con las divisas preferenciales, la importación y contratas leoninas con la brasileña Odebrecht. La cifra pasa de los 400.000 millones de dólares. También la liberación de 359 presos políticos.
Tarea pendiente: pedir perdón

Pero si quiere lavarle la cara al chavismoy que no quede tan mal parado en un futuro, debería mostrar mayor humildad. El pedir perdón es de buenos cristianos y eso le abriría más puertas, piensan los analistas, porque eso de «estar bien con Dios y con el diablo» no se aplica siempre en todos los casos de arrepentidos.

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