Nuevas secuencias del genoma del tardígrado arrojan luz sobre su capacidad de vivir sin agua durante décadas y soportar la radiación.

Los secretos del increíble animal que resucita
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Los tardígrados serán las únicas criaturas que resistirán en la Tierra hasta que el Sol muera para convertirse en una gigante roja y hiervan las aguas de los océanos, decían hace tan solo unos días investigadores de las universidades de Harvard y Oxford. Estas criaturas de menos de un milímetro de longitud son prácticamente indestructibles. Llamados también osos de agua o cochinillos de musgo por su peculiar aspecto, son capaces de sobrevivir hasta 30 años sin agua, en un estado de deshidratación completa del que se recuperan con las primeras gotas, y soportar temperaturas extremas de hasta 150ºC, el mar profundo e incluso la radiación del espacio. La cuestión es, ¿cómo lo hacen? Un grupo de investigadores de las universidades de Edimburgo (Escocia) y Keio (Japón) ha obtenido nuevas secuencias del genoma del tardígrado que arrojan luz sobre su parentesco y sus extraordinarias capacidades.

Algunos científicos propusieron que el ADN de los tardígrados era en realidad una mezcla de segmentos animales y bacterianos, convirtiéndolos en una especie de Frankenstein. La nueva investigación, publicada en PLOS Biology, pone en duda esta idea, ya que el material genético de estos animales parece «normal», es decir, sin evidencias de que utilicen genes extraños de las bacterias para sobrevivir. Su presencia parece deberse a una simple contaminación.

Pero lo que es «normal» en un tardígrado todavía resulta enigmático y emocionante. Por su tamaño microscópico, los osos de agua son demasiado pequeños para dejar fósiles, pero utilizando los nuevos genomas, los científicos fueron capaces de explorar cuál es la rama del árbol de la vida en el que se sientan estas criaturas. Resulta que, según las evidencias del ADN, sus parientes más cercanos son los nematodos (gusanos redondos), aunque hasta ahora se les relacionaba más con los artrópodos (insectos, arañas), por sus cuatro pares de patas regordetas.

Los investigadores examinaron entonces un conjunto de genes -los llamados genes HOX- que tienen la capacidad de organizar el plan de construcción del cuerpo de la cabeza a la cola. Generalmente, los animales cuentan con diez diferentes, cada uno implicado con una parte del modelo corporal. Pero a los tardígrados les faltan cinco y la mayoría de los nematodos también los están perdiendo. Esto es una coincidencia o una evidencia adicional de que los tardígrados y nematodos están estrechamente relacionados.

Protegidos del daño

También fue posible identificar los genes que los tardígrados utilizan para resistir los efectos adversos de la deshidratación. De esta forma, los científicos podrían identificar conjuntos de proteínas que parecen reemplazar el agua que pierden sus células, ayudando a preservar la estructura microscópica hasta que el agua está disponible de nuevo. Otras proteínas parecen proteger el ADN de los tardígrados del daño, y pueden explicar por qué pueden sobrevivir a la radiación.

«He estado fascinado por estos diminutos y entrañables animales durante dos décadas. Es maravilloso tener finalmente sus verdaderos genomas y empezar a entenderlos», afirma Mark Blaxter, coautor del estudio y profesor en la Universidad de Edimburgo. «Esto es solo el comienzo: con el plan de ADN podemos ahora averiguar cómo los tardígrados resisten los ambientes más extremos y tal vez utilizar sus proteínas especiales en biotecnología y aplicaciones médicas».

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