Posible exoluna aún no se ha confirmado, pero sería tan grande como Neptuno y orbitaría un planeta gigante situado a 4.000 años luz de la Tierra

Representación de un sistema solar lejano - NASA/JPL-Caltech

La potencia de telescopios como el Kepler permite medir la luz que llega de las estrellas en busca de tránsitos, esos momentos en los que un planeta se interpone entre su estrella y el observador y produce una bajada de la luminosidad. Gracias a esto, se han catalogado hasta el momento más de cuatro mil exoplanetas, que es el nombre que se le da a los planetas que no están en el Sistema Solar.

Todo apunta a que muchos de esos otros sistemas solares tienen también sus asteroides, cometas y lunas. Este viernes, un estudio científico compartido en la web arXiv, y que, por tanto aún no ha sido publicado en una revista científica, ha sacado a la luz las que podrían ser las pruebas de la primera detección de la Historia de una exoluna, es decir, de un satélite situado más allá del Sistema Solar.

La investigación ha sido realizada por el equipo de David Kipping, investigador en la Universidad de Columbia (Estados Unidos), a partir de datos obtenidos por el telescopio espacial Kepler. La posible luna estaría girando en torno a un planeta que a su vez estaría en la órbita de la estrella Kepler-1625, situada a 4.000 años luz de la Tierra.

¿Cómo han podido detectar algo tan pequeño como una luna y que está tan lejos? ¿Acaso se puede localizar una luna midiendo el oscurecimiento que causa sobre la luz que llega desde las estrellas, como si fuera un planeta?

No exactamente. El equipo de Kipping ha usado otro «truco» para localizar posibles satélites. Ellos han medido la luz de la estrella que se refleja en el planeta para tratar de detectar oscurecimientos que se puedan achacar al paso de una luna.
¿Una luna tan grande como Neptuno?

Después de hacer esto, los investigadores han informado de que han registrado tres bajadas de brillo en el planeta a medida que giraba en torno a la estrella Kepler-1625. Según ellos, los datos apoyan con un nivel de confianza de 4 sigma (lo que quiere decir que esta opción es bastante robusta) que los cambios de brillo se deban a alguna causa externa, y no a una fluctuación aleatoria de los datos.

Sin embargo, los autores han reconocido que el planeta está tan lejos, a 4.000 años luz de la Tierra, que la luz con la que trabajan es muy débil. Además, han concluido que no se puede descartar que detrás de estas bajadas de brillo pueda haber otras causas.

¿Cuándo se podrá averiguar qué está pasando en la estrella Kepler-1625? El equipo de David Kipping espera que el Telescopio Espacial Hubble pueda verificar o derrumbar sus elucubraciones en un futuro no muy lejano.

Mientras tanto, han comenzado a hacer cálculos sobre esta posible exoluna. Si existiera, los astrónomos consideran que debería ser inmensa, tan grande como Neptuno, mientras que su planeta asociado debería de ser tan grande como Júpiter. Así, de una tacada, la primera exoluna descubierta también se convertiría en la mayor luna jamás observada.

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