Unas imágenes reveladoras guardadas en un palacio de Teherán nos permiten echar un vistazo al mundo de las mujeres en un harén persa del siglo XIX.




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Naser al Din Sah Kayar, que gobernó Pesia entre 1848 y 1896, era un apasionado de la fotografía y las mujeres de su harén eran sus modelos preferidas.

El palacio Golestán (Teherán, Irán) cuenta con una gran colección de las obras captadas por un gobernante que tenía cerca de 100 concubinas, según los historiadores.

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Al tomar las riendas del imperio, el sah Kayar estableció en su residencia el primer estudio fotográfico oficial.

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Estas fotografías destacan por el hecho de que, en aquella época, las normas chiitas prohibían capturar rostros humanos, sobre todo femeninos... pero el sah era el único que podía infringir las leyes.

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Esas instantáneas históricas desmienten ciertas ideas extendidas sobre la vida los harenes. Así, las mujeres del regente persa presentan un aspecto moderno y parecen seguras de sí mismas, aunque sin visos de rimidez, recelo ni coquetería.

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Además, algunas imágenes hacen suponer que esas mujeres gozaban de relaciones amistosas: incluso en una fotografía aparecen juntas durante un picnic.

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Las fotos muestran a mujeres con rasgos similares: bastante corpulentas, cejijuntas y, algunas, con bigote.

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Se adivina que las concubinas del Sah Kayar no pasaban hambre ni se ocupaban de realizar demasiadas labores físicas.

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En muchos momentos aparecen con faldas cortas y abullonadas que asemejan tutús de bailarinas.

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El sah visitó San Petersburgo (Rusia) en 1873 por invitación del imperador ruso Alejandro II, donde disfrutó de un espectáculo de 'ballet'.

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Según la leyenda, el Sah Kayar quedó encantado por las bailarinas rusas e introdujo ese tipo de vestimenta para sus esposas, que solo podían aparecer así frente a las cámaras.

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En la década de los 70 del siglo XIX el fotógrafo ruso Antón Sevriuguin abrió su estudio en Teherán. Allí, creó una crónica de Irán e imágenes y pudo retratar al propio sah y su entorno, excepto a sus mujeres.

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