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lunes, 7 de agosto de 2017

«Al menos inicialmente, los robots serán nuestros, en todo el término que conlleva la plena propiedad y en el sentido que lo otorga el Código Civil»

¿Serán los robots nuestros esclavos modernos?

Una mujer conversando con un robot - EFE

Una de las instituciones más crueles e injustas para el hombre, y para su dignidad, ha sido la de la esclavitud, felizmente abolida en casi todos los rincones del Planeta. Sin embargo, podríamos rescatar muchos de sus conceptos asociados para aplicarlo a los algoritmos y a su plasmación física robótica.

Al menos inicialmente, los robots serán nuestros, en todo el término que conlleva la plena propiedad y en el sentido que lo otorga el Código Civil. Por muy inteligentes que sean, estarán supeditados a nuestros deseos y a nuestras órdenes. Incluso a la muerte electrónica solo por nuestra mera voluntad e incluso capricho.

Así, un robot deberá responder a todo aquello que le ordenemos, obviamente dentro de su capacidad operativa. No tendrá más prerrogativas que los que queramos regalar. Sus derechos serán inexistentes y su posibilidad de acudir a la queja, nula. ¿No recuerda todo esto a la situación de un esclavo? Se asemejan en que, a pesar de poseer inteligencia, estaban supeditados a la voluntad y propiedad de un tercero.

En la antigua Roma, los esclavos, en su condición inalienable de seres humanos (distinto concepto legal de personas o de ciudadanos), tenían manifestación de voluntad y cierta autonomía. Incluso algunos podían realizar negocios en nombre del amo, el dominus serví. Pero todas las acciones civiles ejercidas por un tercero como resultado de las acciones negativas del esclavo, el servus, iban contra su dueño.

En el terreno penal, la responsabilidad recaía sobre ese dueño, obligado a resarcir el daño. De esta forma, si el esclavo causaba un mal, las acciones irían contra el dueño, como último responsable, aunque no fuera el actor. ¿Se podría aplicar el derecho romano a los robots? La respuesta será negativa en tanto y cuanto los esclavos eran sometidos contra su voluntad. La mayoría (siempre habría extrañas negativas) elegiría la libertad y la plena capacidad de obrar a la esclavitud.

Un segundo elemento diferenciador a un robot, es la consciencia de sí mismos y de su condición de humanos. El sometimiento y la autoconsciencia serán conceptos que los algoritmos tardarán en comprender y en adoptar. La siguiente fase sería la del anhelar la libertad. El derecho romano diseñaba, marcaba y regulaba ese sometimiento. En el caso de los algoritmos no es necesario, por ahora. Sí se podría aplicar la responsabilidad del dueño sobre los actos del robot.
Derecho de los robots

Recientemente, un grupo de trabajo del Parlamento Europeo ha elaborado un documento de recomendaciones para que la Comisión Europea legisle sobre los robots e Inteligencia Artificial en materia de derechos civiles. Este informe posibilita la creación de un nuevo tipo de personalidad jurídica, la electrónica, que sea objeto de derechos y obligaciones.

Los robots, o mejor dicho, los algoritmos que lo controlan, pueden llegar un día a ser autónomos y no necesitar depender en absoluto del hombre. Si alcanzan una autonomía de decisión independiente, puede ser lógico que ostenten determinada capacidad de obrar en el sentido legal. Otro extremo planteado, dentro del derecho fiscal y laboral es si un robot debe ser objeto de cotización. Esto es, si su dueño debe pagar impuestos y cuota de Seguridad Social. Lo segundo sería limitado a contribuir al sistema de pensiones, obviamente no tendría derecho ni necesidad de

prestación de desempleo ni de baja de enfermedad. En el terreno fiscal, sería discutible ya que el impuesto se aplica a su producto, y el robot no tendría ingresos gravables como tal. Pero en la actualidad solo estamos en una etapa posibilista, en la que se repiten elucubraciones sobre las consecuencias de una Inteligencia Artificial que pueda superar la humana, y con ello, tomar decisiones y ejecutar acciones. Las opiniones vertidas entran muchas veces dentro de la ciencia ficción, porque la evolución de los robots dependerá en mucha medida de cómo los diseñemos al principio. Ahora es el momento de sentar las bases legales, éticas e incluso filosóficas.
DAVID FERNÁNDEZ