Diez años han pasado desde el nacimiento del dispositivo que sentó las bases de lo que hoy conocemos como “smartphones”

 La pantalla táctil a color y las dinámicas de uso 3D son algunas de las tecnologías que introdujo.

El último modelo del iPhone. / Cortesía Apple


Desde su creación hace diez años, el iPhone de Apple se ha convertido en la joya de la corona tecnológica. No sólo se trata de una poderosa herramienta personal —una de las primeras— capaz de condensar productividad y entretenimiento en el bolsillo, sino en una muestra de innovación que va más allá de su propia estructura.

Corría el año 2004 cuando Steve Jobs decidió que era momento de revolucionar de nuevo. Desde su regreso en 1997, el empresario había sacado adelante a la empresa, que estaba prácticamente en la quiebra, y había lanzado exitosamente el iPod (en 2001) y su servicio complementario, iTunes. Pero eso no era suficiente.

Ese año Jobs y su equipo se propusieron investigar las oportunidades que ofrecían las pantallas táctiles. Casi 30 meses de pruebas y errores, una inversión de US$150 millones y una alianza sin precedentes con el operador AT&T fueron necesarios para llegar a un producto satisfactorio.

Así, el 29 de junio de 2007 llegaba a las tiendas el iPhone de primera generación, pequeño, de forma más bien redondeada, pero capaz de moldear el concepto de smartphone. Para comenzar, era uno de los primeros en emplear una pantalla multitáctil a todo color, lo que a su vez ayudó a reducir los botones en el teléfono a uno solo. Además, con la idea de perpetuar el éxito logrado con el iPod, Jobs le integró un potente sistema operativo (iPhone OS 1.0), capaz de conectarse con la tienda de iTunes para descargar música.

Ese mismo año, la revista Time galardonó al dispositivo como el invento del año y las ideas que le regalaron la aclamación de los expertos al iPhone evolucionarían para lanzar un teléfono inteligente aún más potente en 2008. Con nuevo sistema operativo, la idea de descargar canciones se transformó en la de bajar aplicaciones con la llegada de la App Store.

Esta innovación por parte de Apple abrió la puerta para que desarrolladores de software del mundo se animaran, a su vez, a innovar creando sus propias aplicaciones para los usuarios de la tienda virtual. La idea era que explotaran las características del iPhone 3G, que, aparte de la cámara y una velocidad de transmisión de datos superior a la de su predecesor, contaba con acelerómetro y sensores de proximidad y de luz ambiental.

Desde entonces, las innovaciones por parte de la casa de la manzana continúan llegando. En 2009, por ejemplo, el turno fue para el iPhone 3GS, que aparte de ser dos veces más veloz que sus versiones previas, también introdujo el autofoco en la cámara, la brújula y uno de los primeros intentos, quizá muy básico, de comandos de voz. Un año más tarde llegó la primera gran renovación del dispositivo, la cuarta generación, con un diseño más poligonal, cámara frontal y función multitarea.

En 2011, el fabricante de Cupertino volvió a descrestar con la presentación del iPhone 4S, el primero en integrar un asistente personal por voz (Siri). Con la llegada de éste, otros gigantes como Google y Microsoft se vieron en la necesidad de crear sus propias ofertas —Google Now y Cortana— beneficiando, en medio de la competencia, a los usuarios. Otras novedades incluyeron el primer procesador A5 fabricado por Apple (antes los hacía Samsung), esta vez de doble núcleo, y la cámara de 8 megapixeles con cinco lentes para grabar en resolución full HD.

Con componentes como procesadores, cámaras y micrófonos cada vez más pequeños, aunque enormes en capacidad, llegaron las versiones 5 en 2012 y 5C y 5S en 2013. Los reflectores se encendieron sobre esta última por cuenta de dos factores: el procesador A7, que a pesar de ser de doble núcleo venció a los de cuatro núcleos de los demás fabricantes, coronándose como el más poderoso del mundo en ese momento y pavimentando el camino para que los desarrolladores de software comenzaran a crear aplicaciones cada vez más complejas, como Pokémon Go, por ejemplo. El segundo fue la introducción del lector de huellas al mercado masivo.

La octava generación llegó por partida doble de la mano de los iPhone 6 y 6 Plus. Más grandes y delgados, este par traían como novedad a la marca el sistema Apple Pay, que, como en otros smartphones aprovecha la tecnología de los chips de comunicación de campo cercano (ya existente) para convertir el celular en un medio de pago: se ingresa la información de las tarjetas y se acerca el móvil a ciertos censores en las cajas.

En los últimos dos años, sin embargo, las novedades tampoco han dejado de llegar. En el iPhone 6S de 2015, Apple equipó la tecnología 3D Touch, que detecta los diferentes tipos de presión ejercidos sobre la pantalla y ofrece un acceso más intuitivo al uso de las funciones del teléfono y las aplicaciones descargadas. Para el modelo más reciente, el 7, la casa de la manzana agregó un segundo lente a la cámara trasera para profundidad de campo y mejor calidad en las fotos, a la vez que eliminó el puerto para audífonos, que ahora se venden por separado y son inalámbricos.

Con semejante derroche de innovación, no es de extrañar que a mediados del año pasado Tim Cook, sucesor de Jobs, pudiera decir con toda confianza que en el mundo ya se han vendido más de mil millones de iPhones. Esto sin contar los incontables gadgets que la compañía y otras tantas independientes han diseñado para el smartphone y los 2,2 millones de aplicaciones que el fabricante informa que se encuentran disponibles en la App Store.

Así, las expectativas son altas. Se espera que entre septiembre y octubre de este año los de Cupertino lancen una nueva versión de su buque insignia, una que conmemore diez años de innovación y a la que no le han faltado rumores y especulaciones. De estas, quizá la más comentada es la de la eliminación del botón central en pro de una pantalla que ocupe todo el frente.

Entradas populares