Hunos y romanos no solo se mataron: también tuvieron hijos e intercambiaron modos de vida, según una investigación que ha analizado restos óseos

Atila, según Delacroix - Web Gallery of Art/Wikipedia

Según los cronistas romanos, las invasiones de los hunos solo trajeron muerte y destrucción. Encabezados por el último de sus caudillos, Atila, también conocido como «El azote de Dios», estos nómadas y bárbaros de las estepas forjaron el mayor imperio de su tiempo, extendido desde Europa central hasta el Mar Negro, y desde el río Danubio hasta el Báltico. Atila invadió dos veces los Balcanes, estuvo a punto de tomar la ciudad de Roma y llegó a sitiar Constantinopla, hoy Estambul. Finalmente, se suele considerar que todas estas incursiones de hunos desestabilizaron al imperio e hicieron que la caída de Roma fuera inevitable.

Unos científicos de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) han tratado de ser más objetivos que los cronistas romanos. En un artículo publicado en PLOS ONE han publicado sus últimos hallazgos, realizados después de analizar la composición química de los huesos y los dientes de las gentes que vivieron durante un tiempo en las fronteras entre el imperio romano y los vastos dominios de los hunos. Han concluido que romanos y hunos tuvieron hijos en común, y que además intercambiaron estilos de vida.

«Las fuentes documentales nos hablan de una historia de violencia, traición y tratados que se rompían en cuanto se hacían, pero esta no es toda la historia», ha explicado Susanne Hakenbeck, la primera autora del estudio. «Nuestra investigación nos permite echar un vistazo para saber cómo vivía la gente ordinaria a lo largo de la frontera del Imperio romano, donde los pastores nómadas podían hacerse granjeros y los granjeros podían hacerse nómadas».
Cráneo modificado de origen huno. Los hunos usaban vendas para cambiar el crecimiento de los huesos de los bebés- Erzsébet Fóthi, Museo de Historia Natural de Budapest

El equipo de Hakenbeck estudió restos humanos del siglo V presentes en varios cementerios de la actual Hungría, en una zona por la que discurría la frontera romana de entonces. Analizó la composición de los isótopos, distintas variantes de elementos químicos, que estaban presentes en varios tejidos de los huesos, ya que estos reflejan hasta cierto punto la dieta y la movilidad y por lo tanto el modo de vida que tenían las personas. En concreto, los científicos analizaron la presencia de isótopos en el colágeno de los huesos, en la dentina y en el esmalte, ambos en los dientes.

Aquellos que tienen unos niveles altos de ciertos isótopos de estroncio y oxígeno pueden reflejar un modo de vida nómada. Pero si los más abundantes son ciertos isótopos de carbono, la dieta puede estar relacionada con la de los agricultores y pastores.

La dieta de los granjeros era relativamente «aburrida», según Hakenbeck, puesto que estaba basada en trigo, verduras, legumbres, un poco de carne y apenas nada de pescado. Pero los pastores se alimentaban mayoritariamente de carne y pescado, y de mijo, una planta procedente de Asia central.
Coexistencia entre hunos y romanos

Los análisis mostraron que había personas que fueron pastores y agricultores y otras que fueron nómadas. Junto a estas, había algunas que cambiaron varias veces su modo de subsistencia. Esto sugiere, tal como han dicho los autores, que estas poblaciones usaron distintas estrategias para sobrevivir, y que muchas personas cambiaron su dieta a lo largo de su vida. Los nómadas pudieron comenzara a tener rebaños más pequeños y a ser granjeros, mientras que los habitantes del imperio pudieron adoptar el pastoreo.

Por eso, los autores consideran que en vez de una historia de violencia, únicamente, el final del Imperio Romano pudo albergar historias de coexistencia y cooperación de gente corriente en las zonas de la frontera.

El historiador Prisco de Panio dejó escrito que una vez viajó hasta la corte del temible Atila. Allí se encontró con un mercader que había abandonado el imperio para vivir con los hunos. Este anterior comerciante dijo que, después de la guerra, los hunos «vivían en la inactividad, disfrutando lo que tenían, y con ningún, o casi ningún, tormento».

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