Voló 1.200 kilómetros para salvar a un perro a punto de ser sacrificado

Paul Steklenski no dudó en subirse a su avión para evitar que el animal recibiese la eutanasia


Muchísimos animales en todo el mundo esperan ayuda en refugios. Son tantos que en estos hogares no hay espacio para todos los que llegan; y en ciertas ocasiones, el sacrificio se convierte en la última y triste salida para ellos. Sólo la buena voluntad de las personas puede evitarlo. Los que lo tienen más difícil son los ancianos y los enfermos, infinitamente menos demandados que los cachorros y canes jóvenes. A pesar de todo, de vez en cuando aparece un héroe dispuesto a rescatar del corredor de la muertea uno de estos perros.

Tal como cuenta el blog Good News Network, la perrita Adrienne fue recogida de las calles por un refugio en Oxford, Carolina del Norte. Con apenas dos años de edad, los serios problemas que presentaba su vejiga exigían una operación para salvarle la vida. El primer inconveniente era el alto precio de esta intervención, unos 1.500 dólares que el refugio no podía pagar. El segundo, no menos importante, era que para recibir el tratamiento necesitaba desplazarse a Stamford, Connecticut. Un viaje de 700 kilómetros.

Ante la falta de soluciones, llegó a fijarse fecha y hora para sacrificar a la perrita. Pero justo a tiempo, apenas días antes de que tuviese lugar el fatídico suceso, el caso llegó a oídos de Paul Steklenski. Este piloto de 45 años forma parte de Flying Fur Animal Rescue, una organización dedicada a proteger animales necesitados. Steklenski no sólo consiguió que el colectivo pagase la operación de Adrienne, sino que se ofreció para realizar en su avión los desplazamientos necesarios para llevarla a cabo.

En un épico viaje relámpago, el piloto recorrió más de 1.200 kilómetros para salvar a la perrita. Partió de su casa en Pensilvania, recogió a Adrienne en Oxford y la llevó hasta Stamford. Allí, la intervención resultó un éxito. «No lo pensé, simplemente tenía que hacerlo. El viaje marcó la diferencia entre la vida y la muerte. Con atención adecuada podrá vivir una vida normal. Fue muy emocionante por lo que había en juego, pero al final del día estaba completamente agotado», ha explicado Steklenski, que adquirió su avión hace 13 años para dedicarse al rescate de animales.

Su generosidad nos recuerda la de otro colectivo del que ya te hablamos tiempo atrás en esta misma sección, el de los pilotos que vuelan sin cobrar para salvar a perros de ser sacrificados. Sin llegar a subirse a una avioneta, otras personas renuncian a comodidades para encargarse de animales necesitados. Es el caso de Steve Greig, el hombre que dedica su vida a adoptar perros viejos que nadie quiere; o de la señora Jung, una mujer que lo dejó todo para adoptar cientos de perros.

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