China apoya sanciones a Corea del Norte

Pero pide diálogo

El presidente chino, Xi Jinping, se despide de los periodistas tras ofrecer una rueda de prensa - EFE

Aún sin abrir, un imponente puente colgante blanco de tres kilómetros sobre el río Yalu resume las relaciones actuales entre China y Corea del Norte. Levantado con un presupuesto de casi 300 millones de euros en plena frontera, fue terminado en 2014 e iba a unir la ciudad china de Dandong, principal puerta de entrada a Corea del Norte, con las zonas económicas especiales con las que el régimen de Pyongyang quería captar inversión extranjera. Hoy, los dos carriles en cada sentido procedentes del lado chino saltan abruptamente al vacío nada más entrar en territorio norcoreano, donde no hay más que campos baldíos porque no se ha construido ninguna carretera.

En lugar de abrirse a las inversiones que le prometían los empresarios chinos y surcoreanos, ansiosos por montar fábricas aprovechando su barata mano de obra, el régimen de Kim Jong-un se ha cerrado aún más con sus ensayos nucleares y de misiles. Además, se enfrenta a duras sanciones impuestas por la ONU que pretenden cortar la financiación de su carrera militar asfixiando su escaso comercio exterior, copado por China en un 92 por ciento.
Reducción de comercio

Dos tercios de dicho comercio, estimado en 6.000 millones de dólares (5.000 millones de euros), pasan por el viejo Puente de la Amistad que, con un solo carril y una vía para el tren, conecta ambos países en el centro de Dandong. Con la esperanza en una cierta apertura económica de Corea del Norte, el nuevo puente sobre el río Yalu iba a sustituirlo. Pero no parece que vaya a hacerlo pronto por la tensión con el régimen estalinista de Pyongyang y, además, por la reducción del comercio con China debido a las sanciones. «Ya no hay tanto negocio como antes», se queja Lei, un empresario local.

La merma puede ser aún mayor tras la última prueba nuclear de Corea del Norte, ya que Estados Unidos está presionando para que el Consejo de Seguridad de la ONU amplíe las sanciones a las prendas textiles y al veto de sus trabajadores en el extranjero. Además, según informa Reuters, Washington quiere congelar los activos de Kim Jong-un en otros países.

Con este objetivo, el presidente estadounidense, Donald Trump, telefoneó el miércoles por la noche a su homólogo chino, Xi Jinping, y la llamada empezó a dar sus frutos ayer. «Dados los nuevos acontecimientos en la Península Coreana, China está de acuerdo en que el Consejo de Seguridad de la ONU vaya más lejos en su respuesta y tome las medidas necesarias», aseguraba el ministro de Exteriores, Wang Yi, horas después de la conversación entre Trump y Xi.

Pero también reclamaba una solución negociada. «Cualquier acción de la comunidad internacional contra la República Democrática Popular de Corea debería servir para frenar su programa nuclear y de misiles, así como para reabrir el diálogo», abogaba Wang Yi.
Maniobras del Ejército chino

Por si sus buenas palabras no funcionaban, el Ejército chino llevaba a cabo unas maniobras militares en el Golfo de Bohai, cerca del Mar Amarilloque lleva hasta la Península de Corea. Unos ejercicios que no tenían como objetivo ningún enemigo, sino «mejorar la capacidad de las misiones de expulsión de las fuerzas armadas», anunciaba el Ministerio de Defensa en internet para referirse a una hipotética invasión.

Tras el último ensayo atómico de Kim Jong-un, las espadas siguen en alto en Asia y, ayer, Corea del Sur siguió desplegando en su territorio el escudo antimisiles del Pentágono. Entre fuertes protestas, que dejaron varios heridos, y las quejas de China, que teme que afecte a su capacidad militar, Seúl se blinda ante el temor a una nueva prueba de un misil norcoreano que podría ser inminente.

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