Después de una semana de advertencias de las autoridades y de creciente pánico entre la población, el huracán Irma hizo contacto con el Sur de Florida, donde millones de personas estaban expuestas a su potencial destructor.

Irma convierte la costa oeste de Florida en un infierno.

El huracán se degradó ayer a categoría 3 pero no se debilitó y siguió su avance con un tremendo potencial destructor




Después de una semana de advertencias de las autoridades y de creciente pánico entre la población, el huracán Irma hizo contacto con el Sur de Florida, donde millones de personas estaban expuestas a su potencial destructor.

Por la mañana ya había atravesado los Cayos, una estrecha y alargada lengua de tierra que se arquea sobre el Sur del estado y donde las autoridades esperaban una destrucción masiva. Esta era una de las zonas donde las autoridades habían ordenado una evacuación histórica, demás de seis millones de personas en todo el estado. Lo hizo con categoría 4, una por debajo de la máxima, con vientos sostenidos de más de 200 kilómetros por hora. Al cierre de esta edición, el huracán se había degradado a categoría 3, con vientos alrededor de 190 kilómetros por hora, a su paso por Marco Island, una zona de islas pegadas a la costa, y se encaminaba hacia Naples, la primera ciudad en la que se esperaba que su ojo hiciera contacto.

Como habían apuntado las previsiones en los últimos días, Irma osciló hacia la costa Oeste. Muchos habitantes de esta zona que esperaban quedar fuera de lo peor del huracán se vieron sorprendidos por este cambio. También las autoridades, que todavía ayer se apresuraban por montar refugios a contrarreloj. Muchos que intentaron huir se quedaron en el camino y tuvieron que buscar solaz improvisado. Los embotellamientos en las principales arterias del Oeste -por ejemplo, la autopista I-75- y la dificultad para encontrar gasolina dejaron una multitud de vehículos abandonados en dirección hacia el Norte.

En un principio, se creía que Miami, en la costa Este y la principal ciudad del estado, estaría en la misma trayectoria del huracán. Eso no ocurrió, pero no impidió sufriera con fuerza los efectos de Irma. Se registraron vientos de unos 160 kilómetros por hora, hubo destrozos generalizados -dos grúas de construcción se despeñaron- y algunas partes de la ciudad, como el centro financiero y Miami Beach, sufrieron inundaciones. La zona también estaba en alerta por la llegada de tornados.

Los fuertes vientos y las lluvias torrenciales eran solo una de las preocupaciones para las autoridades. «Sé que los vientos van a ser devastadores y con riesgo para la vida», dijo ayer por la mañana el gobernador de Florida, Rick Scott. «Pero también estoy muy preocupado por el aumento del nivel del agua tras la tormenta». Un fenómeno habitual con los huracanes es que el nivel del mar descienda por el efecto de los vientos, para luego subir con violencia, incluso varias horas después de que los peores vientos hayan pasado. «Quedaos en el terreno más alto que podáis, y rezad», dijo Scott a los ciudadanos.

La mayor preocupación ayer era este aumento del nivel del mar en zonas muy pobladas como Naples, Fort Myers, Sarasota y, sobre todo, Tampa, la segunda ciudad más poblada del estado. «Van a ser seis horas de infierno», advirtió ayer el alcalde de la ciudad, que esperaba recibir el ojo de Irma hacia las once de la noche local, cinco de la mañana de hoy en España.

Irma ya había mostrado su violencia los días anteriores a su paso por el Caribe, donde hasta el momento se han contabilizado 25 víctimas mortales. En Cuba, su última parada antes de llegar a Florida destrozó el sistema eléctrico, anegó zonas hoteleras del Norte y causó inundaciones sin precedentes en La Habana. Las autoridades castristas no habían evaluado los daños personales y materiales del huracán. Al cierre de esta edición, había casi dos millones de personas sin suministro eléctrico en Florida, toques de queda en muchas localidades y con preocupación por las dos centrales nucleares del estado, y las otras nueve en otros estados del Sureste que podrían sufrir su impacto. Al cierre de esta edición, buena parte del estado estaba «en el lado oscuro de la Luna», como explicó el ex director de emergencias de Florida, David Halstedad, a la CNN, en referencia a las misiones Apolo y la caída de los sistemas de comunicaciones. Los teléfonos de emergencia ya no funcionaban en muchas zonas y solo quedaba aguantar que pasara la tormenta.

JAVIER ANSORENA

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