El iPhone X, con el que Apple celebra 10 años del equipo

Tiene mayor tamaño, pantalla que cubre casi todo el frente del dispositivo y reconocimiento facial como método de desbloqueo principal.

Philip Schiller, vicepresidente senior de marketing mundial de Apple, habla sobre el iPhone X durante un evento en la nueva sede de Apple en Cupertino, California. /AFP

“Hay una cosa más”. En el mundillo de la tecnología la frase es una especie de ícono y por eso, mientras Tim Cook la pronunció este martes en el auditorio Steve Jobs, en el nuevo campus de Apple, el público aplaudió y gritó. Emoción pura.

“Estas son palabras que no nos tomamos a la ligera y nos parece apenas lógico que, 10 años después del primer iPhone, revelemos aquí un producto que marcará el camino de la tecnología para la siguiente década”.

Las palabras de Cook precedieron a la introducción del iPhone X, que, tal y como rezaban los rumores, viene con una pantalla OLED de 5,8 pulgadas que cubre casi todo el frente del equipo, desplegándose de borde a borde en el dispositivo.

Esta es la modificación en diseño más seria que ha tenido el iPhone desde el paso entre el iPhone 5S y el 6, quizá. No es sólo una transformación de forma, sino también de fondo.

El nuevo dispositivo, a pesar de tener una pantalla más grande (con resolución de 2436 X 1125 pixeles y una densidad de 458 pixeles por pulgada), se siente y se ve más pequeño que un iPhone 7 Plus, el modelo más grande en el mercado. Esta es una pequeña hazaña que, siendo justos, ya está presente en otros competidores, pero que no deja de ser impresionante.

La gran implicación del cambio en diseño es que no hay botón de home, ni físico, ni virtual. El desbloqueo del equipo será con reconocimiento facial, una tecnología que ya está presente en otros dispositivos, pero que no termina de funcionar del todo bien en varios competidores de la marca. Apple la llama Face ID.

La propuesta de Apple acá es integrar tres métodos simultáneos de medición y escaneo para asegurar varias cosas: la primera, que funcione, que se desbloquee cuando la persona mira la pantalla y ya. Y, la segunda, que no se pueda fingir ser alguien más con una máscara, por ejemplo.

No es broma, la empresa probó el sistema con máscaras de una misma persona y, asegura que, la posibilidad de pretender ser un usuario, o sea, de burlar la seguridad del sistema de reconocimiento facial, es de una en un millón.

El reconocimiento facial utiliza una medición del entorno de la cara, un escaneo infrarrojo de los rasgos de la persona y la proyección de 30.000 puntos infrarrojos sobre el rostro, que también calculan los rasgos de la cara de un usuario, incluso en la oscuridad. De acuerdo con Phil Schiller, vicepresidente mundial de mercadeo de Apple, todos estos datos son analizados en tiempo real por un sistema capaz de realizar 600.000 millones de operaciones cada segundo. Esta tecnología es alimentada por el nuevo procesador del equipo, llamado A11 Bionic, de seis núcleos y con arquitectura de 64 bits.

Durante las primeras pruebas en un salón adjunto al auditorio, el sistema funciona bastante bien, incluso cuando no se mira el dispositivo en perfecta alineación con la pantalla. La parte superior de ésta integra, en una pequeña franja, la cámara frontal para fotografía, además de todos los sistemas para el reconocimiento facial.

La fe de Apple en este método es tal que el teléfono no tiene sensor de huella, por un lado. Y, por el otro, también es la forma para autenticar pagos a través de Apple Pay, el sistema sin contacto para realizar transacciones de la marca.

“¿Qué hace la humanidad cuando tiene tecnología así de poderosa en las manos?”, se preguntó Craig Federighi, vicepresidente de ingeniería de software, durante la presentación del martes. La respuesta, para desgracia o fortuna de miles, es emoji, o animoji para ser exactos.

La compañía introducirá una suerte de emojis animados que toman la lectura de los gestos de una persona y la incorporan en la cara de un unicornio, un zorro, un alienígena. Piénselo de esta forma, si los filtros de Snapchat permiten proyectar una corona en la cabeza de alguien, los animoji de Apple realizan el proceso contrario: toman sus gestos, su cara, y la introducen en el disfraz digital de un emoji que imita lo que usted hace y dice.

La demostración, más allá de ser algo banal para algunos, no deja de ser impresionante: reconocimiento facial que, de verdad, funciona. En tiempo real lee, para el caso de los animoji, más de 50 músculos y los traduce en animación digital al instante. No es poca cosa.

Con cierta seguridad, las aplicaciones de esta tecnología empezarán por los lares de los videojuegos. Lo que no está mal, si se tiene en cuenta que algunos de los desarrollos más interesantes en realidad aumentada y realidad virtual vienen de esta industria, por ejemplo. De ahí para adelante, dependerá de una especie de ciclo virtuoso entre la disposición de los desarrolladores para construir aplicaciones que aprovechen el reconocimiento facial y una masa crítica de usuarios que tengan el nuevo iPhone X.

Este punto es, quizá, el lado más flaco del anuncio de este martes: el nuevo teléfono llega con un precio de entrada bastante impresionante (o decepcionante, dependiendo de sus posibilidades económicas): US$999 por el modelo de entrada, con 64GB de almacenamiento interno. Estará disponible desde el 3 de noviembre.

Además de esto, la compañía presentó dos nuevos teléfonos, iPhone 8 y 8 Plus, que, en esencia, son mejoras internas sobre el mismo diseño de sus predecesores, 7 y 7 Plus. O sea, en vez de añadirle una S al ciclo de actualización clásico de Apple, son denominaciones nuevas para cambios de hardware (principalmente un procesador nuevo, el mismo del iPhone X, que en este caso entrega hasta 70% mejor desempeño que el anterior).

El precio del iPhone 8 arranca en US$699 y el 8 Plus está en US$799. Ambos modelos estarán disponibles a partir del 22 de septiembre y vendrán en dos configuraciones, 64Gb y 256 GB. La siguiente versión del sistema operativo móvil de estos teléfonos, iOS 11, será publicada el 19 de septiembre.

Tanto estos modelos, como el iPhone X, ahora pueden ser cargados sin cables, bajo el estándar Qi. Esta es una característica presente, desde hace un tiempo, en teléfonos de otras marcas. Lo que Apple propone acá, para el próximo año, es un dispositivo llamado Air Power, que es una suerte de base de carga inalámbrica en la que se podrán cargar, simultáneamente, el Apple Watch, un iPhone y los audífonos (Airpods).

Así mismo, el Apple Watch también recibió una actualización importante: conexión celular, que le permite funcionar de forma más independiente del iPhone. En pocas palabras, se pueden recibir mensajes y llamadas en el reloj, sin la necesidad de tener el teléfono de la marca cerca.

El Apple Watch se ha convertido en una línea de producto importante para la compañía y, de acuerdo con Cook, es el reloj más popular en el mundo y ha experimentado un crecimiento de 50% en el segundo trimestre de este año, en comparación con el mismo periodo del año pasado.

La serie 3 de este dispositivo tiene el mismo tamaño de la anterior (el mayor cambio externo fue el incremento de 2,5 milímetros en el grosor del cristal de la pantalla), lo que de por sí es una pequeña hazaña de ingeniería porque la conectividad celular significa añadir antenas y amplificadores de señal, entre otros elementos. La pantalla funciona acá como la antena para este tipo de comunicación, lo que permite maximizar el espacio interior.

Este dispositivo tiene un nuevo procesador, con 70% mejor desempeño en términos de rapidez, así como un nuevo chip de comunicaciones, que promete un 50% más de duración en la batería, uno de los puntos claves en este tema: más antenas y funciones usualmente significa menos tiempo de vida con cada carga. Falta ver cómo se compensan estos dos factores en el nuevo reloj.

La conexión celular también implica que Apple Music puede operar ahora desde el teléfono, sin necesidad del iPhone, claramente.

Apple Park

El auditorio Steve Jobs es un gran cilindro de vidrio y fibra de carbono que se encuentra en una de las partes más altas del terreno en donde aún se termina de construir Apple Park, el nuevo campus de la compañía, en Cupertino.

Todo el complejo contó con la supervisión cercana de Steve Jobs hasta cuando su salud se lo permitió. La concepción del proyecto comenzó hace una década. El mismo Jobs intervino ante el concejo de esta ciudad para discutir la construcción para un complejo corporativo que ha sido apodado “la nave madre” o la “dona”. El diseño circular ideado por el arquitecto británico Norman Foster es el responsable de es estos nombres.

Más allá del tono algo burlón, el complejo es impresionante y resulta apenas lógico que la celebración de los 10 años del iPhone incluya estrenar un edificio que, de cierta forma, simboliza el futuro de la compañía para las décadas por venir.

Además de la estructura como tal, el otro protagonista del lugar es la arborización, que a futuro contará con unos 9.000 árboles, aún en proceso de ser plantados. La idea de Jobs era diseñar un lugar con bosques y senderos para que los trabajadores caminaran en busca de inspiración y tranquilidad. Y, hay que decirlo, incluso en el frenesí de un lanzamiento como este, todo el sitio se siente bastante pacífico.

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