Investigadora de la Universidad de Michigan (EE.UU.) ha encontrado dos pruebas que pueden respaldar la existencia de un noveno planeta.

Recreación artística del enigmático Planeta 9 - NASA/Caltech/Robert Hurt

Una investigadora de la Universidad de Michigan (EE.UU.) ha encontrado dos pruebas que pueden respaldar la existencia de un noveno planeta, hasta ahora desconocido, en los confines del Sistema Solar. Ese hipotético Planeta 9 puede tener diez veces la masa de la Tierra y estar situado veinte veces más lejos del Sol de lo que lo está Neptuno.

Algunos astrónomos creen que la existencia de ese misterioso mundo explicaría la forma en la que se comportan algunos objetos en el espacio, llamados objetos transneptunianos (TNO). Se trata de cuerpos rocosos más pequeños que Plutón que orbitan alrededor del Sol a una mayor distancia media que Neptuno. Hasta ahí todo normal, pero resulta que las órbitas de los transneptunianos más distantes, aquellos cuya distancia media del Sol es más de 250 veces más lejana que la distancia de la Tierra, se comportan de manera muy curiosa: parecen apuntar en la misma dirección. Fue esta observación la que llevó a astrofísicos del Instituto Tecnológico de California (Caltech) en Pasadena, a predecir en 2016 la existencia del noveno planeta.

Para que estos TNO estén alineados en las órbitas que actualmente ocupan debido a la influencia del hipotético planeta, este debería haber estado en el Sistema Solar durante más de mil millones de años. Sin embargo, durante un tiempo tan largo, algunos de estos objetos podrían haber sido aplastados por otro planeta, arrojados al Sol o rebotados en el espacio por la fuerza gravitacional de otros mundos.

Juliette Becker y su equipo del Departamento de Astronomía de la UA, realizó un gran conjunto de simulaciones por computadora y llegó a dos conclusiones ilusionantes. Primero, los investigadores establecieron una versión del Planeta 9 que probablemente causaría que nuestro Sistema Solar se vea como lo hace actualmente, al evitar que los TNO sean destruidos o expulsados del Sistema Solar. Segundo, las simulaciones predicen que hay un proceso que ellos llaman «salto de resonancia» por el cual un TNO salta entre órbitas estables. Este proceso puede evitar que sea expulsado del Sistema Solar.

Un empujón de Neptuno

En cada simulación individual, los investigadores probaron diferentes versiones del Planeta 9 para ver si una de ellas, con sus fuerzas gravitacionales, daba como resultado el mismo escenario del Sistema Solar que vemos hoy. «A partir de ese conjunto de simulaciones, descubrimos que existen versiones preferidas del Planeta 9 que hacen que los TNO permanezcan estables por más tiempo, por lo que básicamente aumenta la probabilidad de que nuestro Sistema Solar exista como lo hace», dice Becker. «A través de estas simulaciones por computadora, pudimos determinar qué realización del Planeta 9 crea nuestro Sistema Solar, si es que de verdad existe».

El grupo también examinó la resonancia de los TNO con el Planeta 9. Una resonancia orbital ocurre cuando los objetos en un sistema ejercen periódicamente fuerzas gravitacionales entre sí que hacen que se alineen en un patrón. En este caso, los investigadores descubrieron que, ocasionalmente, Neptuno sacaría a uno de esos objetos de su resonancia orbital, pero en vez de enviarlo hacia al Sol, lo expulsa del Sistema Sol o lo envía hacia otro planeta, que lo atrapa y lo confina en una resonancia diferente.

«El objetivo final sería ver directamente al Planeta 9: tomar un telescopio, apuntarlo al cielo y ver la luz reflejada del Sol que rebota en el planeta», afirma Becker. «Dado que aún no hemos podido encontrarlo, a pesar de que mucha gente lo busca, estamos atrapados con este tipo de métodos indirectos».

Los astrónomos también tienen otro TNO recién descubierto que tiene una alta inclinación orbital (54º) en comparación con el plano del Sistema Solar. En un análisis de este nuevo objeto, Becker y su equipo descubrieron que también experimenta saltos de resonancia en presencia del supuesto Planeta 9, lo que demuestra, según ellos, que este fenómeno se extiende a órbitas aún más inusuales.

 J. DE J.

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