La Bolsa de Tokio rubricó la racha alcista más larga de su historia gracias a su decimoquinta subida consecutiva.





La Bolsa de Tokio rubricó la racha alcista más larga de su historia gracias a su decimoquinta subida consecutiva, motivada por la victoria de la coalición gobernante que lidera el primer ministro, Shinzo Abe, en las elecciones generales del domingo.

El referencial Nikkei cerró con un avance, en este caso de 239,01 puntos, un 1,11 por ciento, y quedó así en 21.696,65 unidades, certificando su lapso de ganancias más largo desde que el índice que agrupa a los 225 mayores valores bursátiles de Japón comenzó a calcularse desde 1949.

La aplastante victoria de Abe ha supuesto el remate perfecto para la consecución de este récord después de la excelente trayectoria ascendente que ha experimentado el Nikkei desde principios de septiembre animado por Wall Street y por la debilidad del yen frente al dólar, lo que favorece a los gigantes del sector manufacturero.

Esta trayectoria ha llevado a cerrar hoy además al selectivo en su mejor nivel desde julio de 1996 y pone a tiro los 22.666 puntos, la cota máxima alcanzada aquel año cuando Japón comenzaba por fin a sacudirse los efectos del estallido de la burbuja de activos que había hundido la Bolsa de Tokio a principios de esa misma década.

Los últimos recuentos indican que el conservador Partido Liberal Demócrata (PLD) del jefe de Gobierno y su socio budista Komeito han lograron revalidar en la víspera su amplia mayoría, superior a los dos tercios de la Cámara Baja de la Dieta (Parlamento).

Este triunfo de Abe -encaminado a convertirse en el primer ministro nipón que más ha durado en el cargo desde la Segunda Guerra Mundial- supone para el parqué tokiota un mensaje de estabilidad política y fiscal en lo que respecta a la tercera economía mundial.

Y es que el resultado le otorga legitimidad al primer ministro para aplicar el incremento del impuesto sobre el consumo previsto para 2019, una medida tremendamente impopular en Japón pero necesaria para sanear su abultada deuda y para mantener a flote su sistema de seguridad social.

Pero ante todo, la victoria de Abe sirve para ratificar que el flujo de estímulo monetario masivo por el que apuesta su Gobierno seguirá de momento su curso.

Basta recordar que a lomos del llamado “Abenomics”, nombre que recibe el programa de reforma económica del primer ministro, el Nikkei se ha disparado en los últimos cinco años.

Desde que el Banco de Japón (BoJ) decidiera en 2013 atajar casi dos décadas de deflación mediante un programa mastodóntico de compra de activos que inundó de liquidez el mercado, el principal indicador de la Bolsa de Tokio literalmente ha duplicado su valor (la escalada desde enero de 2013 ha sido de un 103 por ciento).

Y al final ha sido precisamente la apuesta los inversores de la plaza nipona por una nueva victoria de Abe la que le ha brindando al Nikkei el impulso necesario para completar sus últimas 15 subidas.

Los analistas creen que ahora la pelota está en el tejado de los inversores extranjeros, que fueron vendedores en 2016, de cara a lograr mayores subidas en la Bolsa de Tokio.

Muchos consideran que su apetito por las compras se reactivará si los resultados financieros de los grandes valores para el trimestre julio-septiembre, que cierra la primera mitad del ejercicio fiscal nipón, son positivos.

También, si la divisa nipona continúa abarantándose frente al dólar, algo que sucedió hoy a raíz de la victoria de Abe y que rebajó el precio del yen en torno a un 0,5 por ciento durante la negociación en Tokio.

El verde queda así en torno a los 114 yenes por unidad, su mayor nivel en tres meses.

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