Después de su brutal asesinato, Elizabeth Short, una joven aspirante a actriz de solo 22 años, se convertiría en el cadáver más famoso de Estados Unidos en los primeros días de 1945

La «Dalia Negra», el macabro asesinato de los años 40 que nunca se resolvió
Escena de la película La Dalia Negra (Brian de la Palma 2006)

Durante la investigación del brutal homicidio, la propia policía manipuló e hizo desaparecer cada una de las pruebas para proteger a médicos que practicaban abortos ilegales

Después de su brutal asesinato, Elizabeth Short, una joven aspirante a actriz de solo 22 años, se convertiría en el cadáver más famoso de Estados Unidos en losprimeros días de 1945; una ironía casi tan grotesca como la teatral escena del crimen.

Durante la mañana del 15 de enero de 1945, Betty Bersinger paseaba con su hija de tres años por Leimert Park, en Los Ángeles, cuando distinguió un cuerpo dividido en dos a escasos metros de ella. Al principio se imaginó que se trataba de un maniquí pero, para su desagradable sorpresa, estaba frente a la escena de uno de los asesinatos más escalofriantes de la época.

El cuerpo mutilado y sin vida de Elizabeth Short permitió asomar el lado más oscuro de la sociedad norteamericana. Los periodistas se convirtieron en carroñeros alrededor del cadáver, los ciudadanos se volverían devoradores de la falta de ética de la prensa amarillista, y la honorabilidad del Departamento de Policía de los Ángeles se vería comprometida al saberse corrupta con temas médicos que se conectaban con el caso de Elizabeth Short. Nadie cumpliría con su deber: ni como periodistas, ni como civiles ni como vigías de la seguridad y el orden público.

El morbo que despertó la sádica mutilación a la que fue sometida Elizabeth Short, alimentó la imaginación enfermiza del público y mantuvo vivo un interés nauseabundo. Igualmente la falta de sensibilidad ante el espeluznante caso permitió a la industrialiteraria, cinematográfica y de entretenimiento lucrarse con uno de los crímenes sin resolver más violentos del siglo XX.
La peligrosa búsqueda del «sueño americano»

Los Short vivían felices y en la abundancia, en una acomodada residencia en Hyde Park en Massachussetts. Sin embargo, a partir de la década de los 30 el negocio familiar se iría a la quiebra durante la Gran Depresión. El padre de Beth, Cleo, estaba desesperado y lo suficientemente desmotivado para volarse los sesos. No obstante, al final preferió seguir con su vida, pero lejos de su chicas.

Durante la época más sórdida para los norteamericanos, esta señora, sin ningún dólar en el bolsillo, se armaría de valor y esperanza para sacar a sus cinco pequeñas adelante, pues el el señor Short las había abandonado sin dar explicaciones. Un hombre, sumamento frío e infeliz que privaría a sus hijas de la protección de un padre y que actuaría con una incomprensible indiferencia cuando posteriormente se negaría a reconocer el cadáver de Beth.

A pesar de naufragar en la pobreza, Phoebe seguía aferrada a un pasado que nunca volvería: la abundancia. Por esta razón, inyectaría en sus hijas grandes ambiciones económicas, especialmente en Elizabeth.

Elizabeth Short

Según afirmaban sus amistades, y posteriormente confirmaría uno de los detectives a cargo del caso, Beth gastaba compulsivamente en ropa y maquillaje, todo con la esperanza de ser vista y rescatada de su realidad trabajadora y con el fin de que alguien la apadrinara en el camino del«sueño americano».

Pero la culpa la tenían esas películas de los años 30, a las que acudía con la menor de sus hermanas, para llenarase la cabeza de fantasías y añorando ese «mundo fantástico» que parecía envolver a las estrellas ya consolidadas.

Beth adoraba el dinero, y por esta razón regalaría su tiempo a gente sumamente peligrosa a cambio de ayuda económica y paseos de moda por lugares caros y emblemáticos de Los Ángeles. Durante 1946, conocería a un hombre llamado George Hodel, un joven rico y poderoso, quien la solventaría en muchas ocasiones.

La investigación imposible

Todos decían ser el asesino, o estar intimamente relacionados con él. El crimen prometía rescatar del aburrimiento a muchos morbosos. Sin embargo, cada uno de los detectives durante al menos tres se vieron entorpecidos en su labor a causa de la infiltración periodística, los falsos testigos y la manipulación de pruebas.

Steven Hodel, un detective del Departamento de Policía de los Ángeles activo desde 1963 a 1984, reabrió el caso tras encontrar contenido sospechoso entre las viejas pertenecias de su padre (George Hodel). Las dos fotografías halladas en un álbum personal, fruto de su habilidad con la cámara, mostraban a Elizabeth Short desnuda y sonriente. Ante este hecho, su propio hijo iniciaría la investigación en su contra.

El sospechoso era un médico cirujano rico y poderoso y consecuentemente con muchos amigos en el Departamento de Policía de Los Ángeles. Sin embargo, el sentido de justicia de Steven le impidió pasar por alto la prueba y a su progenitor. De esta manera, 16 años después del asesinato, se entregaría fervientemente a la búsqueda de la verdad.

Según su investigación recogida en su libro «Black Dahlia Avenger: A genius for Muder: The true story», logró resolver el caso. En la obra asegura que su padre mató y torturó a la joven, como también le atribuye la culpabilidad de otro escalofriante crimen dos años después:Jeanne French, «el asesinato del pintalabios rojo».

No obstante el detective nunca pudo llevar a su padre a los tribunales. En el reporte final se indicó que los miembros del jurado sentían que el Departamento de Policía de los Ángeles, no realizaron una completa investigación, así como pruebas cruciales fueron pasadas por alto.

Crimen pasional

Beth y Hodel se conocieron en 1946. Él estaba fascinado con la belleza de la joven, y ella con los favores «incondicionales» de su amigo. Beth mantenía un compromiso con un soldado, aunque el chico murió, ella no vería a George como «el hombre». No obstante, se dejaría ayudar económicamente y envolver en el lujoso mundo al que la llevaba a pasear.

Él sabía que no era correspondido, pero aún asi se empeñaba en complacerla. Poco después le propondría matrimonio y Short, por no herir los sentimientos del doctor, le dijo que se lo pensaría. «Un peor remedio que la enfermedad» pues sin querer alimentaría las esperanzas y la imaginación de un hombre que «no sabía perder»como así lo aseguró su hijo, el detective.

La chica que buscaba abrirse camino en Hollywood, posiblemente estaba mendigando contactos y, muy probablemente se sentía obligada a responder con su compañía. Esto probablemente motivó un crimen pasional, donde los celos sobrepasarían a la imaginación más inhumana.

La hipótesis del detective se sustentó en la declaración de un taxista el 29 de diciembre de 1946 a las 7.30 h. de la tarde. Él conductor había confiado que una mujer descalza y con las rodillas ensangrentadas se presentó aterrada e histérica en la parada número 15 de North Garfield Avenue. Había dicho que un hombre bien vestido y conocido la atacó. Con esa descripción todo apuntaba a su padre.

Tal vez George y Beth tuviesen una acalorada discusión en la cual a él le superarían sus instintos infrahumanos, donde quiso acribillarla sin éxito, pues ella lograría escapar.

Durante las tres semanas siguientes, las personas con las que vivía Beth aseguraban que la joven estaba muy angustiada, y con un miedo inexplicable, siempre vigilante en la ventana, como si se escondiera de alguien.

A lo largo de la investigación, el detective pudo rescatar una de las notas anónimas enviadas al diario local Los Angeles Examiner el 26 de enero de 1947. La caligrafía después de enviarsela a una especialista pudo relacionarla con el doctor Hodel.

La desaparición de pruebas

Casi al final de su investigación, el destino cruzaría su camino con Walter Morgan (a quien le transfirieron los casos del Jeanner French y Elizabeth Short en el 49), ambos coincidirían en la culpabilidad de Hodel.

Morgan y su compañero Frank Jemison se percataron de que dentro del cuerpo policial, existían cómplices de asesinato. Las pruebas que relacionaban ambos casos habían desaparecido y las que quedaban fueron manipuladas.

El «modus operandi» del autor vinculó el asesinato de Short con el de Jeanner. Las laceraciones en los rostros de las víctimas llevaban a la misma dirección: un médico. Sin embargo, los dos detectives ante la desaparecida evidencia no podían acusar a Holde.

Sin embargo, la sucia corrupción en la que se vio envuelto el Departamento de Policía de los Ángeles -a causa de la práctica ilegal de abortos durante la década de los 40- les hizo proteger a unos cuantos cirujanos a cambio de retribuciones económicas entre otros favores. Había mucho que perder si alguien sentía amenazada su libertdad, pues un sólo médico podía arrastrar consigo a toda una red de policías que en su día también faltaron a la ley.

Un macabro espectáculo

Todos eran responsables de velar por la dignidad del cuerpo sin vida de Elizabeth Short. Sin embargo, la forma en que fueron hallados los restos despertaría una abominable curiosidad.
Elizabeth Short-

La última imagen que tendría el mundo de Beth, no correspondía a la de un ser humano que tenía padre, madre e ilusiones. Había dejado de ser Beth para convertirse en «el cadáver». El cuerpo había sido abandonado durante la madrugada en un descampado de Leimert Park, entre las calles Coliseum y West 39th. Elizabeth yacía fría, sola y vulnerable frente a la mirada humillante de forenses, periodistas, policías y vecinos.

Los ojos azules de Beth miraban al cielo con una falsa sonrisa lacerada, le habían rajado de un extremo a otro las comisuras de los labios simulando una maquiavélica sonrisa de payaso. Su pelo se perdía entre la hierba y sus manos meticulosamente colocadas sobre la cabeza. La postura de su torso parecía estar inspirada en una conocida obra del fotógrafo estadounidense Ray Man , « El Minotauro», con el pecho desnudo, y los codos doblados en angulo recto. Su expresión «post mortem» fue fruto de la mente retorcida del asesino. Le extirparon el corazón, un brazo y las vísceras de su cuerpo diseccionado en dos a la altura del ombligo.

Sobre su piel desvestida podía conocerse toda su lucha por sobrevivir a la eternidad del dolor y a esa angustia insoportable cara a cara con su verdugo, durante al menos 72 horas en estado consciente. El equipo forense había asegurado que la joven fue objeto de severas mutilaciones en vida:quemaduras de cigarrillo, laceraciones y golpes.

Minotauro de Ray Man-Tumblr

Beth murió desangrada por el corte profundo que le hicieron de oreja a oreja sumado a la conmoción cerebral.

Aún después de muerta fue humillada y maltratada. El asesinato parecía algo personal, hecho por alguien con muchas ansias de desvalijarla de su dignidad y condición humana. «La bestia» podía decirse que logró su cometido: todos dejarían de ejercer la virtud de ser civiles para transformarse en espectadores de su «macabra obra».

La Dalia Negra

Película La Dalia Negra (Brian de la Palma 2006)

Los registros dactilares permitieron identificar aquel cuerpo irreconocible. Esto no hubiera sido posible si Beth no hubiera trabajado en la cantina del cuartel de Camp Cook- durante la Segunda Guerra Mundial-, además de haber sido detenida en estado de embriaguez siendo menor de edad.

Rápidamente la prensa obtuvo porfiltración policial su nombre como detalles íntimos de su vida. Se lucrarían con titulares denigrantes. Parecía que aquellos buitres estaban justificando un asesinato con cada una de las escabrosas publicaciones sobre la señorita Short. No podían dejarla en paz, necesitaban seguir manteniendo vivo aquel tétrico escenario.

De este asesinato nacería un cliché: la Dalia Negra, un jugoso personaje para la industria del cine, de la literatura y del entretenimiento. El sensacionalismo de los diarios locales «Los Angeles Hearld-Express» y «Los Angeles Hearld-Examiner» había sobrepasado los límites de la vergüenza. El desasosiego de su madre y la memoria de la víctima no iban de la mano ni con la fiebre mediática ni el consumo deshumanizado.

Un cliché «noire»

Durante el fervor del género cinematográfico del cine negro, el asesinato de la joven se prestó para alumbrar violentamente a un nuevo personaje, la Dalia Negra, que estaría en boca de todos. Los periodistas de esos diarios locales le arrebatarían el descanso eterno con la nueva estrella del género «noire».

Amigos, familiares y conocidos afirmaban que Beth era una inocentona que buscaba cumplir su «sueño americano» para convertirse en una gran actriz en la época dorada del cine norteamericano. Mary Pacios, íntima amiga de Short, lo relató en la biografía que escribió de la joven «Childhood Shadows: The Hidden Story of the Black Dahlia Murder».

La prensa amarillista se encargó de desenterrar su pasado para deformarlo. Sin embargo, la miseria y el machismo al que se vio sometida la aspirante a actriz durante el arduo camino a la fama, fue utilizado en su contra para convertirla en una mujer de dudosa moralidad que deambuleaba por Hollywood Boulevard, y con ello justificar su trágico destino.

Entradas populares