El actual presidente ecuatoriano debe hacer frente no sólo al regreso de el expresidente Rafael Correa, sino tambíen a los casos de corrupción y la delicada situación económica si desea afianzarse con el poder.








Los tres frentes abiertos de Lenín Moreno en Ecuador

Quito.- Lenín Moreno tiene tres frentes abiertos, tres enemigos a batir si quiere afianzarse en el poder en Ecuador: el expresidente Rafael Correa, que volverá al país para disputarle el control del movimiento oficialista, la corrupción y la delicada situación económica.

Este sábado de madrugada, cuatro meses y medio después de mudarse a Bélgica con su familia, el socialista Correa vuelve a Ecuador para combatir, según él, la traición de su sucesor y exaliado Moreno, destacó AFP.

Las diferencias entre ambos, que empezaron con un cruce de críticas, insultos y reproches a poco de asumir Moreno el pasado 24 de mayo, son ya irreconciliables y han provocado la ruptura de facto de Alianza País, el poderoso movimiento en el poder desde 2007 y mayoritario en la Asamblea Nacional, ahora dividido en 'morenistas' y 'correístas'.

Ambos bandos han nombrado sus presidentes y sus directivas del partido, y los 'correístas' han convocado a una convención nacional el próximo 3 de diciembre, a la que asistirá Correa, desconocida por los 'morenistas'.

Hasta ahora ninguna de las dos facciones se ha divido.

"La llegada de Correa definirá la situación en Alianza País. Los dos están buscando quedarse con la marca. El que se quede con la marca desplazará al otro, que tendrá que fundar otro partido. La ruptura es tan fuerte que es imposible que coexistan", explica el politólogo Simón Pachano, de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO).

Pero a Moreno no le bastaría con quedarse con el partido para noquear a su adversario, convertido en el principal opositor.

También necesita salir victorioso de la consulta popular, todavía sin fecha, convocada por él mismo para eliminar la reelección indefinida aprobada por Correa y reestructurar el órgano creado por el exmandatario para designar autoridades de control.

Moreno, vicepresidente de Correa entre 2007 y 2013 y una de las piezas clave en la implementación de la llamada 'revolución ciudadana' en Ecuador, llegó al poder tras una dura campaña en la que el oficialismo enfrentó numerosas denuncias de corrupción por parte de la oposición.

Al asumir, Moreno prometió una "cirugía mayor contra los corruptos de ahora y de siempre", y pronto creó una comisión anticorrupción, la cual fue muy criticada por Correa, para esclarecer varios casos, algunos con funcionarios del gobierno anterior implicados.

La prisión preventiva y el juicio iniciado este viernes contra el vicepresidente Jorge Glas, el gran aliado de Correa, por el caso de los millonarios sobornos de la constructora brasileña Odebrecht disparó su popularidad.

Pero desató la ira de los 'correístas', que le acusan de seguir los dictados de la oposición para, en nombre de la lucha contra la corrupción, desprestigiar el legado del exmandatario.


"La corrupción era un tema muy importante para Moreno. Si no actuaba ante tanta denuncia, el desprestigio y la pérdida de credibilidad le habrían ganado. Estaba obligado a cumplir su promesa, y el pez grande ahí era Glas", explica el politólogo Felipe Burbano.

Analistas advierten que los mayores problemas de gobernabilidad que podría enfrentar Moreno en los próximos meses vendrán más por el lado económico que por el político.

El mandatario se hizo con las riendas de este pequeño país petrolero en la época de las vacas flacas, cuando ya el precio del barril, sostén de la modernización impulsada por Correa, llevaba años de desplome y el endeudamiento se había disparado para sostener el creciente gasto público.

Tras acusar a Correa de derroche y de haberle dejado un país sumamente endeudado, con un déficit fiscal cercano al 5% del PIB, Moreno anunció la reestructuración de los contratos petroleros para generar más divisas y un proyecto económico urgente para recaudar 1.600 millones de dólares con nuevos impuestos al sector privado, sin afectar "a los más pobres".

En paralelo, su gobierno aumentó el endeudamiento, al colocar bonos por valor de 4.500 millones de dólares en dos emisiones en seis meses.

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