El Evento Carrington es el nombre que recibe una potente tormenta solar que se produjo entre el 1 y 2 de septiembre de 1859.


Foto vía @alex_riveiro


Vamos a hablar de un fenómeno  que llamamos el Evento Carrington, que sucedió en 1859... En su momento no tuvo muchas consecuencias, pero si sucediese en la actualidad, el panorama podría ser muy diferente... y mucho más complicado...




El Evento Carrington es el nombre que recibe una potente tormenta solar que se produjo entre el 1 y 2 de septiembre de 1859. Recibe el nombre por Richard Carrington, un astrónomo británico que estudió el Sol durante aquellos años.

Las tormentas solares no nos son desconocidas. Es el nombre que damos a los efectos en la Tierra provocados por la actividad del Sol. Que, de manera resumida (hablaré del Sol en otra ocasión) podemos dividir en llamaradas solares, como en la imagen, y eyecciones de masa coronal.

Las eyecciones de masa coronal suelen seguir a las llamaradas solares y son, básicamente, enormes cantidades de plasma y radiación electromagnética expulsadas al espacio. Es un fenómeno muy frecuente, que forma parte de la vida normal del Sol. No se trata de algo excepcional.




Y todo esto está asociado generalmente, como quizá sepas, con las manchas solares, que son regiones algo más oscuras del Sol, que aparecen de forma temporal. Tienen una temperatura más baja porque se concentran las líneas del campo magnético en ellas, impidiendo la convección

Una tormenta solar tiene tres fases. Esas lineas magnéticas del Sol se pueden mezclar en la atmósfera de nuestra estrella. En un instante, todo ese jaleo de campos magnéticos se reorganiza y se provoca la emisión de la llamarada y de la eyección de masa coronal.

La primera fase sucede antes de la eyección en sí, es la fase precursora, que destaca por presentar una gran emisión de rayos X. Después viene la fase impulsiva, en la que esos protones y electrones son acelerados desde la superficie del Sol, y finalmente, la fase de decaímiento.

En esa última fase, como en la precursora, hay una gran emisión de rayos X. Todo este conjunto puede durar desde solo unos segundos a más de una hora. Y las partículas expulsadas al espacio pueden tardar entre horas y días en llegar a nuestro planeta.

Pero vayámonos hasta 1859, a aquella Inglaterra victoriana, azotada por el cólera y el trabajo infantil. A la mañana del jueves 1 de septiembre, cuando Richard Carrington observó el Sol con su telescopio y vio una gigantesca mancha solar. Algo realmente monstruoso.

Le impresionó tanto, que lo dibujó en un papel (en la imagen). Mientras continuaba con sus observaciones, vio cómo aquella región se iluminaba delante de sus propios ojos, convirtiéndose en una gran llamarada blanca, que solo tardó un minuto en desaparecer.

Apenas tuvieron que pasar unos minutos para que la Tierra comenzase a sentir los efectos de aquella llamarada. Se desencadenó una actividad de auroras muy intensa, y que no estaban limitadas a las regiones cercanas a los polos, si no que eran visibles mucho más allá.

Las auroras fueron visibles en prácticamente todo el planeta, llegando tan cerca del ecuador que su observación fue registrada incluso en Colombia. Hay varias anécdotas y relatos de aquella época que vale la pena rescatar, porque me parecen realmente interesantes.

Estas auroras fueron, en muchas latitudes, mucho más brillantes de lo normal. Tanto es así que, en las Montañas Rocosas, el intenso brillo de la aurora provocó que los mineros de oro se despertasen y comenzasen a preparar el desayuno, pensando que había amanecido.

En el noreste de Estados Unidos, y muchos lugares de Europa, el brillo fue tan intenso que permitía leer un periódico a la luz de la aurora. Un periódico de Baltimore recogía, al día siguiente, lo sucedido, y deja entrever que el fenómeno fue fascinante para nuestros antepasados

Un fragmento dice así: "Aquellos que estaban fuera (en la calle) a última hora del jueves, tuvieron la oportunidad de ver otra magnífica demostración de las luces de la aurora. El fenómeno fue muy similar al visto en la noche del domingo aunque la luz era, en ocasiones, ->

si es que era posible, incluso más brillante y los tonos prismáticos mas variados y espectaculares. La luz parecía cubrir todo el firmamento, aparentemente como una nube luminosa, a través de la que brillaban las estrellas de mayor magnitud. La luz era más intensa ->

que el brillo de la luna llena, pero tenía una suavidad y delicadeza indescriptible que parecía envolver todo. Entre las 12 y la 1, con el máximo brillo, las tranquilas calles de la ciudad, descansando bajo esta extraña luz, tenían una apariencia tan bella como singular."

Hubo otras menciones, el Diario de Menorca lo recogía así: "Anteayer a hora avanzada de la noche vio una persona fidedigna dos auroras boreales, que si bien eran más diminutas que la que vimos años atrás no dejaron de causar un efecto maravilloso".





Y, según Wikipedia (porque yo reconozco que aquí solo logro leer los meses), este es el registro de la observación de las auroras en Colombia, que también fueron visibles en lugares como Madrid, La Habana, Roma...





En definitiva, la parte visual del Evento Carrington fue un espectáculo, y sospecho que la gente de las latitudes más cercanas al ecuador, donde las auroras no abundan, debieron hablar de ello durante días Este magnetograma, de Londres, muestra la medición durante el evento.

Pero aquellas auroras fueron solo una parte de las consecuencias del Evento Carrington, hubo otra mucho más tangible. En aquellos años comenzaban a instalarse las primeras redes eléctricas y líneas de telégrrafo. A causa de aquella tormenta, se sobrecargaron.

Circulaba demasiada electricidad por sus cables, y los operadores de algunos telégrafos llegaron a recibir descargas eléctricas de sus máquinas. El papel utilizado para los mensajes ardió y parece ser que gran parte del tendido eléctrico ardió a causa de la tormenta solar.

Cabe destacar que antes de esta tormenta se produjo otra tan solo unos días antes. Algo llamativo del Evento Carrington es que la tormenta tardó apenas 17 horas en llegar a la Tierra, mucho menos de las 60 horas habituales, y parece que se debería a una tormenta previa.

Algo que queda contrastado si tenemos en cuenta testimonios como el del Diario de Menorca, en el que se habla de una aurora observada el domingo anterior. Así que, con un espacio más "limpio", por decirlo así, la tormenta del 1-2 de septiembre pudo viajar mucho más rápido..

Por suerte para nosotros, en aquella época las consecuencias del Evento Carrington fueron poco serias. Sin embargo, nuestra sociedad ha avanzado mucho en estos 160 años. En aquella época no había mucho de lo que preocuparse, pero ahora la electrónica está por todas partes.

Nuestros satélites usan cables, nuestros hogares y negocios están conectados a la red eléctrica. Los aviones, ordenadores, coches, smartphones y un largo etcétera están dominados por la electrónica. Somos una sociedad muy dependiente de nuestra tecnología en muchos sentidos.

Y en 1989 ya tuvimos un pequeño adelanto de lo que podría suceder si una tormenta como la del Evento Carrington nos golpease en la actualidad. En aquel año, una tormenta solar, más floja, golpeó de lleno nuestro planeta. Las auroras boreales fueron visibles muy al sur.




En América, por lo que he leído, fueron observadas desde Cuba y Florida, mientras que en España fueron visibles desde Galicia, e imagino que todo el norte peninsular (Cantabria, País Vasco, Norte de Aragón y Cataluña...). Esto es solo una imagen de una aurora (no aquella).

La red eléctrica de Norteamérica tuvo que soportar una sobrecarga considerable durante varias horas. Quebec (en Canadá) no tuvo tanta suerte. La red de la provincia quedó inutilizada, dejando sin electricidad, durante unas doce horas, en pleno invierno canadiense, a la población.

Varios de los satélites en órbita de nuestro planeta también se desconectaron. El satélite de comunicaciones TDRS-1, de la NASA, por ejemplo, llegó a registrar 250 errores diferentes, en su funcionamiento, a lo largo de la tormenta. Y eso que no fue una de las más fuertes...



Porque quizá te estés preguntando... ¿puede suceder de nuevo una tormenta como la del Evento Carrington? Y la pregunta no es "puede", sino "cuando": Es más, ya ha sucedido. Fue en 2012, pero tuvimos la suerte de no estar en la trayectoria de la tormenta...

Aproximadamente, la Tierra se libró de estar en su camino por unos nueve días de diferencia. El planeta en sí no llegó a estar en su trayectoria, pero sí que llegó a afectar a STEREO-A, un observatorio solar que orbita lejos del planeta. Fue una tormenta de intensidad similar.

Tarde o temprano, nuestro planeta se verá golpeado por una tormenta así de potente. Las buenas noticias es que muchos astrónomos creen que, de media, este tipo de tormentas suceden solo dos veces por milenio. Así que quizá sea poco probable que pase en nuestras vidas...

Las malas noticias son que las consecuencias pueden ser muy serias. Lo que sucedió en Quebec en 1989 podría extenderse. Eso sí, es cierto que, según algunos estudios, todas las regiones cercanas a los ecuadores y latitudes medias (España incluida) estarían relativamente a salvo.

Pero que nuestras instalaciones eléctricas no ardiesen, no quiere decir que nos librásemos de las consecuencias. Nuestra tecnología se vería dañada y sería necesario realizar diversas reparaciones, tanto en superficie como a nuestros satélites en órbita.

Aquí es donde las cosas se vuelven un poco borrosas, porque hay lecturas y estudios para todos los gustos. Desde que los problemas apenas durarían unos días (o quizá semanas) y que las reparaciones serían costosas pero no prohibitivas, hasta un escenario más apocalíptico.

En el que se plantea que podríamos tardar entre 4 y 10 años en reconstruir la civilización, y que el coste de las reparaciones estaría en torno a los 6 billones de dólares (sí, billones europeos). Incluso en el escenario más optimista, las consecuencias se dejarían notar.

Por ejemplo, los satélites GPS, con toda probabilidad, quedarían completamente fuera de servicio (también es cierto que estos sistemas están cada vez mejor montados y preparados para hacer frente a cosas así), por lo que es posible que cosas como la navegación aérea ->

fuesen imposibles o estuviesen muy limitadas durante un tiempo. También podría afectar a la generación de electricidad en las regiones más septentrionales. Porque estas tormentas sobrecargan la red. De hecho, durante el Evento Carrington, algunos operadores de telégrafo ->

seguían pudiendo trabajar con sus máquinas a pesar de que las habían desconectado de la red eléctrica. En la actualidad, esa electricidad probablemente freiría muchos de nuestros aparatos. No es algo que tomarse a la ligera, y en estos años hemos visto que ->

el Sol tiene la capacidad de emitir llamaradas tan potentes como aquella. No veremos auroras cerca del ecuador, ni en lugares como España, pero nuestra sociedad seguirá funcionando. Así que, entre nosotros, esperemos que no pase en los próximos años...

Y si sucede... ¡paciencia! Como digo, con el tiempo parece que cada vez hay más conciencia en este sentido. En España, por ejemplo, ya se ha hecho algún estudio sobre qué consecuencias podría tener una tormenta solar en la península (se consideraron casi mínimas).

Y en otros lugares del mundo también se está prestando cada vez más atención a la actividad solar y sus consecuencias. En cualquier caso, una tormenta solar no sería algo que pueda acabar con nuestra civilización... aunque sí dar por saco unos días y dejarnos sin Internet :P

Alex Riveiro

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