Más de 300 muertos en un ataque en una mezquita del Sinaí egipcio

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Los terroristas colocaron artefactos explosivos de fabricación casera alrededor de la mezquita y los hicieron detonar a la salida de los fieles del rezo del viernes

Los gobiernos de Siria e Irak insisten en que están en la recta final en su guerra contra el grupo yihadista Daesh (Isis por sus siglas en inglés), pero el mensaje de los seguidores del califa ha calado hondo lejos del califato y el Sinaí egipcio volvió a confirmar que es uno de sus bastiones. Egipto vive el primero de los tres días de luto decretados por las autoridades despues de que al menos 300 personas perdieran la vida tras un ataque con explosivos y armas de fuego contra la mezquita de Al Rauda, situada en el distrito de Bear al Abd, en el extrarradio de Al Arish, al norte de una peninsula del Sinaí. La zona se ha convertido en una pesadilla para las autoridades de El Cairo, incapaces de frenar los ataques contra civiles y fuerzas de seguridad. A falta del comunicado oficial del califato para reivindicar la acción, los medios locales señalaron que el objetivo fue una mezquita de rito sufí, corriente del islam suní que los extremistas salafistas consideran herética y que ya ha sido objeto de más ataques de Daesh en el pasado reciente.

Este ataque fue más sangriento aún que el derribo del avión ruso de la compañía Metrojet, que causó 224 muertos en octubre de 2015, y demuestra que no hay líneas rojas para unos yihadistas que atentan por primera vez en el Sinaí en el interior de una mezquita. De nada ha servido que esta zona de Egipto se encontrara en estado de emergencia desde octubre de 2014, tras una emboscada reivindicada por los yihadistas en la que 33 militares murieron. El comando terrorista llegó en varios vehículos todoterreno hasta el templo. Uno o varios de ellos detonaron un explosivo –podría ser un suicida o varios– a la salida del rezo del viernes, día grande para los musulmanes, y despues rodearon la mezquita y ametrallaron de forma indiscrimanada a quienes trataban de escapar. También usaron lanzacohetes contra los fieles desarmados. No se libraron ni las decenas de ambulancias que acudieron al auxilio de las víctimas, que tambien fueron ametralladas, según revelaron testigos desde el lugar de los hechos.

Las imágenes ofrecidas por las televisones egipcias mostraban decenas de cuerpos tirados dentro y fuera de la mezquita, escenas terribles que llevaron al presidente, Abdel Fatah al Sisi, a clamar venganza. El dirigente no ha sido capaz ni de reconducir la maltrecha economía del país, ni mucho menos de frenar la oleada de atentados, cuyo epicentro se sitúa en el Sinaí, y el malestar es creciente entre la población. En un discurso ante las cámaras de la televisión nacional aseguró que las Fuerzas Armadas y la Policía «se van a vengar por nuestros hijos para recuperar la estabilidad y vamos a responder a este acto con una fuerza brutal». Hasta el momento el uso de la vía militar no ha sido suficiente para hacer frente a la amenaza yihadista. Las autoridades anunciaron tambien medidas de urgencia como el pago de indemnizaciones por valor de 200.000 libras egipcias (unos 10.600 euros) a las familias de las víctimas mortales y de 50.000 libras (unos 2.400 euros) para los heridos.

Las Fuerzas Armadas lanzaron una primera operación para intentar capturar a los culpables del ataque e informaron de operaciones aéreas contra posiciones yihadistas. Analistas como Amr Kalifa, recordaron en las redes sociales que «desde 2014 insistimos en que los que ocurre en Sinaí es un problema enorme, un levantamiento insurgente y no una guerra convencional, pero en El Cairo nadie escucha y ofrecen siempre las mismas soluciones militares».

Aunque Al Sisi lamentó que «Egipto afronta el terrorismo solo, en nombre de la región y de todo el mundo», las muestras de apoyo internacional fueron inmediatas. El presidente de Estados Unidos, país aliado militar de Egipto, Donald Trump, lamentó en su cuenta de Twitter el «horrible y cobarde ataque terrorista contra fieles inocentes e indefensos en Egipto». Su homólogo ruso, Vladmir Putin, uno de los principales aliados del Gobierno de Damasco en la lucha contra el yihadismo, también condenó lo ocurrido, como lo hizo la Liga Árabe, la Unión Europea o el vecino Israel, que iluminó un edificio de Tel Aviv con los colores de la bandera egipcia.
MIKEL AYESTARAN

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